
Para las personas mayores, la autonomía no debe confundirse ni con independencia ni con la simple capacidad física de decidir; ese es el principio rector que orienta la atención geriátrica contemporánea, según Graciela Spinelli, licenciada en gerontología (MP 271294) y referente de la institución dedicada a la atención geriátrica Centro Los Pinos.
Spinelli sostiene que el verdadero respeto a la autonomía implica un reconocimiento integral de la persona mayor como sujeto irrepetible y con derechos plenos a ejercer su voluntad. Lo contrario a autonomía no es dependencia sino heteronomía, aclara Spinelli. De este modo, los entornos que favorecen la autonomía son aquellos donde se escucha a la persona mayor y se la considera como única e irrepetible, digna de ser tenida en cuenta en sus deseos y preferencias.
En la práctica diaria, identificar si un entorno —familiar o institucional— ofrece condiciones para la independencia pero restringe la autonomía requiere valorar si el adulto mayor sigue siendo escuchado y considerado en sus decisiones fundamentales, incluso con apoyos significativos para sus actividades.
Reconocer la autonomía más allá de la independencia funcional
Spinelli subraya que muchos adultos mayores pueden necesitar ayuda para acciones básicas como vestirse o alimentarse sin que esto implique perder el control sobre su vida.
Explica que «puede recibir ayuda y aun así expresarse, ser escuchada y respetada“. Esta distinción permite comprender que los cuidados no deben convertirse en formas de anulación de la autodeterminación. El desafío profesional consiste en asegurar que, aún en situaciones de dependencia grave, la persona mayor siga ejerciendo elecciones cotidianas: desde la selección de la ropa hasta decidir las actividades diarias. El acompañamiento debe estar guiado siempre por el reconocimiento de la persona como sujeto de derechos.
Spinelli aconseja: “Debe ejercer el derecho a decidir, tanto sea en qué ropa desea ponerse como qué quiere comer o en qué quiere ocupar su tiempo, manifestarse libremente aún con limitaciones”. Para la especialista, la dignidad radica en sostener al adulto mayor como sujeto pleno, sin que la necesidad de asistencia borre su capacidad de elegir.
El impacto de la sobreprotección familiar y la importancia del ejercicio
En situaciones donde la familia restringe la libertad por temor a caídas o accidentes, Spinelli advierte sobre el riesgo de caer en la sobreprotección, una forma menos visible de maltrato.
Insiste en que la inmovilización no es una medida preventiva eficaz: la falta de actividad física conduce a la pérdida de masa muscular y a un riesgo grave de caídas futuras. Propone el uso de elementos de apoyo, como bastones o andadores, como herramientas que favorecen la autonomía, no como símbolos de limitación. Además, recomienda mantener un diálogo constante y promover que el adulto mayor participe en la organización de su rutina y tome decisiones sobre su movilidad y ejercicio.
La profesional remarca la necesidad de revertir la tendencia —a veces inconsciente— a tratar a las personas mayores como si fueran incapaces de decidir. “No pasan a ser niños que necesitan cuidados y entonces no se les pregunta nada y simplemente se decide por ellos”, puntualiza Spinelli en Centro Los Pinos.
Bienestar emocional, proyectos y finalidad en la vejez
El bienestar emocional en la vejez, según Spinelli, depende de la capacidad de cada persona para mantener proyectos, inquietudes y propósitos claros, incluso cuando ha perdido independencia física pero preserva la autodeterminación.
Cita al actor argentino Enrique Pinti para ilustrar esta actitud: “Mantener los deseos sin reuma”. Observa que muchas personas llegan a esta etapa plenas, con metas posibles de alcanzar y con deseos intactos, enfatizando el valor de acompañar la transición de la vida desde una perspectiva positiva, que pone el foco en las capacidades remanentes en vez de las pérdidas.
Atención médica centrada en la autonomía y los derechos del paciente
Desde el enfoque clínico, la doctora Clara Perret, médica clínica, geriatra y especialista (MN 111.533), distingue con precisión entre la “capacidad de hecho” (aptitud física para realizar acciones) y la “capacidad de derecho” (facultad legal y ética para decidir).
Perret señala: «todo paciente que pueda comprender la información brindada, valorar los riesgos y beneficios de las diferentes alternativas y expresar su decisión en forma coherente, se considera como capaz de otorgar su consentimiento“. Los profesionales deben adaptar la información a las necesidades sensoriales y cognitivas y asegurarse de que la decisión esté libre de cualquier influencia indebida.
Si existen dudas sobre la capacidad de juicio, Perret indica la aplicación de pruebas cognitivas y la evaluación de cuadros de delirium o síndromes confusionales, que pueden alterar de forma temporal la toma de decisiones pero son potencialmente reversibles si se resuelve la causa de base.

Derecho a elegir y adherencia al tratamiento
Las decisiones del paciente sobre horarios, terapias o medicaciones inciden tanto en la satisfacción como en la eficacia del tratamiento. Perret afirma que esto favorece una mayor satisfacción con la atención y una mejor adherencia al tratamiento.
En casos en que la persona rechace indicaciones médicas, se explican las consecuencias, se verifica que comprenda y todo el proceso se asienta en la historia clínica. Si corresponde, se solicita el rechazo por escrito.
El rol del consentimiento informado y los límites legales
Perret enfatiza que, salvo restricción legal expresa, la autonomía de decisión debe ser siempre privilegiada mientras el paciente mantenga competencia para comprender la información relevante y decidir libremente. Sólo en casos de incapacidad documentada corresponde delegar decisiones en representantes legales y dejar constancia de las causas de dicha limitación.
—¿Cómo maneja la “conspiración de silencio” familiar cuando ésta impide que el paciente tome decisiones autónomas sobre su tratamiento y pronóstico?
—Cuando existe una ¨conspiración de silencio¨ familiar, los profesionales de la salud deben educar a la familia sobre los derechos del paciente. Si el paciente tiene capacidad de comprender información y tomar decisiones, el médico debe brindarle la información que el paciente esté dispuesto o tenga interés en conocer.
Especialistas coinciden en que el modelo de cuidados geriátricos centrado en la persona respeta su trayectoria vital y promueve la autonomía cognitiva aun cuando la independencia funcional se pierda. La clave está en comprender y aceptar la finitud, valorando la etapa final de la vida como un ciclo de sentido y posibilidades, no solo de pérdidas y restricciones.



