El fotógrafo y explorador argentino Nicolás Marín acaba de lograr un hito histórico: se convirtió en el primer argentino en ingresar al top mundial de la “fotografía aérea de naturaleza” gracias a una imagen extraordinaria tomada en las aguas de Baja California, México. La fotografía, seleccionada entre las 35 mejores del mundo en uno de los certámenes internacionales más prestigiosos de la especialidad, retrata a una ballena jorobada acompañando a su cría en sus primeros días de vida.
La escena fue capturada en el Golfo de California, uno de los ecosistemas marinos más biodiversos del planeta. Allí, Marín registró un comportamiento tan conmovedor como difícil de observar: una madre ayudando a su ballenato a subir a la superficie para respirar.
La imagen fue obtenida desde una pequeña embarcación mediante el uso de un dron. Marín y su equipo realizaban registros acústicos con hidrófonos cuando detectaron un soplo en la superficie, señal inequívoca de la presencia de cetáceos. “Ahí fue que volé el dron y vimos a las dos, a la cría y a la madre”, relató en diálogo con Infobae.
“Las condiciones eran ideales. El mar estaba completamente calmo, sin oleaje, y no había otras embarcaciones alrededor. Durante aproximadamente una hora y media, la madre y la cría permanecieron cerca nuestro”, contó. “Estábamos con el motor apagado porque no queríamos interferir en ese comportamiento. Y la ballena se quedaba ahí. Fue un espectáculo natural increíble”, recordó.
La fotografía muestra con claridad la enorme diferencia de tamaño entre ambos animales. La madre medía cerca de catorce metros, mientras que la cría, aunque recién nacida, ya alcanzaba los dos metros de longitud. “Era una imagen única porque registraba un momento muy humanizado. Como es una madre con su hijo acá en la ciudad ayudándolo a caminar. Acá era la versión océano”, describió.
Marín tomó alrededor de cincuenta fotografías durante ese encuentro. Sin embargo, una sola terminó sintetizando toda la emoción del momento. Esa foto fue seleccionada entre las 35 mejores fotografías aéreas del concurso 35AWARDS (@35awards), una plataforma internacional que reúne a más de 112.000 fotógrafos de 175 países, y cuyas categorías abarcan desde paisajes urbanos hasta vida silvestre.

“Lo que más sumaba, más allá de la foto linda, era el momento que estábamos viviendo”, explicó sobre el criterio que utilizó para seleccionar la imagen que finalmente envió al concurso. “La cría tenía que aprender a salir, a saltar y a moverse por sí sola”, describió Nicolás, quien además recordó que después de ese momento, la pequeña ballena intentó hacer lo mismo sola, con resultados aún fallidos.
Aunque el nombre de Marín hoy aparece entre los grandes referentes internacionales de la fotografía de naturaleza (en 2023 resultó elegido como el mejor del mundo y en 2025 terminó en tercer puesto), su historia comenzó muy lejos del mar.
Del tenis en San Miguel a los océanos del mundo
Nació en San Miguel, provincia de Buenos Aires, en una familia sin vínculos con el mar ni con las ciencias naturales. Su infancia estuvo marcada por otra pasión: el tenis. “De los nueve a los dieciocho jugué al tenis. Yo quería ser profesional”, recordó.

Durante años soñó con una carrera deportiva. Sin embargo, al finalizar la escuela secundaria decidió abandonar ese camino por temor a no alcanzar el nivel profesional. “Me acuerdo de ese día porque decidí dejar tenis en el último año de la secundaria. Realmente dije: ‘Voy a ser un frustrado toda mi vida’, porque esto era lo que me gustaba”.
Tras dejar el deporte, comenzó a explorar otros intereses. Se anotó en un curso de creatividad e innovación y posteriormente ingresó a una de las escuelas de creatividad publicitaria más reconocidas del mundo. Mientras estudiaba, realizó un curso de fotografía, aunque sin imaginar que esa herramienta terminaría cambiándole la vida.
A los 18 años apareció una oportunidad inesperada: una escuela de buceo y un proyecto de conservación de corales en Cozumel, México, buscaban un fotógrafo submarino y administrador de redes sociales.

Lo sorprendente era que Marín jamás había practicado fotografía submarina ni era buceador. “De mil quinientas personas seleccionaban a tres para una entrevista. Y de las tres, finalmente a una para el puesto. Bueno, al final esa una fui yo”, contó.
Más tarde descubriría por qué había sido elegido. “Preferían a un fotógrafo que aprenda de buceo y no a un buceador que aprenda fotografía”, recordó Marín, quien durante todo el 2019 vivió en esa isla mexicana y experimentó por primera vez el mundo submarino. “Tuve contacto con tiburones, mantarrayas y tortugas. Ahí encontré la pasión por este tipo de fotografía”, admitió.
A partir de esa experiencia, Marín comenzó a contactar biólogos y científicos por redes sociales para aprender más sobre los animales que encontraba. “Quería que me pasaran información de los animales que yo le sacaba fotos”, relató.

Sin buscarlo, ese intercambio desarrolló una estrategia de comunicación que luego se convertiría en su sello distintivo: utilizar imágenes impactantes para atraer al público, aportar información científica y promover acciones concretas de conservación. “Empecé a mezclar la fotografía para llamar la atención, la ciencia para que tengan información y el activismo para que puedan tener participación también”, señaló.
El objetivo era claro: acercar la naturaleza a personas que quizás jamás habían visto esos ecosistemas. “Muchas veces desde nuestra casa es donde empieza el camino hacia el mar”, sostuvo.
De la pandemia a las expediciones internacionales
Cuando su carrera empezaba a despegar, Marín creyó que la pandemia frustraría sus planes. “Pensé que había encontrado mi pasión de vuelta y que la vida me había dado de probar el lado más rico del mundo, pero que ya no había más stock”, reconoció. Y comparó ese sentimiento de frustración con lo que había experimentado con el tenis, años atrás.

Sin embargo, en 2021 una publicación sobre pesca ilegal lo conectó con el equipo del empresario y piloto Enrique Piñeyro. Poco después fue convocado para una expedición internacional destinada a documentar la pesca ilegal en Senegal. Aquella experiencia abrió nuevas puertas.
Tras una escala en Aruba, donde terminó quedándose diez meses debido a las restricciones sanitarias, llegó uno de los momentos más importantes de su carrera. Disney lo convocó como embajador de marca durante una campaña vinculada al Día de la Tierra.
A través de ese contacto, National Geographic conoció su trabajo y le propuso presentar un proyecto de exploración. Marín diseñó “Migrantes del Pacífico”, una investigación sobre la ruta migratoria de los tiburones martillo en Galápagos y de las ballenas grises entre Alaska y Baja California. Meses después recibió la noticia de que había sido seleccionado como “uno de los veinte exploradores del mundo”.

La organización lo llevó a vivir temporadas en las Islas Galápagos y Baja California, documentando algunas de las especies más emblemáticas del océano Pacífico.
El siguiente salto llegó en Panamá, durante una conferencia internacional sobre océanos. Allí conoció a representantes de Naciones Unidas que le propusieron integrarse a un programa internacional de embajadores ambientales. “Me dicen: ‘Estamos seleccionando embajadores para las Naciones Unidas y tu perfil va mucho con nuestro proyecto’”, recordó sobre la propuesta que derivó en una expedición de un mes al Ártico para documentar los efectos del cambio climático.
La travesía incluyó escalas en Noruega, Islandia y distintas regiones polares. “Fue un viaje muy increíble, muy transformador. Todo el mes entero de día porque nunca bajó el sol”, indicó.
A principios de 2023 recibió otra invitación extraordinaria: sumarse a un barco científico que recorría el planeta siguiendo los pasos de Charles Darwin. Inicialmente iba a participar solo durante una semana, pero terminó permaneciendo once meses a bordo. “Navegué desde Fernando de Noronha hasta Río de Janeiro, Salvador de Bahía, la Patagonia Argentina, Islas Malvinas y el estrecho de Magallanes”, detalló sobre su colaboración con investigadores, científicos y conservacionistas de distintas partes del mundo.
Un soñador que todavía mira más lejos
Aunque ya fotografió tiburones martillo en Galápagos, ballenas en Baja California, glaciares árticos y los mares más remotos del planeta, Marín sigue imaginando nuevos desafíos. Entre sus sueños inmediatos figura fotografiar la Gran Barrera de Coral australiana y completar el registro de ambos polos.
Pero existe una meta aún más ambiciosa. “Mi sueño máximo es poder diseñar un submarino que vaya al punto más profundo del planeta, que es la fosa de las Marianas, y poder nombrar una especie”, confesó.

La frase resume el espíritu de un fotógrafo que pasó de mirar documentales en una casa de San Miguel a convertirse en explorador de National Geographic, embajador de Naciones Unidas y referente internacional de la fotografía de naturaleza. “La recompensa también es poder mostrárselo a la gente y acercar a la naturaleza al foco”, concluyó.



