
La noche del sábado 23 de mayo, una caminata rutinaria por la calle Vieytes, a pocos metros de la avenida Fuerza Aérea, se transformó en una pesadilla para Malena, una joven cordobesa que iba acompañada de una amiga y de su perra Mora. El recorrido habitual por el barrio se vio abruptamente interrumpido por el accionar de motochoros, una modalidad delictiva que, según denuncian vecinos, se ha vuelto habitual en la ciudad de Córdoba.
El asalto no solo dejó a Malena con lesiones en el rostro, sino que sumió a la familia en la angustia por la desaparición de su compañera de cuatro patas, arrebatada por los delincuentes en medio de la agresión. La ausencia de un teléfono móvil, que suele ser el blanco principal en este tipo de robos, llevó a los asaltantes a un acto aún más cruel: la sustracción de la mascota, que quedó registrada como el objeto del botín.
La situación, difundida inicialmente por la propia Malena a través de redes sociales, generó una ola de solidaridad y preocupación entre vecinos y organizaciones de protección animal.
Según el testimonio de la víctima, el ataque ocurrió de forma repentina y violenta. Dos personas a bordo de una motocicleta interceptaron a las jóvenes y exigieron pertenencias de valor. Al notar que Malena no llevaba teléfono móvil, los agresores reaccionaron con golpes. La joven recibió varios puñetazos en el rostro, mientras los delincuentes intentaban obtener algún objeto que pudieran sustraer.
De acuerdo a lo informado por el portal El Doce.tv, la desaparición de Mora se convirtió en la principal preocupación de Malena, quien decidió recurrir a grupos de vecinos y plataformas digitales para solicitar ayuda. La joven compartió fotos y descripciones precisas de su perra, con la esperanza de movilizar a la comunidad y aumentar las posibilidades de encontrarla.
En mensajes difundidos en redes sociales, Malena pidió a los residentes de barrios cercanos —Rosedal, Ameghino, Matienzo, Los Plátanos, Los Naranjos y zonas aledañas— que estén atentos ante cualquier avistamiento.
El caso resonó especialmente por el valor afectivo de la mascota, quien la acompaña desde hace más de una década y que, en palabras de su dueña, se volvió aún más importante tras una reciente pérdida familiar.
La movilización en las plataformas digitales permitió que la historia trascendiera el entorno inmediato y llegara a medios provinciales, ampliando el alcance del pedido de colaboración.
Malena brindó detalles sobre la condición de Mora para facilitar su identificación. Describió que la perra “está viejita, castrada, no es de ninguna raza y está ciega de un ojo”. Estas características particulares, junto con la ausencia de un pedigrí comercial, refuerzan el carácter sentimental del vínculo y la desesperación de la dueña por recuperarla.
La joven insistió en la posibilidad de que los delincuentes abandonen a la mascota en cualquier zona. “Tal vez la tiren en algún lado, por eso les pido que estén atentos así la recupero”, manifestó. La preocupación por el estado de salud de la perra, sumada a la incertidumbre sobre su paradero, motivó la rápida reacción solidaria de numerosos vecinos.
La joven solicitó a quienes tengan información sobre el paradero de Mora que se comuniquen por redes sociales o con las autoridades policiales locales, destacando que la colaboración ciudadana es clave para lograr una pronta recuperación de la perra.
Y el caso de Malena y Mora expone un episodio de violencia urbana que trasciende el daño material para instalar en la agenda pública el impacto emocional de los delitos cometidos en la vía pública. El robo de mascotas, si bien no es un fenómeno nuevo, adquiere una dimensión especial cuando se produce en contextos de agresión física y privación de compañía para personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad emocional.



