Estudiantes que viven en residencias para mayores: una feliz experiencia intergeneracional

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Convivencia de jóvenes y adultos mayores en el hogar Humanitas en Deventer, Países Bajos

“Aprendí que una persona ajena a mi familia también puede convertirse en una abuela. En mi caso, esa persona es Marty Weulink, una mujer de 90 años que ya me considera su nieto. Los momentos con ella han sido los mejores aquí”, dice Soers Doman, de 20 años “Jamás imaginé que tomar sopa con una mujer que investiga sobre mis orígenes en Google usando el iPad que yo le enseñé a manejar me hiciera tan feliz”. Es el testimonio de Soers Doman, un joven holandés de 20 años, de familia kurda, que vive en el hogar Humanitas en la ciudad de Deventer, en Países Bajos.

En esta modalidad, estudiantes universitarios viven gratis en residencias de adultos mayores. En lugar de pagar alquiler, dedican 30 horas al mes a hacer amistad con los residentes. La iniciativa surgió para combatir la soledad en la tercera edad y, al mismo tiempo, ofrecer a los jóvenes una alternativa real frente al alto costo de la vivienda.

En vez de dinero, el intercambio se basa en tiempo compartido: conversaciones, comidas, juegos, apoyo con tecnología y compañía cotidiana. El resultado ha sido convertir estos lugares en espacios de convivencia intergeneracional donde los mayores recuperan dinamismo y los estudiantes encuentran aprendizaje, calidez y sentido de comunidad, demostrando que la conexión humana puede ser más valiosa que el pago de un alquiler.

Jóvenes complartiendo un momento con adultos mayores (imagen ilustrativa)

Soers Doman es un estudiante universitario holandés de 20 años. Cuando llega a su residencia después de clases le gusta conversar con sus compañeros de piso. Pero no se trata de los habituales room mates de estudiantes. Los residentes con quienes comparte su día a día tienen, en algunos casos, más de 90 años. El joven vive en un hogar de ancianos, el Centro Residencial Humanitas, en la ciudad de Deventer, en el este de Holanda. El hogar halló una “fórmula ideal” para mejorar la calidad de vida de sus residentes.

Allí viven gratis estudiantes universitarios, que a cambio de su alojamiento interactúan con las personas mayores en las formas más variadas, desde enseñarles a tomar una selfie hasta cómo usar un iPad para comprar por internet. Es un sistema en el que “todos ganan”, según cuenta a BBC Mundo la directora del centro, Gea Sijpkes.

“Los estudiantes no se preocupan por el dinero para su vivienda y los residentes se benefician con el humor y la presencia de la juventud”, dijo Sijpkes. Los estudiantes aprenden además a “ser más compasivos y valorar la vida”.

Así lo testimonia también Soers Doman, en una entrevista con el diario El País. “Nada es obligatorio y no hay horarios establecidos para convivir, se trata de realizar tus actividades diarias e integrar a los demás. Puedes visitarlos en su vivienda (cada uno tiene baño, cocina y cama propia) y jugar o simplemente conversar. Si hacemos fiestas siempre los invitamos y rara vez dicen que no. Les encantan”, explica el joven.

Jóvenes de visita en una residencia de ancianos en España (Fundación Diocesana de Enseñanza Santos Mártires de Córdoba - España)

El enriquecimiento mutuo es también cultural. En el caso de Soers, cuya familia es oriunda de Turquía, los residentes se interesan en su historia y en las razones de su venida a los Países Bajos. “La interacción se basa en cosas simples del día a día. Algunos residentes están muy interesados también en mi origen étnico, ya que soy kurdo, y también en mis amigos, en mis cursos, en cómo me va en los exámenes”, señaló Soers. “Yo vivo y estudio aquí, pero mis abuelos viven en Turquía, específicamente en el área kurda. Los conocí hace 10 años y jamás los volví a ver. Claro que me gustaría volver a encontrarlos, pero mientras eso pasa, aprendí que una persona ajena a mi familia también puede convertirse en una abuela. En mi caso, esa persona es Marty Weulink, una mujer de 90 años que ya me considera su nieto”.

Esta mujer no solo se interesa en la historia de Soers y de su familia. El joven estudiante la ayuda a navegar en su iPad. “Tiene el hobby de coleccionar carritos de bebé en miniatura, para muñecas, y le encanta comprarlos en un sitio de subastas online, parecido a Ebay. Así que le doy una mano con eso”, explica.

El beneficio de vivir en el centro va más allá de la renta para los estudiantes, según Soers. “Son personas con mucha experiencia, Marty me cuenta cómo fue sobrevivir durante la Segunda Guerra Mundial, que fue una época muy dura en nuestro país. Es diferente escucharla a ella que leerlo en un libro”, aclara. “Y además, en forma casi automática, al vivir aquí te vuelves más compasivo. Aquí eres más consciente sobre la muerte y eso te hace apreciar más la vida”.

(Imagen Ilustrativa Infobae)

Los orígenes del proyecto

La idea nació en 2012, cuando el sistema nacional de asistencia a mayores en Holanda entró en crisis. “Hubo un gran cambio porque está previsto que el número de personas mayores se duplique en el futuro”, señaló la directora de Humanitas.

El estado holandés anunció que sólo contribuiría al costo de residencias en caso de mayores de bajos recursos. “Ante la crisis financiera yo me pregunté, ¿cómo podemos mejorar la calidad de vida de nuestros residentes sin aumentar los costos?”, cuenta Gea Sijpkes.

Fue así que esta directora tuvo la idea de abrir la residencia a estudiantes. El edificio cuenta con cerca de 150 pequeños apartamentos con su propio baño y kitchenette, y entonces decidió ofrecer algunos apartamentos sin costo a jóvenes universitarios. “Nuestra meta es la felicidad, queremos una sonrisa al día para nuestros residentes, que haya alegría de vivir además de seguridad”.

La presencia de jóvenes en residencias para adultos mayores cambia el clima, el estado de ánimo, los intereses y hasta los temas de conversación

Un estudio de Andrew Steptoe, de University College en Londres, determinó en 2013, por ejemplo, que la falta de interacción con familiares y amigos aumenta significativamente el riesgo de muerte. Lo fundamental son las interacciones del día a día. La presencia de los jóvenes ha cambiado los temas de conversación y la energía de los residentes mayores.

La directora del Centro en Holanda no tiene dudas de que su idea ha sido todo un éxito. “Desde que están los estudiantes notamos que las conversaciones entre los residentes cambiaron. Antes se centraban en la próxima cita médica, un dolor de rodilla o si los hijos vendrían a visitarlos”, señaló Sijpkes. “Ahora comentan incluso si los estudiantes tienen pareja, cómo les fue en una fiesta, qué planes de futuro tienen”.

La experiencia de Humanitas, en Deventer, se replica en otra ciudad neerlandesa, en el hogar Maartenshof, de Groningen.

Pero por el momento, salvo alguna iniciativa como enfoques de convivencia intergeneracional en Japón, donde los ancianos tienen actividades con escuelas infantiles cercanas, o en diversas residencias en Europa (Bélgica, Francia, Portugal), no se han dado a conocer otras experiencias similares a las de los Países Bajos.

Sijpkes cree que otros hogares deberían seguir el ejemplo. “Muchas personas nos visitan para ver qué hacemos, pero no he visto que muchos hogares hayan copiado el modelo”. Y expresa su deseo de ver más hogares como el suyo. “Espero en el futuro que muchas otras residencias hagan lo mismo. Les puedo asegurar que este intercambio diario con los jóvenes, realmente, funciona”.

¿Y en Argentina?

Por ahora, las experiencias que se registran son de intercambios puntuales y no de convivencia, como en el caso de los Países Bajos. Vale la pena, sin embargo, mencionar el proyecto “Mi amigo mayor”, de Santa Fe, que conecta a niños de la comunidad con residentes de hogares, promoviendo el intercambio de historias y emociones.

En la Ciudad de Buenos Aires, se desarrollan programas que unen a personas mayores de 60 años con niños y jóvenes en actividades lúdicas y educativas, y en los que se reconoce a los seniors como transmisores de valores. También, existen actividades conjuntas donde los mayores enseñan recetas y los jóvenes asisten en el uso de tecnologías, celulares o computadoras.

En la universidad de Córdoba, el Proyecto Intergeneracional del Programa Universitario de Adultos Mayores (PUAM) facilita el vínculo entre personas de la tercera edad y niños para generar lazos saludables.

Es de esperar que en breve se pueda ofrecer alguna solución más de fondo para fomentar un intercambio enriquecedor para ambos grupos generacionales, los mayores y los jóvenes, donde todos se beneficien con la experiencia.