El día que las Fuerzas Armadas lanzaron una feroz crítica contra el gobierno de Isabel Perón y la trama del plan “desgaste”

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Armando Lambruschini era jefe del estado mayor general de la Armada cuando se pronunció con dureza contra el gobierno

Había mucha expectativa sobre lo que el vicealmirante Armando Lambruschini diría en el acto para recordar a Guillermo Brown del miércoles 3 de marzo en la plaza que lleva el nombre del almirante irlandés que peleó para los argentinos y que se destacó en la guerra contra los brasileños.

Lambruschini era jefe del estado mayor general de la Armada desde diciembre de 1974. Para justificar sus palabras en el acto, apeló a una frase extraída de una editorial de La Gaceta de Buenos Aires del 27 de septiembre de 1810: “Un soldado es un hombre dedicado por profesión a sostener la Patria”, y agregó que “y hoy y acá, en la Nación argentina en su último cuarto de siglo, sigue siéndolo”.

“Los de 1810 eran horas muy difíciles, como las presentes; los conceptos de 1810 deben ser recobrados para los argentinos de 1976”, en una clara alusión comparativa entre ambas épocas.

El almirante Guillermo Brown, ya anciano, en un daguerrotipo. Murió en su quinta

Lambruschini había nacido el 15 de junio de 1924 y en diciembre de 1946 había egresado como guardiamarina. Perteneció a la promoción 73 de la Armada y era compañero de Emilio Massera. El marino fue comandante del Crucero General Belgrano y le pasó el mando al capitán de navío Alfredo Astiz.

Ese 3 de marzo a las once de la mañana, la presidenta Isabel Perón recibía a las 62 Organizaciones. Su titular, el metalúrgico Lorenzo Miguel, explicó que la reunión era para apoyar la gestión y dar sus puntos de vista sobre la acción de gobierno.

Luego, Isabel sumó a los ministros Roberto Ares, de Interior, Emilio Mondelli, de Economía y Miguel Unamuno, de Trabajo. Los sindicalistas no pusieron reparos en el plan económico cuando el titular de la cartera les aclaró que venía con severos ajustes.

El 3 de marzo el gremialista Lorenzo Miguel se reunió con Isabel Perón para evaluar la marcha del gobierno (NA)

En el acto por Brown, el gobierno estaba representado por el salteño José A. Deheza, ministro de Justicia. Era uno de los que sostenía dentro del justicialismo que Isabel debía terminar el mandato, en oposición a otra corriente que afirmaba que debía ser reemplazada para evitar que su lugar fuese ocupado por un militar. La realidad era que a la presidenta nadie la quería. Los militares sólo esperaban que se siguiese desgastando para justificar el golpe.

Deheza, quien era yerno del general Eduardo Lonardi, había tenido una activa participación en el derrocamiento de Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955, y en el gobierno de Isabel ocupaba interinamente la cartera de Defensa.

También estaban los comandantes generales de Ejército, Marina y Fuerza Aérea, Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti, quienes fueron aplaudidos por el público presente.

Había mucha expectativa porque se sabía que lo que allí se dijese era lo que pensaban las fuerzas armadas, idea que cobraba aún mayor relevancia por la presencia de los tres comandantes. Se descontaba que los jefes estaban en conocimiento del contenido del discurso.

Tapa del diario Clarín del 4 de marzo de 1976, con Lambruschini rodeado de los comandantes de las tres fuerzas

Lambruschini señaló que “cuando en el hombre con mando existe un déficit de ánimo templado, el accionar denota la carencia de ese timbre que solo puede conferir una vida de servicio. Entonces el poder, considerado como objetivo por sí mismo, no deja de ser una ebriedad patética nacida de la ausencia de la justificación ética. Y semejante déficit, dramático y vergonzoso, es causa de algo tan grave como puede serlo el factor desintegrante de la cohesión necesaria del cuerpo social”.

“Esta es la causa por la cual los hombres que sirven a los intereses permanentes de la Nación solo hacen del poder la herramienta idónea para gestar en el hoy lo que será el mañana. Tal fue la actitud y el accionar del almirante Brown”, destacó.

Remarcó que parecían “características distintivas de idealistas ingenuos“ los que defendían “los bienes del espíritu, el valor de la verdad, la templanza y la clarividencia en el mando, la persistencia en el cumplimiento de la misión autoimpuesta, la honestidad en los procederes y la inteligencia al servicio de la Nación”.

El acto no fue emitido por la cadena nacional, los canales solo difundieron imágenes y fueron las radios las que transmitieron los principales conceptos del jefe naval.

Italo Luder, detrás de Isabel Perón, el 17 de octubre de 1975. El entonces presidente del Senado fue criticado por demorar su pronunciamiento sobre un pedido de una asamblea legislativa

Al finalizar, los tres comandantes permanecieron un rato en el lugar, tal vez poniéndose de acuerdo en los detalles de la reunión que mantendrían esa misma tarde.

Es que estaba en el ambiente el llamado a una asamblea legislativa “para considerar la emergencia nacional”, un motivo que el oficialismo sostenía que no estaba contemplado en la Constitución. Había un pedido de Carlos Perette, presidente del bloque radical del Senado en conjunto con los diputados radicales. Esa noche del 3 de marzo los radicales organizaron una conferencia de prensa en la que expusieron sus intenciones.

El ministro del interior Ares aseguró que convocar a una asamblea era inconstitucional y que lo que se buscaba era “la destrucción del peronismo”. Llamó la atención la actitud de Ítalo Luder, presidente del Senado y un experto en derecho constitucional, que demoró más de la cuenta en responder si la convocatoria era válida o no. Al día siguiente, a las diez y media de la mañana, los legisladores del Frejuli quedaron en reunirse para cerrar filas.

Juicio a las juntas. Lambruschini detrás de Graffigna. Sería condenado a ocho años de prisión (Télam)

Es que el país era un caos económico, político e institucional, y la violencia tampoco paraba. Ese 3, en Córdoba, era asesinado por terroristas el cabo primero de la policía provincial José Oscar Cebrero, de 30 años, chofer de la brigada de informaciones. Lo mataron muy cerca de su casa, cuando volvía de trabajar. Estaba casado y tenía dos hijos.

En 1978, cuando el almirante Massera pasó a retiro, tenía dos candidatos en carpeta para sucederlo. Uno era el vicealmirante Luis María Mendía, jefe de Operaciones Navales y el otro el contraalmirante Lambruschini. Massera se inclinaría por este último, ya que sabía que Mendía era más ambicioso mientras que Lambruschini podía ser más manejable.

El flamante jefe debió soportar, en la conducción, una suerte de doble comando, ya que Massera, si bien estaba retirado, había convertido sus oficinas de la calle Cerrito en su centro de operaciones políticas. Por allí, desfilaban más jefes navales que por el Edificio Libertad.

Entre el 15 de septiembre de 1978 y el 11 del mismo mes de 1981, Lambruschini integró la Junta Militar junto al general Roberto Viola, con quien lo unía la simpatía por el radicalismo, y el brigadier Orlando Agosti.

Como comandante de la Armada, suscribió contratos con empresas alemanas para la construcción de submarinos, fragatas y corbetas, proyectos que quedaron a mitad de camino.

Un mes antes de asumir, sufriría un golpe terrible. El 1 de agosto un comando montonero colocó 25 kilos de nitroglicerina en el departamento contiguo al que ocupaba en Pacheco de Melo 1957. Como consecuencia de la explosión, murió su hija Paula, de 15 años, los vecinos Margot Obarrio de Vila (docente jubilada de 82 años), Ricardo Alvarez y un custodio del marino. Otros diez vecinos terminaron con heridas.

El oficial marino sostenía que “la subversión es un fenómeno psicótico que, enmascarado en una ideología, se crea en el campo político”.

Durante el conflicto con Chile por el Canal de Beagle, adhirió a la línea dura de Massera y, cuando el Proceso se desintegraba, se pronunció a favor de una salida política. Lo sucedió en su cargo en la junta el almirante Jorge Isaac Anaya.

En 1985, en el juicio a las juntas, fue condenado por la Cámara Federal a ocho años de prisión por privación ilegítima de la libertad reiterada y privación de la libertad con homicidio y tormentos. Nunca quiso que sus abogados usasen el asesinato de su hija como argumento de defensa.

Destituido de la Armada, en marzo de 1990 quedó en libertad por haber cumplido las dos terceras partes de su pena, y en diciembre fue beneficiado por el indulto de Carlos Menem. En el 2003 hubo un intento de extraditarlo a España por una causa abierta por el juez Garzón.

Murió el 15 de agosto de 2004, a los 80 años, por problemas cardíacos. Ya había corrido demasiada agua bajo el puente de aquellos años en que advertía sobre los peligros del poder cuando éste pasaba a ser una ebriedad patética por la ausencia de una justificación ética.