Demuelen en Temperley un histórico chalet de 130 años, obra y hogar de un reconocido arquitecto inglés

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Cuando la casa estaba prácticamente entera, aunque sin sus aberturas

La figura corpulenta y alemana de don Otto, quien había emigrado a nuestro país junto a su esposa a causa de la Segunda Guerra Mundial, era inconfundible. Otto Niederberger (seguramente pocos sabían cuál era su apellido y menos cómo pronunciarlo correctamente, y no estoy seguro de que se escriba así) era casi una institución en la calle Pringles al 100 del barrio de Temperley, desde los tiempos en que el lechero hacía el reparto en un Ford T destartalado color turquesa y don Lorenzo hacía lo propio con la quinta de La Razón con su pesada bicicleta negra, en ese empedrado irregular y de pozos inmemoriales, ya que con los años también desapareció la gente idónea en el arte de acomodar los adoquines.

Otto vivía en una magnífica casa de planta baja y primer piso, bien al estilo inglés, con techo de chapa a dos aguas y coronado por dos sendas chimeneas, que ahora tienen los días contados.

Walter Bassett Smith, el que diseñó la vivienda y en la que vivió con su familia hasta que emigró a Australia

Los chicos que gastábamos las zapatillas en los lejanos tiempos de los juegos en la vereda, bajo la sombra de los plátanos, y entre los gritos casi insolentes en las siestas estivales del heladero o del botellero a tracción a sangre, habíamos aprendido a respetar a ese hombretón parco, acostumbrado al saludo educado y que, si bien en una primera impresión parecía ser desconfiado y distante, escondía una personalidad cálida, un carácter por demás afable y que cuando entraba en confianza hasta se despachaba con un chiste inocente.

Otto vivía con su esposa. Además, compartía los ambientes con su hija Elisa, su marido y dos hijos. La dirección era Pringles 150. El enorme caserón estaba rodeado de un parque que Otto siempre se ocupaba de mantener impecable. Allí, se destacaba en su frente un farol sobre una columna siempre pintada de verde inglés.

Nosotros jugábamos con sus nietos, y en algunas ocasiones, siempre con su supervisión, nos dejaba entrar a una dependencia en el fondo de esa casa donde había armado un increíble circuito ferroviario, con varias vías, estaciones, túneles y luces. Un verdadero sueño para cualquier chico.

La demolición está más que avanzada. Así está el frente de la casa que fue construida en 1896

Ese caserón, presente y magnífico en las postales de la cuadra, dentro del Barrio Inglés, que nació y creció a partir de la instalación de la estación del ferrocarril, está siendo demolido. Y como toda casa antigua en un barrio histórico, rebosa de historia.

Por 1850 la zona era un gran páramo de eucaliptus, robles, paraísos, sauces y árboles frutales. En 1854 el inglés George Allison Temperley levantó, en el sur del conurbano bonaerense, su quinta de quince habitaciones, con baños con pisos y artefactos de mármol, aljibe, noria y jardines con viñedos.

Retrato de George Temperley, empresario británico, que dejó su huella en la ciudad que lleva su nombre

Cuando loteó sus tierras, ofreció como incentivo ladrillos gratis a los compradores. Temperley fue un precursor de la zona sur que, además, fue socio fundador de la Sociedad Rural Argentina. La localidad que lleva su nombre nació formalmente el 1 de febrero de 1893. Todo el barrio es como una extensión de cualquier suburbio de una ciudad británica, rebosante de apellidos ingleses, escoceses e irlandeses -muchos directivos y empleados del Ferrocarril del Sud, hoy Roca- que, con el correr de los años, convivirían con otros italianos y españoles.

Allí, tuvieron sus quintas el presidente Nicolás Avellaneda y Pablo Riccheri, ministro de guerra de Roca. Del lado este vivía el comodoro Martín Rivadavia, que murió en un accidente doméstico. También se encuentra la quinta “Paradise Grove” de los Green, un claro ejemplo de construcción británica que, con modificaciones, aún está en pie, a pesar de que hace años le quitaron su mirador característico.

Ala lateral de la vivienda proyectada por el arquitecto inglés Bessett Smith

El que construyó la casa de Pringles 150 se llamaba Walter Bassett Smith. Nacido en Londres el 23 de julio de 1855, era hijo de un arquitecto, se dedicó a viajar por Europa con su hermana y demostró su vocación por el diseño cuando ganó un premio por un boceto realizado sobre una catedral gótica. Estudió arquitectura en la Royal Academy of Arts, trabajó junto a su padre en diversos proyectos y emigró a la Argentina en 1889, durante el gobierno de Miguel Juárez Celman.

En nuestro país, se casó con Mary Chevallier-Boutell. En 1896, durante la presidencia de José Evaristo Uriburu, levantó la vivienda en cuestión, a la que él llamaba “la casita”. Allí vivió con sus hijos y con sus suegros.

Dejó una importante huella en el país. Fue uno de los fundadores del colegio San Jorge de Quilmes y diseñó el palacio Madero Unzué, actual residencia del embajador británico. Además, creó el palacio Balcarce Quintana de la estancia Chapadmalal, mansiones en Mar del Plata, la iglesia Presbiteriana de San Andrés en Temperley y el cementerio de disidentes de Llavallol. Y la lista sigue.

La que su primitivo dueño llamaba

En 1925 emigró a Australia, donde murió en 1932 y en el país no quedaron descendientes. Hace unos años vino un nieto, interesado en conocer la obra de su abuelo.

Según explicaron los vecinos a Infobae, existe la ordenanza municipal 16.084 que contempla la protección de edificios históricos del barrio construidos con anterioridad a 1960. Argumentan que en su momento en el listado que se elaboró de esas viviendas que no podían tocarse no estaba la de Bassett Smith y que nunca nadie se preocupó por actualizarlo.

Según refieren en el barrio, la venta se habría efectivizado a fines del año pasado y el comprador habría asegurado que restauraría la propiedad y que la pondría en valor.

Cuando el 3 de marzo comenzaron las obras de demolición, los vecinos y las entidades de protección del patrimonio se movilizaron y realizaron una catarata de pedidos al intendente de Lomas de Zamora, Federico Otermín.

Lo que queda de

En un pedido de informes elevado el 3 de marzo, se solicitaba al municipio de Lomas de Zamora el número de expediente por el que se autorizaba la demolición, el área técnica municipal que había intervenido, si se había efectuado una evaluación patrimonial y cuáles habían sido los fundamentos que justificaban la demolición. Por último, se solicitaba la suspensión preventiva hasta tanto se aclarasen los puntos. Según señalaron a Infobae, no tuvieron respuesta.

También pusieron en alerta a la comunidad británica local, que estaba al tanto, y una vecina hasta escribió a la embajada de ese país con la esperanza de que pudieran interceder.

Mientras tanto, las obras continúan. Primero fueron las aberturas, luego fue el turno del techo de viejas chapas pintadas de rojo. Ahora solo quedan algunas gruesas paredes en pie.

Los vecinos no tienen en claro cuál es el proyecto que se desarrollará en ese inmenso terreno, y temen por la pérdida de la tranquilidad habitual, atributo característico de la zona. También les llama la atención la celeridad de un trámite que, según ellos, la Comisión de Evaluación de Proyectos del Municipio habrá tenido que trabajar durante enero para evaluar este caso.

Esta vivienda fue construida el año en que murió Aristóbulo del Valle, en el que se suicidó Leandro N. Alem, y Varela Castex trae al país un automóvil Decauville, el primero con motor a explosión. Además, aún faltaba un año para que comenzara a funcionar el tranvía eléctrico.

En esta suerte de crónica de una muerte anunciada, entre el polvo de los escombros y la protección de chapas donde hubo un cuidado del cerco siempre verde, se adivina la figura de don Otto, aquel vecino servicial y correcto, que era todo un personaje distintivo de ese barrio al que la desidia e indiferencia se empecinan en quitarle su identidad y dar la espalda al pasado, que es lo mismo que ignorar una historia de más de un siglo de existencia.