Locos por el fútbol: con 60, 70 y hasta 80 años, no se pierden los picados ni los campeonatos del Club GEBA

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Nueva longevidad: el club GEBA agrega cada vez más categorías a su campeonato de fútbol

No hay nada que hacer: lo de la nueva longevidad es un hecho. Una realidad que se refleja en muchos planos. El deporte es uno de ellos. Por caso, en los campeonatos del club GEBA (Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires), con el correr del tiempo, se fueron creando nuevas categorías en el fútbol. Más treinta y cinco, más cuarenta y cinco, más cincuenta y cinco y ahora va a haber una más sesenta y tres. Estos últimos son los que se reúnen a jugar un picado todos los martes a la tarde. Pero además integran varios equipos que compiten en el campeonato.

— ¿Estas categorías se fueron creando con el tiempo?

— Claro. Eso es extraordinario —responde Ricardo Corral, que recibe a Infobae en el club—. Cuando empecé a jugar acá era hasta treinta y cinco. Después crearon la categoría Veteranos Juniors, que era más treinta y cinco. Después crecimos, más cuarenta y cinco. Es decir, todo esto pasó en nuestra generación, porque la gente empezó a estar mejor y a seguir ocupándose de su salud, de hacer deporte. La medicina avanzó. Acá hay varios que juegan con prótesis, con bypass, con stents.

El plantel en pleno antes de empezar el picado

Ricardo Corral, 67 años, es médico psiquiatra, presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras y jefe de Docencia e Investigación del Hospital José T. Borda. Pero acá es un entusiasta más del deporte nacional. Dice que no va a jugar porque está lesionado, pero al rato se pone la camiseta y se mete en la cancha con los demás.

A los 30 minutos, uno de ellos abandona, contrariado por un dolor en la ingle que no le permite seguir corriendo como lo hizo en esa media hora. Es un empresario de 80 años, con doble reemplazo de cadera.

De remera azul, el más veterano del grupo, no por ello menos entusiasta

— ¿Qué le dice el médico?

— No tiene idea de que estoy acá…

— Pero ahora lo va a consultar por ese dolor, ¿no?

— Nooo… me va a querer operar de nuevo.

“Acá hay gente que conozco de los doce años —dice Corral— que incluso fueron compañeros míos del colegio, después se hicieron o ya eran socios del club, así que jugamos toda la vida, hace… qué se yo, más de cincuenta y pico de años. Y mantenemos un vínculo. Muchos de ellos después fueron colegas míos. Hay un par que son médicos. Un cardiólogo, otro psiquiatra como yo. También muchos ex jugadores de Primera, como uno que fue campeón del mundo en el 79 con Maradona, Osvaldo Rinaldi. Viene al picado. Muchos profesionales que se retiran juegan aquí”.

Ricardo Corral

En esta categoría silver son más de cuatrocientos los que juegan el campeonato, lo que dice mucho del fervor que despierta este deporte y de cómo ha cambiado la vida de estas generaciones. “Vos fijate qué increíble —se entusiasma—. En el mundo, un club con una categoría de fútbol más sesenta. Más sesenta y tres ahora. Doce equipos, calculando veinte por equipo, son doscientas cincuenta personas mayores compitiendo”.

Corral subraya también el aspecto emocional y social de esta costumbre tan arraigada en ellos: “El fútbol en especial tiene algo que no tiene otro deporte, al menos para nuestra cultura, que es esto de los amigos. Cuando se juntan varones hablan de fútbol. Imaginate un grupo que juega al fútbol todas las semanas y se conocen de años. Termina siendo una cuestión muy social. Por un lado, es un paliativo para muchas situaciones psicológicas, psiquiátricas o médicas, reduce el estrés, te genera una cosa endorfínica por el juego en sí, por divertirte, fortalecer los vínculos. Hay mucha solidaridad también, nos ayudamos, cada uno desde la posición que tiene, casi todos somos profesionales o empresarios. Hay una cuestión solidaria y colaborativa permanente”.

El fútbol tiene algo que no tiene otro deporte, que es esto de la amistad, dicen

El lema de GEBA es el clásico Mens sana in corpore sano, recuerda. “Además tiene el plus de lo recreativo. Nos divertimos, nos cargamos. Nos peleamos también, por supuesto”.

El hecho de que sea recreativo, deportivo, no impide la competencia y el querer ganar. Sin embargo, lo que prima es el afecto, dicen. “Una reunión de camaradas, y luego nos vamos a cenar”. En efecto, una parte del grupo, concluido el picado, se junta a comer en el Castillo, la sede tradicional del club, edificio recientemente declarado monumento histórico.

El Castillo del club de Gimnasia y Esgrima, monumento histórico

— Yo a este club vine de chico, mis hijos vinieron de chicos, ahora vienen mis nietos, es un ambiente muy familiar. Esto es algo muy de la Argentina, este tipo de clubes…

— ¿No hay clubes así en otros países?

— Sí, pero no de este estilo tan familiar. Acá la gente no es que viene a hacer deporte y nada más. Es deporte y social. Vos vas a Barcelona y hay clubes, pero la gente no hace esto de ir y pasar todo el día con la familia, deporte, pileta y después hacer un asado. Está lleno de parrillas.

El coordinador del picado es Jorge Nacul (74). En estos días no juega porque le acaban de colocar un stent. El picado de ese martes fue más corto, porque el club está arreglando las canchas en preparación del campeonato que empieza en breve y dura hasta noviembre.

“Nosotros somos de más de sesenta. pero el domingo juegan los de la tercera edad, los de más de 80, los del cielo puede esperar”, dice Nacul.

El picado de los martes en GEBA

— ¿De verdad se llaman así?

— Sí, son arriba de 80 todos. Con nosotros también viene alguno de más de ochenta. Hoy vino el que está operado de las dos caderas. Y hay muchos así que siguen jugando.

“Bueno, pero tenemos códigos —aclaran —, no se le puede sacar la pelota al que tiene más de ochenta. Es foul. Hasta el año pasado, venía Alberto López, que le decíamos Sinatra, 89 años, arrancó hace cuarenta y tres con el picado. Cuando él recibe la pelota, nadie lo puede marcar. Si se la sacan es foul. Hace ocho o nueve meses que no viene porque tiene problemas en la muñeca”.

— ¿Alguien coordina, supervisa?

— El dueño del picado es él —dice Corral señalando a Nacul.

“Hace muchos años colaboré con la Comisión directiva, en el 2006, cuando asumió José Beraldi”. explica Nacul.

Las ganas de jugar llevan a superar cualquier inconveniente físico

Lo tradicional de GEBA, como su nombre lo indica, es la esgrima. “Tiene la mejor sala de esgrima de Argentina. De la región. Después tiene la pileta y un montón de gimnasios, canchas”, acota Corral.

— ¿En todos los deportes hay categorías de veteranos o solamente el fútbol?

— En natación seguro. También hay veteranos de rugby que a veces juegan partidos.

— Se me ocurre que la natación es más adecuada para una persona grande.

— Claro —admite Nacul—, no hay impacto, no tenés lesiones. Pero a mí me dicen: “Vení a nadar”, y yo les digo “es lo mismo que ir a chupar un clavo”. Me aburro.

— Esto es un juego —agrega Corral—. Pero lo que vos decís es cierto. De hecho, por ejemplo, todos nosotros vamos a un traumatólogo que es muy conocido, (Guillermo) Botto. Y él nos jubila a todos. Nos dice que no podemos jugar más al fútbol. Es verdad que el fútbol no debería ser para gente tan grande, porque tenés mucho impacto. Todos tenemos problemas de rodilla, de cadera… Y acá encima hay contacto. Pero todos estamos acá jugando.

Muchos se conocen de toda la vida

— O sea que es por pasión.

— Te tira… —dice Nacul— También es la confrontación, es el ir y chocar, pelearte. El cardiólogo me dice: “No jugués”. Hace diez días me pusieron otro stent. Por un tiempo no voy a jugar. Pero bueno, hay uno que tiene tres stents.

— ¿Tres stents?

— Germán, el pelado. Recién lo encontré y le conté del mío. “Ah, mientras nos sigan poniendo stents, seguimos durando”, me dice. Juega el picado. Como de abajo van empujando con los años, hubo que ir armando categorías para que puedan jugar todos. En total, hay unos cuatro mil jugadores más o menos. A partir de los cincuenta y cinco hace rato que se juega, pero era veteranos sin discriminar edades hacia arriba. Después fueron separando. Imagino que es porque la gente cada vez juega más, gracias a los bypass y los stents [ríe].

— ¿Cuánto dura el picado?

— Nosotros jugamos de seis y media a ocho, hace muchísimos años. Pero ahora, como no hay canchas, se juega una sola hora acá. Sin parar.

El picado se juega incluso en pleno verano con altas temperaturas

— ¿Eso es porque quieren morir con los botines puestos?

— [Ríe] En el verano hacemos el picado, incluso con gente más grande, a pleno sol, con cuarenta grados. Y la cancha es de sintético, levanta temperatura. Pero bueno, es nuestra vida. Y ojo que hay gente grande, que la sacás de la cancha, y se enoja porque la sacás. Cuando tenemos la hora y media, a los cuarenta y cinco, sin cortar, voy haciendo los cambios. Veo al que está cansado, lo voy cambiando. A veces me quedo yo directamente afuera y entro en el segundo tiempo para poder hacer los cambios. Como a mí nadie me discute… Esto para mí es una forma de vida de muchos años.

— ¿Tienen un técnico? ¿O se autogestionan?

— En los campeonatos cada equipo tiene un director.

—¿Es uno de los que juega?

— A veces sí, a veces no. A veces es uno que jugaba y está mayor y ya se queda manejando el equipo para organizarlos, repartir las camisetas, citarlos para jugar, todo ese tipo de cosas.

A los más de 80 no se les saca la pelota; es foul

Desde el borde de la cancha, Nacul va marcando a todos los que tienen problemas: “A ver, ¿quién más?, ¿qué otro cardíaco tenemos?” [ríe], y son varios.

Corral, que jugó un buen rato pese a estar lesionado, dice sobre ese entusiasmo que los lleva a sobreponerse a los inconvenientes físicos: “Eso es lo lindo de todo esto. Nos gusta, nos cargamos, nos puteamos. Acá volvemos a ser chicos”.