Edadismo: los prejuicios asociados a la vejez refuerzan estigmas y desdibujan identidades

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El lenguaje que la sociedad utiliza para nombrar a las personas mayores impacta directamente en su identidad y autoestima. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La manera en que la sociedad nombra y reconoce a las personas mayores determina de forma directa su percepción de sí mismas y tiene consecuencias concretas sobre su salud y participación social. Graciela Spinelli, licenciada en Gerontología y responsable del Departamento de Gerontología del Centro Los Pinos, centro especializado en atención geriátrica, expone que el contexto social y los prejuicios asociados a la vejez pueden reforzar estigmas, desdibujar identidades y profundizar el fenómeno del edadismo, en un escenario global donde se prevé que para 2050 habrá más de 60 años que menos de 15 por primera vez en la historia de la humanidad.

Spinelli (M.P. 271294) subraya que la identidad se construye gracias a la mirada propia y, principalmente, a los mensajes recibidos de los demás. en la vejez, etapa marcada por transformaciones sociales y familiares, la forma en que se nombra influye decisivamente.

En esta entrevista, Spinelli sostiene que nombrar “abuelo” o “abuelita” a cualquier persona mayor resulta problemático porque implica encasillar a todos bajo un mismo rol, sin considerar la diversidad de trayectorias vitales.

Graciela Spinelli, especialista en gerontología, advierte sobre el rol de los prejuicios y el edadismo en la percepción social de la vejez.

―¿Qué impacto tiene en la identidad de las personas mayores el modo en que la sociedad las nombra?

―La identidad de una persona se construye a lo largo de la vida con lo que cada uno piensa de sí mismo y, sobre todo, con lo que recibe de los demás. Por supuesto, esto es cambiante en todo el curso de vida y no es distinto en la vejez, sobre todo porque es una etapa de muchos cambios en el aspecto social, familiar y la propia imagen corporal; no es extraño que alguien diga al encontrarse con otra persona: “qué bien que estás”. “No pasa el tiempo para vos”, etc., aunque a veces solo sea por cortesía.

―¿Por qué nombrar “abuelo” o “abuelita” a cualquier persona mayor puede resultar problemático?

―Si la sociedad nombra a las personas mayores por el rótulo de un rol, lo encasilla en ese lugar indebidamente y, por supuesto, su identidad se desdibuja: “Si no llegué a ser abuelo no soy nada”. Sabemos que no es así de ninguna manera, y por otro lado, los diminutivos más que ser cariñosos tienden a infantilizar.

―Desde la gerontología, ¿por qué la abuelidad debe entenderse como un rol y no como una condición ligada a la edad?

―La gerontología estudia todo el proceso de envejecimiento, y comenzamos a envejecer desde que nacemos, a lo largo de la vida desempeñamos distintos roles. Por ejemplo, el rol de hijo lo perdemos el día que nuestros padres se van, el resto de los roles que nos toquen en la vida dependerán de las decisiones que tomemos nosotros y las futuras generaciones.

Cada vez hay menos nacimientos, se prevé que para 2050 habrá más personas de 60 años que menores de 15 por primera vez en la historia de la humanidad, por lo tanto, la gran mayoría de estos mayores no será abuelo, ¿por qué nombrarlos así entonces? Los que decidan no ser padres no podrán esperar que alguien les diga mamá o papá, ¿por qué debería ser distinto con una persona mayor?

―Con el aumento de la expectativa de vida, ¿cómo cambia la idea tradicional de la jubilación?

―Este tema es muy interesante, una persona de 60 o 65 años hoy puede estar en el esplendor de sus capacidades intelectuales, laborales, físicas y relacionales, ¿por qué debería abandonar la vida laboral?

En un momento se pensó que esto era necesario para dejar lugar a las nuevas generaciones cuando en realidad lo más rico sería que estas personas pasen su legado a los que vienen. “La sabiduría y la experiencia de vida” no se aprenden en una universidad y para una persona mayor transmitir su legado le permitirá experimentar un sentido de trascendencia, punto fundamental para dar sentido a la vida y aceptar exitosamente el paso del tiempo.

El fenómeno de los 'abuelos esclavos' muestra la falta de respeto por el derecho de las personas mayores a elegir cómo usar su tiempo libre.

―¿Qué se entiende por el fenómeno de los llamados abuelos esclavos?

―Este término se utiliza para denominar a aquellos abuelos que no les fue posible decidir o expresar sus deseos en cuanto a cómo utilizar su tiempo libre llegando a la jubilación o la vejez. Muchas personas esperan este momento para realizar las actividades que en época laboral no podían, tienen sueños, inquietudes y deseos por cumplir.

Si se les impone usar ese tiempo cuidando todos los días a los nietos, lo harán con amor, pero terminarán agotados y lo que es más, sentirán que su tiempo y posibilidad de decidir qué hacer con él, no fue respetado. Aquellos que cumplen esta tarea y no pueden expresar lo que sienten, terminan en muchos casos manifestando síntomas de agotamiento, el cuerpo habla lo que la boca calla.

―¿Por qué es importante preguntar a una persona mayor cómo prefiere ser llamada?

―Porque tiene derecho a decidir cómo quiere ser llamada, como cualquier otra persona, incluso puede ser que desee que no todos la llamen igual. El nombre o como nos llaman nos identifica, nos da identidad.

La tendencia a llamar “abuelo” o “abuelita” a todas las personas mayores genera estigmas y desconoce la diversidad de trayectorias vitales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

―¿Qué es el edadismo y cómo se manifiesta en la vida cotidiana?

― Es el prejuicio de creer que a cada edad corresponde determinado lugar en la sociedad, o determinado rol. Hoy estos cambios son muy notorios en toda la sociedad, se decide ser madre o padre a mayor edad que años atrás, como también puede decidir realizar una carrera universitaria o aprender un idioma luego de la jubilación, por el simple placer de adquirir conocimientos.

¿Qué impide que esto pueda ser así? La neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro de adaptarse y formar nuevas conexiones, vino a demostrar que esto es posible e incluso beneficioso para construir nuevas vías neuronales; el edadismo entonces viene de personas que no tienen flexibilidad mental y quedaron detenidas en el tiempo sin aceptar los cambios de la sociedad.

―¿Qué consecuencias puede tener el edadismo en la salud y en la participación social de las personas mayores?

―La identidad de una persona mayor se ve atacada por distintos factores, si la sociedad devuelve rechazo por querer ejercer un rol activo dentro de la misma esto puede sentirse en el cuerpo. “No soy valorado”, “no soy escuchado”, “me siento invisible a los ojos de los demás”, “mi experiencia y opinión no tiene valor”, si una persona mayor percibe algunos de estos temas de las personas que lo rodean, irá cayendo en un estado de angustia que seguramente derivará en enfermedad.