Un mega templo mormón en una manzana histórica de Buenos Aires generó una polémica en la que se involucró Villarruel

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El templo estaría sobre la avenida Córdoba, con una altura máxima de 36,5 metros. Imagen: Proyecto de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

En el barrio de San Nicolás, entre la Plaza de Mayo y la Plaza San Martín, una manzana porteña puede contar una parte de la historia de la Ciudad de Buenos Aires desde los tiempos coloniales. Es la manzana conformada por las calles San Martín, Viamonte y Reconquista y la avenida Córdoba. Esa manzana fue elegida hace casi trescientos años para que allí funcionara el primer monasterio de mujeres de Buenos Aires, cuando este pedazo del mundo era parte del Virreinato del Perú.

Ahora esa manzana es sede no sólo de ese convento y de la iglesia que se construyó a su par, sino también del proyecto que tiene la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días -el culto popularmente conocido como mormón- para construir 14.5000 metros cuadrados hacia arriba, entre un enorme templo y un edificio de oficinas, y otro tanto de manera subterránea, sobre todo para estacionamientos.

El proyecto del mega templo mormón acaba de recibir buenas noticias por parte del Poder Judicial porteño: se revocó una medida cautelar que había frenado todo avance allí. Sin embargo, las voces que se oponen a una construcción de esas dimensiones apenas a unos metros de dos edificios que fueron declarados Monumento Histórico Nacional y que son Área de Protección Histórica en el catastro porteño se siguen haciendo escuchar.

Un monasterio y una iglesia del 1700

El Monasterio de Santa Catalina de Siena fue el primero para mujeres de Buenos Aires. Las obras para construir ese espacio y la iglesia consagrada a esa misma santa se iniciaron en 1738, hace casi tres siglos. Se decidió construirlo allí porque era una zona segura de la ciudad, en ese momento mucho más pequeña que ahora: la seguridad la brindaba, sobre todo, estar en una zona alta, difícil de inundar por el entonces más cercano Río de la Plata.

La iglesia dedicada a Santa Catalina de Siena abrió sus puertas en 1745 en la entonces Calle de la Catedral, hoy San Martín

Además, era cerca de la Plaza Mayor, epicentro de la vida cívica porteña, y su frente daba a la entonces Calle de la Catedral, que hoy es San Martín. La iglesia y el convento abrieron sus puertas en 1745, con celdas para cuarenta monjas de clausura. Primero vivieron allí las hermanas de la congregación catalina, después, las dominicanas. Son edificios que permiten vislumbrar cómo era la ciudad incluso antes de que estuviera formado el Virreinato del Río de la Plata, y más de medio siglo antes de la Revolución de Mayo.

El convento se convirtió en una especie de hospital improvisado en el que atender a los heridos de las Invasiones Inglesas, especialmente de la segunda, ocurrida en 1807. Fue ocupado por los británicos en esa ocasión, y reconquistado luego por los criollos. Los palos borrachos del jardín central, un lugar de increíble silencio en medio del centro porteño, tienen más de un siglo.

Además de la iglesia y del convento, funcionaron en esa manzana dos camposantos en los que eran sepultadas las religiosas que pasaban su vida allí. Con el correr del tiempo, esos terrenos fueron vendidos y la manzana empezó a “disgregarse”. Pero el templo católico y el monasterio siguen en pie y cuentan la historia de la ciudad que fue creciendo a su alrededor.

Fuentes del Arzobispado de Buenos Aires, a quien hoy pertenecen los terrenos de la iglesia, el jardín central y el monasterio, dijeron a Infobae en relación al mega proyecto del culto mormón: “Aunque el proyecto se ha modificado, pensamos que en una manzana histórica no es bueno construir algo de esas dimensiones, sabiendo el valor arqueológico que tiene el terreno, donde hay pruebas documentadas de la existencia en ese lugar de dos cementerios coloniales”. Opinaron, según aclararon las fuentes, en calidad de “vecinos de la Ciudad”.

De Salt Lake City a Buenos Aires

En diálogo con Infobae, Nicolás del Sero, gerente general del proyecto de construcción de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, detalló algunas características de la obra que prevén construir en San Nicolás. El edificio más grande, sobre la avenida Córdoba y con una superficie estimada de 9.000 metros cuadrados, estará destinado al templo, a un centro de bienvenida y a un “Centro de Historia Familiar”, bastante habitual en otros edificios de este credo nacido en Salt Lake City, Utah, Estados Unidos.

El primer templo mormón de la Argentina se erigió en Ezeiza hace cuarenta años

Desde allí, a unos 10.000 kilómetros de nuestra Ciudad, se tomó la decisión de construir un gran templo en Buenos Aires. Así lo detalla Carlos Cantero, director de Comunicación de este culto para el Cono Sur y líder religioso. Según describe Cantero en conversación con Infobae, “las determinaciones sobre dónde se construyen templos las toman desde el Cuerpo Presidente”.

Ese cuerpo, detalla, “está compuesto por un profeta y doce apóstoles; el profeta se elige por revelación; en general es el apóstol más antiguo”. Los apóstoles, explica, son elegidos también por el Cuerpo Presidente ante el fallecimiento de alguno de los doce. Son roles reservados exclusivamente a varones.

El culto mormón abrió su primer templo en Argentina en 1986. Es una construcción enorme que se ve a la vera de la autopista Ricchieri camino al Aeropuerto de Ezeiza. También hay templos en Salta, Córdoba, Bahía Blanca y Mendoza. Está prevista la construcción no sólo del porteño sino también de otro más en Rosario.

Según la web oficial de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuentan con 505.819 miembros en la Argentina. La Segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina, elaborada por el Conicet en 2019, estableció que el 1,4% de la población del país se identifica como mormón o Testigo de Jehová.

Según explica Cantero, la instrucción para instalarse en Buenos Aires, más específicamente en la manzana en la que funciona Santa Catalina de Siena, llegó desde Salt Lake City, desde donde llegan todas las instrucciones. También llega desde allí la decisión sobre cómo se administran los fondos del culto: “Nosotros en nuestra iglesia nos acogemos a la Ley del Diezmo. Todos donamos el diez por ciento de nuestros ingresos, y eso se administra globalmente. Con esos fondos -asegura Cantero- se va a construir el proyecto previsto sobre avenida Córdoba y sobre la calle Viamonte”.

El proyecto prevé la creación de un espacio verde público entre el monasterio y los nuevos edificios, que sumarán casi 15.000 metros cuadrados construidos. Imagen: Proyecto de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Dïas

Es que, además del templo con entrada en la avenida, el proyecto prevé otro edificio, de planta baja y cuatro pisos hacia arriba y de unos 5.500 metros cuadrados, destinados a oficinas. “Son para que trabajen quienes están a cargo de la parte administrativa, las visas de nuestros misioneros y también del mantenimiento de nuestros espacios”, describe Cantero. Según estima, es un total de 120 personas distribuidas en ese edificio: son casi 46 metros cuadrados, en promedio, para cada persona.

Entre el edificio de oficinas y el templo, en el corazón de la manzana, el proyecto contempla la creación de un espacio verde con acceso público, es decir que se podrá entrar sin tener que acceder a ninguno de los edificios pertenecientes al credo mormón. “Consideramos que será algo que mejorará la manzana y la zona para todos los vecinos, y además servirá también como un amortiguador para la obra que haremos, las excavaciones previstas, en relación a los edificios históricos de la manzana”, describe Del Sero.

“Nosotros tenemos dos tipos de espacios. Los espacios donde hay más actividad son las capillas. Allí se producen las reuniones dominicales, que son el evento más concurrido de nuestra iglesia, y también hay espacios allí mismo en los que, según edades y grupos, se dan clases, capacitaciones, todas cuestiones vinculadas a sentirnos más cerca de Dios”, describe el director de Comunicación y líder religioso -el cargo que detenta se llama “setenta de área”, pero no se trata de un clero profesional y no es remunerado-.

“Las capillas están abiertas, en general, a contraturno de los horarios laborales de los líderes que las sostienen, ya que tienen que hacer las tareas a través de las cuales consiguen su sustento material, y a la vez sostienen el liderazgo religioso. Los momentos de mayor actividad son los fines de semana, y solemos tener canchas de básquet, de fútbol, espacios a los que vienen los chicos”, describe.

A la par, y en un número mucho más reducido, existen los templos, como el proyectado en el barrio de San Nicolás. “Son lugares sobre todo de contemplación y meditación individual más que de prácticas colectivas”. Y son los espacios en los que se llevan a cabo “las ceremonias, las celebraciones más sagradas, como un matrimonio, por ejemplo”, dice Del Sero.

Un matrimonio mormón, para casarse bajo ese credo, debe hacerlo sí o sí en un templo, no en una capilla. “Por eso es importante que estemos en Buenos Aires, nos acercamos a mucha más gente”, sostiene Cantero. Según estiman, la ocupación máxima del templo -que será parte central del edificio de 9.000 metros cuadrados- será de alrededor de 240 personas, aunque lo habitual es que haya muchas menos personas al mismo tiempo.

“¿Cómo no vamos a preservar el pasado?»

“Ahora que nos revocaron la cautelar vamos a presentar un recurso de inconstitucionalidad. Y si hace falta, luego presentaremos un recurso de queja, llegaremos hasta el Tribunal Superior de la Ciudad y hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación si es necesario”, asegura María Carmen Arias Usandivaras, vicepresidenta y una de las fundadoras de la ONG Basta de Demoler, que desde hace casi dos décadas lucha por la preservación del patrimonio arquitectónico, cultural y simbólico de Buenos Aires.

El jardín central del Monasterio de Santa Catalina de Siena es una joya silenciosa en medio del centro porteño

“La revocación de la cautelar no da los motivos por los cuales revoca la medida. Es un proyecto pegado a monumentos históricos declarados por la Nación, en un área de protección histórica protegida por la Ciudad. Y además de todo eso, el Código Urbanístico, modificado en 2018, establece que cuando se construyen más de 10.000 metros cuadrados para un espacio dedicado al culto religioso eso debe ser aprobado por la Legislatura de la Ciudad, no es un permiso de obra común y corriente”, suma la activista, que también es abogada.

Según describe Arias Usandivaras, el proyecto ideado “excede en más de un 150% lo permitido sin pasar por la Legislatura”. Además, enfatiza que el edificio del templo, que según lo proyectado alcanzará los 36,5 metros de altura, “supera ampliamente el máximo permitido, que es de 16 metros para toda la manzana, excepto para la avenida Córdoba, que es de 25 metros”.

Sobre esto, y ante la consulta de Infobae, el gerente del proyecto de construcción sostiene: “Son interpretaciones del Código Urbanístico. El Código, además de tener un plano límite, tiene un plano inclinado permitido. Y en la medida en la que la construcción se aleja de la línea municipal puede crecer un poco”.

“En en el 1700 la construcción no era de cemento. Si el monasterio y la iglesia son tapados en altura, no van a recibir el suficiente sol, eso va a generar humedad, y si a eso se le suma la excavación de tierras y los estacionamientos, es demasiado peligro para dos espacios prácticamente únicos en nuestra ciudad. De esa época tenemos el monasterio, la iglesia y la Casa de Ejercicios Espirituales de la Avenida Independencia, no mucho más de nuestra época colonial. ¿Cómo no vamos a preservar nuestro pasado?“, enfatiza Arias Usandivaras.

En 2011, Basta de Demoler inició acciones que terminaron en 2016 con la resolución de que no se construyera una torre en el mismo predio. “Nadie discute la libertad de culto, desde ya, esto no tiene que ver con el destino que tendrán estos edificios, sino con un proyecto de esta envergadura en esa ubicación”, sostiene la abogada y activista, y se aferra a una esperanza: “Así como logramos frenar la torre, confío en que frenaremos esto”.

Entre estacionamientos subterráneos, el templo y el edificio de oficinas, se proyecta la construcción de unos 30.000 metros cuadrados. Imagen: Proyecto de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días también tiene confianza: “Nosotros vamos a respetar la ley y a ir paso a paso de acuerdo a los permisos que todavía nos tiene que otorgar la Ciudad. Estaba todo paralizado por la medida cautelar, confiamos en que ahora que se revocó, avance”, dice Del Sero. Estima que la obra podría llevar entre cuatro y seis años allí donde San Nicolás está a punto de convertirse en Retiro.

Basta de Demoler adelanta que seguirá luchando en instancias judiciales superiores, y la Iglesia Católica, a través del Arzobispado porteño, hace sentir su descontento respecto de las dimensiones de la construcción.

No fueron los únicos. Incluso la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, expresó en X su mirada sobre el proyecto: “Hay varias cuestiones que impiden formalmente que haga un cambio. Soy funcionaria nacional, no la de la ciudad de Buenos Aires y además no integro un órgano de gestión sino legislativo. Digamos que la jurisdicción y la función no tienen alcance en este asunto. Sin embargo me parece espantoso que se arruine así el casco histórico y con mucho respeto los mormones no tienen mucho que ver con la Argentina”.

Mientras la conversación, los procesos judiciales y administrativos siguen su curso, la manzana de avenida Córdoba, Reconquista, Viamonte y San Martín está en medio de la incertidumbre. El monasterio y la iglesia son testigos de la vida porteña desde hace casi tres siglos. Pero, quién sabe, de aquí a unos años tal vez haya allí un edificio mucho más grande. Más cerca del cielo.