
A Florencia Bollini -quien murió en circunstancias misteriosas en Ibiza – en Europa la conocían como “la pitonisa de los ricos”, la “gurú de los famosos” y la “chamana de los empresarios de éxito” o “la chamán corporativa”. Pero la argentina de 44 años era mucho más que eso.
Florencia, oriunda de San Isidro, era empresaria y licenciada en Comunicaciones Estratégicas y poseía “un talento extraordinario”, tal como la definió su entorno que destacó que contaba con nacionalidad italiana y que residía en Estados Unidos.
Fue, además, fundadora, CEO y accionista mayoritaria de Nana Hels LLC, un emprendimiento de terapias con psicoactivos, apuntado a sectores del más alto nivel adquisitivo, que había conseguido más de 2 millones de dólares de inversiones a nivel mundial.

De acuerdo a un artículo de Forbes México, promovía “la investigación científica con universidades de renombre internacional, así como soluciones de escala para métodos innovadores de expansión de la conciencia, como alternativa para tratar la salud mental”. La entrevista, publicada en julio de 2008, se realizó con motivo de su primera conferencia en ese país sobre la “Molécula Divina” (the Word Bufo Alvarius Conference).
Según la publicación, entre los personajes que acudieron a la especialista argentina “están nombres como el de Brock Pierce, gurú de las criptomonedas, Bjarke Ingels (uno de los arquitectos más creativos del mundo), y la princesa y política de Jaipur, India, Diya Kumaris, entre otros».
Sobre su método explicó: “Luego de hacer distintos estudios en medicina tradicional en varios continentes, como África, América y Asia, me di a la tarea de desarrollar una metodología que nos permite conectar con los empresarios y líderes, entender dónde se encuentran, hacia dónde quieren ir y apoyarlos con esta mezcla de técnicas a que puedan enfocarse mucho mejor”.

La argentina apareció muerta la madrugada del 14 de octubre de 2024, a cuatro días de su cumpleaños, en una mansión de un magnate sueco ubicada en una villa de lujo del municipio Sant Antoni de Portmany, en Ibiza, durante una fiesta que daba para 150 personas.
Su cuerpo apareció desnudo sobre una mesa en un sauna, rodeado por velas, hojas, calabazas y otros elementos, en una postura antinatural. ¿Se trataba de un ritual? ¿De una ofrenda? ¿Fue víctima de una muerte violenta? A dos años, su familia no tiene respuestas concretas porque la Justicia española resolvió entregar el cadáver a amigos de Florencia para cremarlo sin autorización de la familia.
“La única evidencia que tenía el expediente, en manos del Juzgado de Instrucción N°2, a cargo de Paloma Poveda Bernal, fue destruida», se indigna su entorno, que logró reabrir el caso en septiembre del año pasado, luego de reclamar por la incineración, que autorizó otro juzgado que no intervenía en la causa.
Los familiares, al mismo tiempo, reclaman por una serie de irregularidades y buscan que se incorpore como evidencia clave los datos del anillo inteligente de Florencia (Oura Ring) que, de acuerdo a sus allegados, marcó que su corazón se detuvo más de dos horas antes (a las 23.25) de la llamada al 911 (de las 2.17) que advertió del hallazgo de la mujer, descompensada, pero, supuestamente, todavía con vida.
La autopsia
La causa cuenta con fotos del cuerpo de Bollini sobre la mesa de autopsia realizada el 15 de octubre de 2024 en el establecimiento de Pompas Fúnebres de la ciudad española. Del lado izquierdo, muestra partes quemadas y un hematoma en el abdomen, pero es su mano la que aparece más dañada, como si hubieran tratado de arrancar el anillo que, según promociona la empresa que lo confecciona, es capaz de medir el sueño y la salud con precisión médica.
Luego de abrir el sudario, el Servicio de Patología anotó que el cadáver no portaba “ninguna prenda consigo, con diversas joyas, tales como pendientes, anillos y pulseras”. Adjudicó el tono verdoso de la zona abdominal y ombligo a la descomposición interior. Precisó que la mano y la pierna izquierda presentaban quemaduras de índole grave.

Sin embargo, se aseguró: “No se pueden observar, en principio, indicios de violencia”.
Aunque, al comparecer al día siguiente, Alejandro Palacín Calavia, responsable de la autopsia, aseguró en sus conclusiones que se trató de una “muerte violenta a causa de un shock cardiogénico, a raíz de una muerte súbita en posible relación con intoxicación por sustancias estupefacientes”.
Llama la atención que el perito dio precisión con minutos de la data de muerte: “02:17 del día 14 de octubre de 2024″. Por último, determinó: “Tras el estudio necrópsico realizado y si interesa llevar a cabo la incineración del cadáver, no existen inconvenientes médico-forenses para la misma”.
El juzgado pidió análisis toxicológicos cuyos resultados llegaron el 14 de noviembre de 2024. El documento señala que uno de los conocidos de la “finada” indicó que “en México le diagnosticaron de patología cardíaca”, sin dar más precisiones ni contar con evidencias de tal patología.
En noviembre, esa posibilidad se descartó, según indicaron sus allegados a este medio. “No tenía problemas”, indicaron.
En un casillero que reza “indicios de criminalidad y otros datos de interés” anotaron: “Debido a la fisiopatología y lesiones que presenta, se sospecha de la participación en la muerte de la Bufotenina (toxina del Sapo Bufo que se utiliza en ceremonias espirituales)“. Alguno de los testigos aportó: ”Era su sustancia favorita y principal a la hora de realizar sus rituales».
El estudio, sin embargo, encontró otras drogas en dosis no mortales y no detectó ningún rastro del veneno del sapo.



