El país entero estaba expectante. Era el 2 de marzo de 1967. Y, en las afueras de la abadía de San Benito, una multitud se había agolpado con la ilusión de poder saludar a los novios. Otros, sin embargo, se acomodaron en los sillones de sus casas esperando el momento de la ceremonia, mientras escuchaban el relato minucioso de Nicolás Pipo Mancera, que había decidido trasmitir la boda en vivo y en directo para Sábados Circulares. Era la primera vez que un casamiento iba a verse por televisión. Y los que estaban a punto de unirse en matrimonio eran, ni más ni menos, que Ramón Palito Ortega y Evangelina Salazar.
Pasaron ya 59 años, desde ese día que muchos aún recuerdan. Durante estas más de cinco décadas tuvieron seis hijos (Martín, Julieta, Sebastián, Emanuel, Luis y Rosario) y ya cuentan con siete nietos, Benito (hijo de Julieta), Dante, Paloma y Helena (hijos de Sebastián), Bautista e India (hijos de Emanuel) y Ramsés (hijo de Luis), el cantante y la actriz siguen tan unidos como el primer día.
“Está un uno saber qué es lo que quiere de la vida. Tal vez, tenga que ver con mi propia experiencia. Porque, de chico, tenía grabada la imagen de lo que fue la separación de mis padres. Yo me crié con mi padre solo y a mi madre la reencontré de grande. Y, todo eso, parece que no, pero fue pesando en mi comportamiento. Siempre pensé que, el día que encontrara a la persona con la que quisiera caminar de la mano, no me iba a separar jamás. Así que cuando llegó, la tomé muy fuerte como para encarar el camino con ella. A mí me fascinaba la idea de tener una familia. Y, gracias a Dios, la pude concretar. Porque hoy no solo tengo a mi mujer y a mis hijos, sino también a mis nietos que son el regalo más grande que he podido tener”, reflexionó Palito en una entrevista con Infobae al ser consultado sobre el que considera su mayor logro.

¿Cómo había comenzado todo? Corría el año 1965. El cantante oriundo de la ciudad de Lules, Tucumán, ya era un artista famoso gracias a su participación en El Club del Clan y estaba por rodar su sexta película: Mi primera novia. En principio, el director del film, Enrique Carreras, había pensado en su amiga Marilina Ross para que fuera su coprotagonista. Y todos estaban de acuerdo con eso. Pero después de mantener una entrevista con Evangelina, cambió de parecer. Es que esta muchacha, de apenas 21 años, tenía todo lo que se necesitaba para lucirse en ese papel.
“Encontré la cara, ya tengo a tu primera novia”, le dijo Carreras a Ortega apenas se lo cruzó por los pasillos de Argentina Sono Films. El director sabía que el cantante y Salazar podían formar una buena pareja de ficción. Lo que no se imaginaba era que la relación se iba a trasladar también a la vida real. En ese momento, solo pensaba en hacer una película taquillera. Y el cantante confió en su olfato con los ojos cerrados.
“Yo no la conocía, pero compré una caja de bombones y fui el primer día de filmación al set. Entré y pregunté quién era Evangelina. Ella se estaba maquillando y levantó la mano tímidamente. Le di los bombones y le dije: ‘Que tengas buena suerte’. Después me fui. Empezamos a grabar y yo los primeros días no registraba nada. En cambio, ella me sonreía y parecía siempre feliz de verme. Se acercaba con el librito a repasar la letra y yo me iba, era muy antipático”, le contó Palito en una oportunidad a Susana Giménez.

Por aquellos años, se estilaba empezar el noviazgo y seguir con un compromiso formal, con pedido de mano y anillo incluido, hasta el día de la boda. Pero Ortega, quizá por su timidez, no era tan romántico como sus personajes de ficción. “Nunca le propuse casamiento, nunca le dije que me gustaba y mucho menos que quería casarme”, reconoció. Sin embargo, siempre supo que Evangelina sería su esposa y logró llegar a su cometido de una manera diferente.
De hecho, a los tres meses de haberla conocido, Palito le insinuó a Salazar que podían legalizar su relación con un fin práctico: quería que lo acompañara en un viaje a Israel. Pero, en ese momento, los padres de la actriz se opusieron. No obstante, a ella le quedó claro que las intenciones de Ortega eran serias cuando la llevó a ver una propiedad que tenía en Avenida del Libertador, supuestamente, para la venta.

“Fuimos al décimo piso de un edificio y me mostró un departamento sin decorar, a terminar. Sube el portero y le dice que tiene un candidato, porque se ve que Ramón lo compró para venderlo, y él le respondió: ‘Ya no está a la venta porque me voy a casar’. ¡Así me enteré! También me señaló un colegio justo enfrente, y me dijo: ‘Ahí vamos a mandar a los chicos. Ponemos un tobogán y los mandamos por ahí’. Todo era un juego”, recordó Evangelina.

Así, un año y medio después de aquel encuentro fortuito en un set de filmación, ambos pasaron por el Registro Civil de la calle Arcos al 1900 el 27 de febrero de 1967. Y, días más tarde, se encontraron frente al altar, donde el sacerdote Lorenzo Molinero los unió en matrimonio. Además de las cámaras locales, que ya habían mostrado los preparativos de los contrayentes, había reporteros de todo el mundo registrando el momento del “sí“.
Tras una breve luna de miel por Acapulco y en el sur de los Estados Unidos, el cantante voló hacia España para filmar la película Amor en el aire junto a Rocío Durcal y la actriz se puso al frente de la serie infantil Jacinta Pichimahuida. Con el tiempo, sin embargo, ella optaría por dejar de lado su carrera para dedicarse exclusivamente a su familia. Y recién cuatro décadas después, recibió la tan ansiada propuesta formal de matrimonio que, por supuesto, aceptó. Así las cosas, el 2 de marzo de 2017 y celebrando sus bodas de oro, Palito y Evangelina renovaron sus votos en Roma, con una ceremonia oficiada por el Papa Francisco. Y, de esta manera, coronaron su historia de amor.



