Tensión en Parque Patricios: los vecinos quisieron entrar por la fuerza a sus departamentos, a tres días del derrumbe

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La presencia de maquinaria pesada en el sector del complejo habitacional Estación Buenos Aires, en Parque Patricios, encendió la alarma entre los vecinos que llevan días sin poder regresar a sus viviendas tras el derrumbe del estacionamiento.

“Hoy se realizó un reconocimiento de todo el aérea y la empresa COSUD comenzó con las tareas de una retroexcavadora retirando el material derrumbado para comenzar con el apuntalamiento mediante estructuras tubulares”, informaron desde la Policía de la Ciudad a este medio.

La aparición de una excavadora removiendo escombros, sin aviso previo ni autorización visible, desató una reacción inmediata: un grupo de residentes irrumpió en la zona vedada, superando el vallado de seguridad y exigiendo explicaciones a las autoridades.

Empezaron a remover los escombros sin autorización y los vecinos creen la empresa quieren borrar las pruebas que los complican”, dijo uno de los vecinos a este medios. Y agregó: “La fiscalía les dijo que no podía remover nada sin antes hacer una demolición controlada”.

La situación escaló cuando la policía fue incapaz de contener a todos los vecinos que decidieron ingresar en busca de respuestas. Un testimonio directo del lugar aseguró que “había una máquina excavadora trabajando en un edificio que tiene riesgo de derrumbe, generando vibraciones y los vecinos no pudieron entrar a buscar sus cosas, sus pertenencias y puede entrar una pala mecánica”.

Esta declaración resume el malestar general: mientras se restringe el acceso a quienes perdieron todo, la maquinaria opera sin que los afectados reciban información clara.

El desconcierto de los vecinos al ver el trabajo de las máquinas excavadoras

“Hasta que haya una respuesta, ningún vecino se mueve”, afirmó otra vecina, reclamando la entrada para los residentes del sector uno, quienes también fueron frenados en la puerta. El operativo incluyó la llegada de infantería, lo que aumentó la tensión en el barrio.

Los residentes manifestaron su desconfianza hacia los comunicados oficiales y aseguraron que “el Estado acá no está. Quieren borrar evidencia y los vecinos no lo vamos a poder permitir”. Según sus testimonios, la fiscalía no se había hecho presente durante los últimos tres días, lo que alimentó el malestar y la sensación de abandono.

Los afectados recordaron que muchos de ellos aún continúan pagando por sus departamentos, algunos de los cuales no han podido habitar. La incertidumbre se vio agravada por el temor a la pérdida de pruebas en el marco de las investigaciones en curso.

Vecinos y fuerzas de seguridad intercambiaron acusaciones sobre la custodia de pruebas y el respeto de los derechos de los habitantes. En medio del desconcierto, los residentes reiteraron: “Que venga la fiscal acá, que dé la cara, porque no la dio todavía”.

El detonante de este episodio fue la falta de comunicación entre las autoridades y los habitantes del complejo. Según relataron los vecinos, la fiscalía había instruido que no se realizara ningún movimiento de tierra o escombros hasta nuevo aviso. Por eso, cuando la máquina comenzó a operar, la sorpresa se tradujo en enojo y desconfianza. La frase que más se repitió fue: “Que aparezca la fiscal, que venga la fiscal”, evidenciando la demanda de presencia judicial en el lugar para garantizar transparencia y seguridad.

Tensión y reclamos tras el derrumbe del estacionamiento

El conflicto se desató a pocos metros del edificio cuyo estacionamiento colapsó días atrás, afectando a más de 300 familias y destruyendo 65 autos que permanecían en la estructura. Los residentes, que todavía no pueden regresar a sus departamentos, observaban con impotencia cómo las restricciones para ellos contrastaban con la libertad de acción de la empresa encargada de la remoción de escombros.

Algunos vecinos denunciaron que la fiscalía solo había autorizado el apuntalamiento del edificio, no la remoción de materiales ni la intervención de maquinaria pesada. La ausencia de una orden judicial específica para estos trabajos incrementó el nivel de tensión. Un residente lo resumió así ante las cámaras: “La fiscal solo había autorizado el apuntalamiento del edificio”.

El maquinista y los operadores debieron detener su labor ante la presión de los presentes, quienes temían que las vibraciones producidas empeoraran el riesgo estructural y pusieran en peligro lo poco que queda de sus pertenencias.

¿Qué reclaman los vecinos y cuál es el riesgo actual?

La principal exigencia es que se respete el acuerdo previo: ningún movimiento sin la presencia o autorización de la fiscalía. Los habitantes del complejo afirman que solo buscan recuperar parte de sus bienes y recibir información fiable sobre la estabilidad del edificio. Hasta el momento, ni las autoridades judiciales ni los responsables de la obra han dado explicaciones públicas sobre quién autorizó la entrada de la maquinaria.

Actualmente, la zona permanece custodiada y el acceso sigue restringido para los vecinos, quienes insisten en que “alguien tiene que haber autorizado eso”, pero aún no obtienen respuestas oficiales.

El operativo de la Policía en el lugar

En el perímetro de los edificios afectados hay un vallado y mas de 100 efectivos de la Policía de la Ciudad asignados las 24 horas para proteger los bienes de los vecinos. En el lugar, también hay personal de Bomberos, Guardia de Auxilio y Defensa Civil.

Por otro lado, el área de Logística de la subsecretaría de Emergencias instaló torres de iluminación en el perímetro de los edificios afectados. Además, la empresa constructora presentó en la Guardia de Auxilio un plan de trabajo para el apuntalamiento de los edificios. Esto con la autorización de la administración del complejo. El plan fue aprobado por la Guardia de Auxilio.

Bomberos ya realizó un relevamiento fotográfico y de video del lugar y se lo entregaron a Fiscalía.