De eximio tirador a músico fabricante de hits: la historia desconocida de Chichí Peralta como basquetbolista

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Pocos relacionan a Chichí Peralta con el baloncesto dominicano, pero antes de marcar un antes y un después en la música, el artista tuvo una trayectoria destacada como basquetbolista en su juventud. Participó en equipos como el Colegio Dominicano De La Salle, el Club Deportivo Naco y representó a la selección juvenil Dominicana, etapas que resultaron fundamentales en su formación.

Durante los años setenta y ochenta en Santo Domingo, Chichí Peralta fue reconocido como un talentoso tirador a distancia. Su paso por ligas escolares y clubes importantes, así como su integración en selecciones juveniles nacionales, le proporcionó una disciplina y mentalidad competitiva que más tarde definirían su camino, aunque finalmente no completó una carrera en el deporte profesional.

Desde joven, Peralta mostró un claro interés por el deporte, comenzando su formación en el Colegio Dominicano De La Salle. Allí perfeccionó habilidades fundamentales como el dominio del balón, la lectura táctica y, especialmente, la precisión en el tiro exterior. En ese ambiente educativo, adquirió valores de disciplina y trabajo en equipo que resultarían decisivos más adelante.

La calidad de su juego en el Colegio De La Salle atrajo la atención de entrenadores y dirigentes de baloncesto del país, quienes vieron en él un verdadero prospecto para el deporte nacional. Su capacidad para anotar desde el perímetro en los años setenta lo diferenciaba del resto, pues el tiro lejano era poco habitual en la República Dominicana en esa época.

Consolidación deportiva en el Club Deportivo Naco

Al finalizar su etapa escolar, Peralta fue incorporado al Club Deportivo Naco, uno de los referentes del baloncesto en el país. Este salto representó un avance cualitativo, ya que comenzó a competir al nivel más alto dentro de categorías juveniles, en una institución de gran prestigio deportivo.

En el club, el ambiente promovía la camaradería y la exigencia física, lo que permitió reforzar su estilo de juego. La permanencia en el Club Naco fue clave para consolidar su reputación como un jugador versátil y confiable, cualidades que le abrieron nuevos caminos en el baloncesto de alto rendimiento.

El Club Deportivo Naco, de donde surgió Tito Horford (ex NBA), se convirtió también en el espacio donde fortaleció la mentalidad colectiva y la disciplina exigidas para competir al máximo nivel. Estos valores fueron resaltados por los entrenadores de la época y documentados en robertocavada.com y primicias.net.

Proyección nacional e internacional con la selección juvenil dominicana

El siguiente paso fue su selección para representar a la República Dominicana en equipos juveniles. Integrar la selección Dominicana constituía, entonces, uno de los mayores honores deportivos para cualquier joven atleta.

En este escenario, Peralta compitió en torneos regionales e internacionales, lo que le permitió enfrentarse a rivales del Caribe y América Latina.

La vivencia de estos campeonatos internacionales amplió la visión de Peralta sobre el deporte y contribuyó a perfeccionar habilidades que resultaron útiles fuera de las canchas. La exigencia de estos certámenes influyó de modo determinante en su carácter.

Un tirador adelantado a su tiempo en el baloncesto dominicano

Entre sus virtudes sobresalió la capacidad para lanzar y anotar desde larga distancia. Primicias.net destaca que, en aquellos años, su precisión ofensiva desde el perímetro era excepcional en el contexto local, donde predominaba el juego cercano al aro.

Esta habilidad convertía a Peralta en un elemento capaz de cambiar el desarrollo de los partidos. Su conocimiento táctico y su versatilidad le permitían destacarse como anotador y facilitar el juego para sus compañeros, aportando al funcionamiento colectivo del equipo.

Cuando el baloncesto y la música compitieron por su futuro

Durante la adolescencia, la vida de Peralta transcurrió entre el deporte competitivo y el inicio de su andadura musical. Mientras formaba parte de clubes y selecciones, también trabajó como Disc Jockey en la emisora HILX, la principal estación de rock y heavy metal de Santo Domingo.

Esta dualidad le permitió desarrollar una disciplina diversa: durante el día entrenaba y asistía a clases o partidos, mientras que en las tardes y noches programaba música y exploraba distintos géneros. La exposición temprana a una variedad tan amplia de estilos musicales acabaría influyendo notablemente en su creatividad.

La participación de Peralta en ambos ámbitos fortaleció su capacidad organizativa y su sentido de la responsabilidad, y fue en esta época cuando descubrió que su pasión musical se profundizaba. La incorporación al Grupo Fragmento supuso un punto de inflexión para su identidad artística.

Chichí es un referente de la música centroamericana

El legado deportivo de Chichí Peralta, más allá de la música

La decisión de dejar una posible carrera en el baloncesto profesional llegó cuando Peralta percibió que la música era su verdadera vocación. La elección no fue sencilla, pero obedeció a una inclinación artística presente desde la infancia.

Aunque cerró esta etapa deportiva, Peralta mantuvo el vínculo con el baloncesto de forma recreativa y valoró siempre lo aprendido sobre trabajo en equipo, disciplina y rigor técnico. Su formación como jugador dejó una huella duradera, que trasladó a su vida como músico y productor.

Si bien no llegó a consolidarse como figura profesional del baloncesto, su trayectoria deportiva inspiró parte del nivel de excelencia y perfeccionismo que después aplicó a la música, donde descolló acompañando a Juan Luis Guerra y luego como frontman, con canciones que se convirtieron en ícono, como “la ciguapa” o “procura”.

“Tu amor es algo tímido, reñido; es algo típico, nada especial. Eso dirían los demás”, reza una de sus letras más recordadas. Ese “amor narcótico” de Chichí Peralta bien podría ir dedicado al básquet, tal como le ocurrió a Ricardo Arjona, otro músico apasionado por la pelota naranja.