Quiero comenzar saludando a Daniel y su familia; a mi coequiper en esta ceremonia, el Profesor Juan Antonio Giner; al Rector de la Universidad Nacional de La Matanza, el Profesor Daniel Eduardo Martínez; a las autoridades, docentes, alumnas y alumnos de esta casa de estudios; y a las invitadas e los invitados a esta ceremonia.
Le agradezco a Daniel su generosa invitación para hablar en este evento. El estar aquí con ustedes es un privilegio y una alegría para mí, ya que siempre es maravilloso “honrar la excelencia que transforma la sociedad”, como dijo Juan Antonio. Y más aún en este caso porque Daniel es un profesional a quien admiro y del que aprendo constantemente, y un amigo al que aprecio mucho. Digo esto al comienzo de mi breve exposición para que quede claro que no voy a hablar amparado por la pretensión de imparcialidad. Sin embargo, espero convencerles de que mi admiración y mi aprecio no me impiden ser objetivo en mi comentario sobre los méritos que justifican holgadamente el otorgamiento del título de Doctor Honoris Causa.
Daniel Hadad ha logrado con Infobae lo que ningún periodista ni empresario periodístico había podido conseguir previamente: posicionar a un sitio nativo digital como el medio más importante del mundo de habla hispana mediante una estrategia que se nutre de la especificidad de los distintos países, y por ende contribuye a fomentar la comunicación en las comunidades hispanoparlantes dentro de un contexto global marcado por una tendencia a la incomunicación producida por la creciente polarización. He aquí la excelencia—lograr lo que nunca nadie había conseguido, al punto que para muchos parecía imposible—y la transformación social—facilitar la comunicación en un mundo cada vez más incomunicado.

Para poder dimensionar adecuadamente la magnitud de estos logros, es útil contextualizarlos en tres círculos concéntricos que se superponen como los anillos Olímpicos: la evolución de los medios en español durante los siglos diecinueve y veinte; el desarrollo de las tecnologías digitales en las últimas tres décadas; y la configuración cultural de la comunidad hispanoparlante en el mundo. Desde mediados del siglo diecinueve, las grandes empresas de habla hispana de periodismo impreso y de radiodifusión se han caracterizado por su orientación nacional, sus valores tradicionales y su posicionamiento como emisores de información. El costo de las imprentas y equipos de radiodifusión, asociado al rol central de las regulaciones nacionales, contribuyó a que las grandes empresas de esta industria se mantuvieran dentro de las fronteras nacionales en los distintos países en los que operaban. A su vez, esto las llevó a adoptar posturas tradicionales de defensa del status quo comercial y a lo sumo innovaciones graduales de los productos y procesos existentes en lugar de orientaciones más innovadoras que pudieran aprovechar oportunidades disruptivas. Por último, su manera de construir la información siempre estuvo ligada a la comunicación de masas, donde desde un centro determinado se emitían las noticias para quienes las consumían en distintas partes del territorio, incluso más allá de sus fronteras, como empezó a pasar con la televisión por cable en las últimas décadas del siglo veinte.
La comercialización de la World Wide Web a mediados de los noventa significó un cambio radical en la creación y distribución de la información que alteró drásticamente el contexto de las empresas periodísticas. Las tecnologías digitales globalizaron la circulación de la información al bajar los costos de acceso para el público. También bajaron los costos de producción del contenido al punto tal que cualquier persona con una computadora primero y un teléfono móvil después se transformaron en potenciales emisores de noticias. Esto ha llevado a una expectativa de comunicación de comunicación en red, donde no hay un solo centro emisor del que irradia información. Por último, el mundo digital está marcado por la innovación radical y disruptiva, donde el presente es vertiginoso y el futuro impredecible.

En tan sólo unas décadas, la pujanza del cambio tecnológico digital, con su globalización, su estructura en red y su innovación radical, ha desplazado del centro de la escena al periodismo impreso y de radiodifusión, y sus preferencias por el contexto nacional, la comunicación de masas, y la tradición—o en el mejor de los casos la innovación gradual.
Este desplazamiento es aún más notable en el contexto de la comunidad hispanoparlante, cuya configuración esta atravesada por al menos dos características distintivas: la heterogeneidad cultural y el dinamismo migratorio. Seis cientos treinta y cinco millones de personas hablan español, lo que equivale aproximadamente al 7.5% de la población del planeta. De estos, hay quinientos millones para los cuales el español es la primera lengua. Pero esto no significa que sea un grupo homogéneo. Por el contrario, hay mucha diversidad cultural—e incluso lingüística— entre los hispanoparlantes. Esto hace que cualquier medio de noticias que quiera ser exitoso en la comunidad en su conjunto—y no dentro de un único país—debe operar con una estructura en red, donde hay muchos centros de emisión de información ya que los contenidos que importan en un contexto nacional no necesariamente importan en otros.
Esta diversidad cultural se ha acentuado en la última década con el incremento de los flujos inmigratorios. De 2000 a 2024, América Latina y el Caribe experimentaron un aumento del 23% en la población migrante. Y en los Estados Unidos—el segundo país del mundo en términos de población de habla hispana—la comunidad latina creció de 57 a 68 millones en la década que va de 2015 a 2025. Estas tendencias migratorias acentúan el valor de un medio de comunicación digital con estructura en red, ya que quienes somos migrantes estamos interesados en saber lo que acontece tanto en nuestro país de origen como en el de residencia.
En el centro de estos tres círculos concéntricos se aloja Infobae: un medio nativo digital, con una estructura en red que se manifiesta en distintas ediciones nacionales empapadas de la cultura de los respectivos contextos en los que operan, con una sensibilidad cultural que atiende a la diversidad de las comunidades hispanoparlantes, y que le aporta insumos informativos a las redes familiares e interpersonales compuestas de consumidores en distintos lugares del mundo.
Pero entonces surge la pregunta: ¿dado que estos círculos concéntricos son relativamente visibles todos los competidores, por qué hay un solo medio que ha logrado habitarlos exitosamente como Infobae? Ahí está la cualidad única de Daniel Hadad, por la que hoy es reconocido con su Doctorado Honoris Causa: Daniel es un periodista y emprendedor ambidiestro que, por un lado, posee un conocimiento profundo de los medios tradicionales—como bien describió Juan Antonio—y, por el otro, tiene la osadía que caracterizan a los mejores innovadores del mundo digital, dispuestos a apostar por lo imposible porque saben que es la única forma de transformarlo en realidad. Dicho de otra manera, Daniel es un rara avis en el mundo del periodismo en Hispanoamérica y más allá, que lo podríamos llamar un insider / outsider: como insider tiene el know-how adquirido en mil batallas libradas en el cierre del siglo veinte y como outsider tiene la energía y el desparpajo de intentar inventar algo nuevo en los albores del veintiuno.
Y es por esta combinación original entre tradición e innovación, su exitosa manifestación liderando el medio número uno en el mundo de habla hispana, y su contribución a que nos comuniquemos mejor en un contexto global en el que cada vez nos escuchamos menos, que hoy se honra a mi querido Daniel Hadad con este más que merecido Doctorado Honoris Causa.



