El caminante que rescata las casas porteñas más curiosas: el impulso que le dio el coronavirus y el barrio que tiene pendiente

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Pablo G. Fernández empezó en 2020 a recorrer la ciudad en busca de fachadas de casas y edificios

El paseante sin rumbo, el que convierte la ciudad en escenario y en refugio, fue bautizado en el siglo XIX como flâneur. La palabra, nacida en francés, define a ese observador que se desliza entre la multitud, abriéndose paso sin otro objetivo que el de mirar, y dejarse transformar por lo que encuentra. Charles Baudelaire fue quien, en sus poemas y ensayos, dio forma literaria a este personaje: un “artista-poeta” de la vida urbana, alguien que se funde en el flujo de la ciudad y hace de la calle su propio laboratorio estético.

El flâneur explora con mirada atenta y paso errante, pero jamás indiferente. Su andar es un acto de contemplación y una declaración de independencia. “La multitud es su elemento, como el aire para los pájaros y el agua para los peces”, escribió Baudelaire.

La figura inspiró a pensadores como Walter Benjamin, que lo interpretó como un producto de la modernidad y la alienación urbana. Benjamin veía en el flâneur a un detective aficionado, un investigador de la metrópoli, alguien capaz de decodificar la vida moderna solo con deambular y mirar.

Pablo G. Fernández reeditará su libro con una selección de 110 fachadas porteñas

El caminante porteño

En las calles de Buenos Aires, la posibilidad de ser flâneur cobra matices propios. Las veredas anchas de Avenida de Mayo, los pasajes secretos de San Telmo, los contrastes de Once y la vitalidad de Corrientes ofrecen un espacio fértil para quien decide caminar sin prisa, dejarse llevar y perderse en la multitud. El espíritu del flâneur sobrevive en quien se anima a mirar la ciudad sin buscar nada, dispuesto a que la sorpresa y el asombro guíen sus pasos.

Pablo recorre los barrios en busca de joyas arquitectónicasLas puertas otras de las búsquedas de Pablo en sus recorridas porteñas

Algo de ese espíritu del escritor francés es el que retoma Pablo G. Fernández en su caminata por la Ciudad. Su objetivo es retratar fachadas de casas. Dar cuenta de los estilos de las viviendas que aún quedan en Buenos Aires y resisten en avance de los edificios uniformes.

Todo empezó apenas pudo salir por las calles de Buenos Aires tras la cuarentena por la pandemia de coronavirus. “Primero empezó como una forma de poder salir de mi casa. Creé mi Instagram (@pablofe70, que ya cuenta con más de cien mil seguidores) y me propuse subir una foto por día de una fachada”, explica Pablo en diálogo con Infobae.

“Para mí, en principio, era una forma de desconexión de todo lo que estaba pasando con la cuarentena y el coronavirus – sostiene Pablo, al recordar sus inicios-. Esos primeros recorridos eran con la excusa de poder salir de mi casa”.

El libro de Pablo será reeditado en marzo con unas 110 fotografíasUna esquina en el barrio de Devoto que simula ser un barco encallado

Las primeras fotos las hizo mientras cubría el trayecto entre los barrios de Almagro y Balvanera para poder ver en ese momento a su novia. “No soy fotógrafo ni arquitecto. Lo que hice y que me dio mucho placer es agudizar la mirada y posarla sobre lugares que quizás muchos porteños no se posan en forma cotidiana”, cuenta Fernández.

De las redes al libro

Su cuenta de Instagram. Pablo pudo cumplir con creces su objetivo de una foto por día. Así, el material pasó de las redes sociales a formato libro. En ese caso el desafío fue pasar de las miles de fotografías a 110 registros de “Buenos Aires revelada”. El texto fue publicado por la Editorial Oliva y tendrá una segunda edición en marzo. Siempre con el asesoramiento de la arquitecta Mariana Quiroga.

Para esta nota de Infobae, Pablo seleccionó lo que él llama su topten más algunas otras fachadas que le parecen curiosas. “Lo que tiene Buenos Aires es mucha diversidad en cuanto a las construcciones -explica Fernández-. Nos alimentamos de muchas tradiciones europeas de inmigrantes. Desde italianos, españoles hasta alemanes y franceses”.

En los registros, Pablo publica la dirección de la casa, busca y chequea información para que los lectores tengan datos, además de la foto. “Quizás alguno se anima y va a ver la casa y a tomar su registro propio”, dice Fernández. Para la nueva edición que sale en marzo, hay tres casas que ya fueron derrumbadas y se convertirán en edificios.

Otra esquina de Buenos Aires que llamó la atención de Pablo

Un archivo en movimiento

De esa manera, el Instagram y el libro de Pablo funcionan como un archivo de la Buenos Aires que va dejando de existir. “Me escribe mucha gente con historias de las fotos que subo. En general, activa la nostalgia y el recuerdo de muchos porteños -cuenta Pablo-. También, es una forma de documentar la existencia de esas edificaciones antes que se conviertan en edificios nuevos.”

Pablo no cree en “la ciudad museo”. Entiende que puede haber nuevas construcciones. Al mismo tiempo, Fernández sostiene que “los cambios tienen que permitir un acceso más equitativo a la vivienda de los porteños. Y, además, se debe proteger lo que se considera patrimonio urbanístico. No muchas veces sucede”.

De los barrios porteños, Pablo asume a Pompeya como una deuda pendiente. “Todavía me falta ir a recorrer esa zona – sostiene el flâneur-. En general, los barrios del sur y los más alejados del centro aún se mantiene cierto tupo de construcción de comienzos o mediados del siglo XX.»

Un chalet porteño que parece que llegó volando desde Mar del Plata

La rutina del flâneur

Cada caminata por un barrio le demanda un par de horas en las que Pablo se detiene cada vez que lo cree necesario. “Son unas 20 o 30 cuadras. Voy con algún dato especial, pero después mi idea es perderme por la zona. Ahí es donde encuentro verdaderos tesoros arquitectónicos”, explica Fernández.

En algunos casos ya lo acompaña su pareja. “Me pide que vayamos a barrios en los que al menos pueda tomar un café. Con el tiempo se fue enganchando y ella ya me marca a mí alguna casa o edificio al que le tengo que sacar la foto”, cuenta Pablo.

Al alejarse de la esquina, el flâneur porteño sabe que ninguna caminata es igual a la anterior. Cada jornada deja un rastro distinto. Pablo no busca respuestas, solo acumula escenas y rostros que se mezclan en la memoria como si fueran parte de una novela interminable.

En una ciudad que nunca se detiene, la pausa del flâneur es una forma de resistencia. Mientras la multitud apura el paso, él se demora en un detalle, se detiene en una casa, se pierde a propósito. Y así, en ese andar sin destino, convierte a Buenos Aires en un territorio siempre nuevo y por descubrir.