
Llegó a Italia en un avión privado, como una de las figuras más esperadas de los Juegos Olímpicos de invierno. Siete veces campeona mundial y medallista olímpica, Jutta Leerdam, de 37 años, buscará dejar su huella en Milán-Cortina d’Ampezzo 2026 como lo hace con sus más de cinco millones de seguidores en Instagram cada vez que comparte una imagen de su intimidad, ya sea sola o acompañada por su pareja, ni más ni menos que el influencer y boxeador Jake Paul.
La neerlandesa es una de las grandes favoritas en las pruebas de patinaje de velocidad en los 1000 metros y 500 metros. Dicen que cuando patina, se adueña del frío, se convierte en parte de ese vértigo feroz que corta el aire y deja tras de sí un eco de aplausos. Es una imagen perfecta: esa determinación que la llevó a la presea de plata en Beijing 2022. Y se convirtió en el “gran fenómeno mediático” de estos JJOO, según lo definieron los medios europeos. Su imagen es una de las más utilizadas. Aunque también recibió críticas por sus actitudes de “diva” al arribar en un jet privado, separada del resto de su equipo y rodeada de su séquito.
“Ya vive como millonaria. Su comportamiento me parece horrible, como el de una diva. Si yo fuera su entrenador, no lo toleraría. Poco a poco, todo Países Bajos empieza a estar un poco harta de su comportamiento”, señaló el analista y ex futbolista Johan Derksen, según puntualizó Daily Mail.
Antes de Jake Paul, la neerlandesa ya era una estrella en Países Bajos, una atleta de las que no necesitan palabras. Con cada desliz en la pista helada, ella no solo ganaba títulos; construía un legado. Campeonatos del Mundo y una base masiva de fanáticos que la seguía con una devoción que, para muchos, va más allá de los logros deportivos.
Era abril de 2023 cuando Jake Paul y Jutta Leerdam decidieron dar el paso. Como suelen hacer las parejas modernas, lo anunciaron sin palabras, con una imagen. El youtuber, que supo vencer a Mike Tyson y cayó por KO ante Anthony Joshua en el epílogo de 2025, publicó una foto donde le sostenía la mano a Jutta. La frase que acompañaba la imagen era simple, pero directa: “Ahora soy holandés”. Una declaración audaz, en su estilo provocador, como si el boxeador no estuviera solo sosteniendo la mano de una mujer, sino adentrándose en un mundo completamente nuevo, dispuesto a compartir hasta su nacionalidad.
Del otro lado, Jutta respondió. Publicó una imagen donde ambos aparecían mirándose, como si el mundo no importara. Ella agregó dos palabras: “Eso es todo”. Casi un susurro, un código secreto que parecía decirlo todo y a la vez no decir nada. Como si todo fuera tan simple como esa mirada.
La sorpresa no duró. En cuestión de minutos, sus seguidores, que sumaban millones, convirtieron esas fotos en tema del día. Miles de comentarios llenaron las publicaciones, especulando sobre el romance. Jake y Jutta sabían lo que hacían; ambos manejaban el juego de las redes como dos veteranos. Pero nadie imaginaba cómo aquella conexión virtual inicial, en la plataforma de Instagram, se convertiría en una relación que parecía genuina, incluso real. Entre ambos sumaban un imperio de seguidores, un ejército que respondía a cada publicación como una llamada.
Los titulares no tardaron en llegar. La prensa recogió la historia como si se tratara de una nueva pelea del ex actor de la factoría Disney, solo que esta vez, era la batalla de su vida personal.
La relación no era ningún secreto. Para mayo, Jake Paul y Jutta Leerdam se habían convertido en una pareja de redes, de esas que exponen lo justo y necesario, calculando cada publicación para emocionar y mantener al mundo al borde del abismo de la curiosidad.

Ella lo acompañó a él en cada incursión en el ring, con nervios y pasión. Y se transformó en un imán para las cámaras. Él también viajó para respaldarla en sus competencias. Y hay expectativa por su posible aparición cuando Leerdam hunda las cuchillas de sus patines en el hielo (su participación inicia este fin de semana).
Mientras, su presencia no pasa inadvertida.




