El día que Bielsa perdió un clásico y enloqueció por una broma: “Si se avivaba, nos mataba”

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Como a todo habitante del planeta fútbol, a Marcelo Bielsa no le gusta perder. Pero de acuerdo a las formas, esa llaga que produce la derrota puede ser aún más lacerante para el Loco… Incluso en un amistoso, como aquel clásico del 18 de febrero de 1998.

Antes del inicio de la campaña que le dio a Vélez el título en el Torneo Clausura 1998, en Trenque Lauquen, se disputó un Clásico del Oeste como parte de los certámenes de verano. El Fortín y Ferro, que era dirigido por Gerónimo Saccardi, máximo ídolo de Oeste, viajaron con sus principales figuras. No obstante, pese a comenzar ganando, el conjunto que dirigía el actual entrenador de la selección de Uruguay terminó sucumbiendo 3-2, en un duelo que llenó de fútbol los ojos de los espectadores.

El resultado y, sobre todo, el desarrollo, o algunos detalles tácticos que sus pupilos no supieron resolver, dejaron enojado a Bielsa, que entonces tenía 42 años. Los de Liniers abrieron el marcador a los 24 minutos, luego de un balón al área de Marcelo Gómez que el Cholo Posse impactó con una pirueta espectacular.

En el mejor momento de Vélez, Diego Bustos se filtró al área por la banda izquierda y le cometieron penal. Víctor López remató con prestancia ante Pablo Cavallero y firmó el 1-1. Instantes después, el enganche uruguayo filtró para Bustos, quien superó en astucia y velocidad a sus marcadores, definió por arriba, el arquero alcanzó a amortiguar el impulso de la pelota, pero Alberto Yaqué empujó en la línea: 2-1 en un suspiro.

En el complemento, Jorge Cordon sorprendió con una jugada a pura habilidad y obstinación que resolvió desde el piso para rubricar el 3-1. Y Patricio Camps, de tiro libre, decoró el score, que le entregó el trofeo al conjunto de Caballito.

Fue uno de los últimos clásicos del Oeste. Hubo apenas cinco más: el último, una victoria de Vélez por 1 a 0 en el Torneo Clausura 2000, el que decretó el descenso de Ferro a la Primera Nacional. Desde entonces, en 26 años, no se organizaron amistosos ni hubo cruces en otras competencias, como la Copa Argentina. Pese a su Vía Crucis en el Ascenso, el elenco verdolaga se mantiene en el puesto 14 en la tabla histórica de Primera División.

Tras el encuentro, se dio una charla entre el ofuscado Bielsa y Saccardi, quienes tenían una cordial relación pese a la rivalidad entre las instituciones. Durante el diálogo, el Loco aceptó que estaba contrariado por cómo había perdido su equipo, porque la manera en la que había jugado no había “estado de acuerdo con sus aspiraciones”.

También tuvo espacio para el elogio. “Cacho, usted no tiene un jugador rápido. Usted tiene al jugador más rápido del fútbol argentino”, le dijo al ex volante central, en referencia a Diego Bustos, que en el Clausura posterior llegó a marcarle tres goles a Boca y luego fue vendido al Nantes de Francia. Bielsa también felicitó al entrenador adversario por cómo había planteado el partido, con Bustos como el pico de un pájaro carpintero detrás del lateral derecho, sector en el que gestó dos de los goles.

Pero hubo un episodio del que Bielsa nunca se enteró. O al menos, nunca supo la historia completa. Y lo contó Enrique Polola, histórico preparador físico de Ferro y también campeón con Boca, en el libro “Cacho Saccardi, el último guerrero romántico”. Fue una travesura, impulsada por el espíritu siempre zumbón del ídolo de Oeste, que falleció en 2002 a los 52 años.

Cacho Saccardi marca a Maradona en su época como futbolista. El Día del Hincha de Ferro es el 1° de octubre porque coincide con su nacimiento, lo que marca la magnitud de la idolatría de los hinchas del Verde por el ex volante central (@LibroSaccardi)

“Como todos los hinchas de Ferro, Cacho tenía algo especial contra Vélez. Al final del partido, Bielsa, con el que Cacho tenía muy buena relación, salió a la cancha a trotar. Estaba todo oscuro y nosotros estábamos en el auto, escondidos. Entonces empezamos a silbarle. El Loco miraba para todos lados, re caliente, queriendo saber de dónde venía el sonido. Y nosotros seguíamos silbándole ja ja. Después nos fuimos, si Bielsa se avivaba nos iba a matar”, evocó el profe en el libro, y las carcajadas trascienden las páginas de la biografía.

Más allá de la urticaria por la inocente broma y lo que vio en el césped, Bielsa sabía que tenía material para construir con ladrillos de éxito. “Creo que Vélez tiene posibilidades de protagonizar el campeonato de AFA y el objetivo nuestro es confirmar esas posibilidades”, había dicho, con su tono monocorde, en la conferencia de prensa previa al partido. El Fortín fue campeón con seis puntos de ventaja sobre Lanús.

Tras la consagración, el Loco saltó al Espanyol de Barcelona y, apenas seis partidos después, fue contratado por la Asociación del Fútbol Argentino para reemplazar a Daniel Passarella en la Selección, con la que ganó la medalla de oro olímpica, arrasó en las Eliminatorias, pero también sufrió un porrazo en el Mundial de Corea-Japón 2002, donde la Albiceleste, gran candidata, quedó eliminada en fase de grupos.

En la casa de la Selección, se convirtieron en leyenda sus excursiones para trotar por el predio de Ezeiza, al atardecer o muchas veces con la luna como vigilante. Allí, nadie se animó a aguijonearlo con los silbidos.