La “maldición” de 64 años que deberá romper la selección argentina en el Mundial para obtener el título

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Italia festejando el título mundial en 1934

Obtener el Mundial es un logro que solo ocho países han alcanzado desde la primera edición de 1930. Consagrarse en la cita ecuménica es una conquista que todo amante del fútbol anhela. Alzar el trofeo que erige a un seleccionado como el mejor del planeta le dio estatus de héroes a casi todos los jugadores que lo han conseguido. Es por eso que conquistar la gloria del certamen más importante en dos ocasiones consecutivas es una epopeya pocas veces vista. La selección argentina tiene la oportunidad de romper con una “maldición” de 64 años.

La historia indica que Italia y a Brasil son las únicas selecciones que pudieron coronar dos veces seguidas. La Azurra celebró en las Copas del Mundo de 1934 y 1938 y al hacerlo escribió uno de los capítulos más singulares del fútbol internacional.

El primero de esos títulos llegó en el verano de 1934, cuando Italia recibió la segunda edición del Mundial entre el rugido de las tribunas y la sombra alargada del poder. El dictador Benito Mussolini había convertido el torneo en un escaparate del régimen fascista y la presión sobre la Azzurra era tan visible como los carteles oficiales que empapelaban las ciudades anfitrionas. El seleccionado, dirigido por Vittorio Pozzo, no cedió ante ese peso y avanzó partido a partido en un formato de eliminación directa -novedad de aquella edición- que no admitía tropiezos.

Pelé defendió a Brasil con 17 años en el Mundial de Suecia 1958 y se coronó campeón. (AP)

El camino no fue limpio. La serie ante España quedó marcada por la dureza física y por decisiones arbitrales que generaron controversia en toda Europa. Fue necesario un partido de desempate para que Italia pasara, y esa tensión no abandonó al equipo hasta la final frente a Checoslovaquia, disputada en Roma ante más de 50.000 espectadores. El elenco checo se adelantó en el marcador, pero los italianos igualaron y forzaron el alargue -el primero en la historia de una final mundialista-. Angelo Schiavio marcó el gol que cerró el 2-1 y entregó a los azurri la corona.

Cuatro años después, el escenario cambió pero el protagonista fue el mismo. Francia acogió en 1938 la tercera edición del torneo, con 15 selecciones, 18 partidos y 84 goles a lo largo de apenas dos semanas, entre el 4 y el 19 de junio. Italia llegó como campeona vigente y con la misión de convertirse en la primera selección en defender el título fuera de su propio territorio.

El hombre que cargó con la armadura de aquel equipo fue Giuseppe Meazza, capitán y figura de la Azzurra. Pozzo, su entrenador, lo describió con una frase que quedó grabada en la memoria del fútbol: “Su presencia era similar al hecho de empezar todos los partidos arriba 1-0”.

Argentina, por su parte, estuvo ausente en 1938 por razones distintas. El país había aspirado a organizar el torneo y, al perder la sede ante Francia, optó por no competir. Luego intentó solicitar su exclusión de las eliminatorias, pero la FIFA rechazó el pedido.

Mientras Italia avanzaba, el torneo tenía su propio poeta del gol. Leônidas da Silva, delantero de Brasil, anotó en los cuatro partidos que disputó y terminó el torneo con 7 tantos, el registro más alto de la competencia. Su ausencia en la semifinal ante los italianos fue uno de los misterios más comentados de aquella Copa del Mundo: el entrenador Ademar Pimienta decidió no alinearlo con el argumento de preservarlo para una final que Brasil nunca alcanzaría. “Lo dejo descansar”, fue la frase que le valió el rechazo popular y, por un tiempo, la imposibilidad de regresar a Río de Janeiro sin enfrentar la furia de los hinchas.

Mario Zagallo, de la selección de Brasil, dispara para anotar ante Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de Chile, el 10 de junio de 1962 (AP Foto, archivo)

La final de Francia 1938 se disputó en el estadio Yves-du-Manoir. Enfrente, Hungría. Italia no necesitó prórroga esta vez: Gino Colaussi marcó dos goles, Silvio Piola otros dos, y el 4-2 final no dejó lugar a la duda. Los húngaros descontaron a través de Pál Titkos y György Sárosi, pero no les alcanzó. Así, la Azzurra se convirtió en la primera bicampeona.

24 años después, un seleccionado levantó el trofeo en dos ocasiones consecutivas: Brasil en 1958 y 1962. La Canarinha arribó a la edición de Suecia con una figura que estaba a punto de escribir historia: Pelé. El joven de 17 primaveras debutó en Gotemburgo el 15 de junio y llegó para no irse más.

Con Didí, Garrincha y Zagallo en el ataque, Brasil avanzó sin obstáculos. En semifinales, Pelé marcó tres goles ante Francia en una victoria por 5-2. El 29 de junio, en la final, los suecos cayeron 5-2 ante un fútbol que no reconocía fronteras ni esquemas. Vavá anotó dos veces; O´Rey, otras dos. El Scratch alzó el trofeo Jules Rimet, que era el que se entregaba en ese entonces, por primera vez en su historia. El paso de Argentina en la cita de 1958 fue conocido como “El desastre de Suecia”, pero eso es otra historia.

En tanto, Garrincha llegó a Chile 1962 como figura secundaria. Pelé era el eje del sistema, la columna vertebral de un equipo que el entrenador Aymoré Moreira había construido alrededor de su estrella. Pero el desgarro que sufrió el astro ante Checoslovaquia en la fase de grupos cambió la geometría del torneo para siempre.

Manuel Francisco dos Santos, apodado Garrincha, tenía la columna desviada y las piernas torcidas. El biógrafo brasileño Ruy Castro, en su libro Estrela Solitária, escribió que el futbolista “desafiaba las leyes de la anatomía”. Esa condición física, lejos de ser una limitación, era su arma más letal: un cuerpo que los defensores no podían calcular porque la mecánica humana no lo contemplaba.

El punto de quiebre llegó ante España. Con el marcador en contra y la clasificación en riesgo, Garrincha destrabó el esquema que Helenio Herrera había diseñado para contenerlo. En cuartos de final, ante Inglaterra en Viña del Mar, anotó dos goles y asistió en el tercero.

En semifinales, ante el local Chile en el Estadio Nacional de Santiago, convirtió otros dos goles en una victoria por 4-2. Terminó expulsado por responder a las faltas sistemáticas de los defensores locales. La FIFA, en una decisión sin precedentes para la época, aceptó las gestiones de la confederación brasileña y lo habilitó para la final. La amonestación previa y la tarjeta roja fueron reconsideradas por el comité organizador.

Brasil venció a Checoslovaquia por 3-1 en la final con goles de Amarildo, Zito y Vavá. Garrincha jugó ese partido con fiebre alta, pero su sola presencia en el campo alteró el planteo táctico del director técnico checo Rudolf Vytlačil. Terminó como el máximo goleador del torneo con cuatro goles, distinción que compartió con otros cinco futbolistas, aunque el premio al mejor jugador del certamen fue exclusivamente suyo. Esa fue la última vez que una selección se consagró en dos ocasiones consecutivas.

15 ediciones de la Copa del Mundo pasaron desde ese entonces y ningún equipo logró el hito nuevamente. Argentina, tras consagrarse en 1986, estuvo cerca de conseguirlo en 1990, pero perdió en el duelo decisivo ante Alemania. Brasil, en 1998, cayó en la final con Francia y no pudo revalidar el título de 1994. En 2022, la Albiceleste privó a los galos de sumarse al selecto grupo de bicampeones.

La edición de 2026 será la oportunidad perfecta para que Argentina rompa con esa “maldición”. Primero, deberá pasar la fase de grupos. Su camino en la defensa al título comenzará el martes 16 de junio frente a Argelia, en el Kansas City Stadium. Luego, el lunes 22, se medirá con Austria. En la última fecha, el 27/06, cerrará con Jordania.

La selección argentina buscará romper la