Tony Janzen Valverde Victoriano, alias “Pequeño J”, acusado de ser parte del brutal triple crimen narco de Florencio Varela donde tres jóvenes fueron brutalmente mutiladas por un supuesto robo de droga o dinero, se ajusta a su nueva vida en la cárcel de Marcos Paz. Vive bajo un régimen de encierro casi total, el mismo que se reserva para capos narco y que se le aplicó a Uriel Cantero, el príncipe heredero de Los Monos de Rosario, o a jefes del submundo como “Mameluco” Villalba.
Encerrado en el área de jóvenes adultos en una celda individual, sale dos veces por día. No tiene contactos con otros detenidos. Su abogado defensor, el penalista Lucas Contreras Alderete, es su principal interlocutor, con una defensa organizada por su madre y su hermana desde Trujillo, Perú.
En el marco de su nueva estrategia legal, Janzen Valverde amplió su indagatoria en una audiencia celebrada por Google Meet. Allí, apuntó a un pequeño misterio del caso: el jogging blanco que fue hallado en el allanamiento a su escondite, la casa de su última novia en Isidro Casanova, a donde la DDI de La Matanza de la Policía Bonaerense llegó luego de que un informante lo entregara tras ver su cara en televisión.
Según el acta del allanamiento, ese pantalón tendría sangre, con tres manchas en la zona de la entrepierna. Según declaró Valverde a la Justicia, son de vino.

Valverde Victoriano lo afirmó en su declaración, realizada el lunes 18 de este mes. Este dato no fue vertido en la transcripción, sin embargo, fue confirmado por dos fuentes clave en el expediente. “Pequeño J”, incluso, aseguró que el vino se le volcó mientras lo bebía en el festejo de su cumpleaños número 20, que ocurrió ocho días antes del triple crimen.
La coincidencia es interesante: si se trata de sangre, y si es de las víctimas –Morena Verdi, Lara Gutiérrez y Brenda del Castillo-, entonces, ese pantalón blanco es la prueba más firme contra el joven peruano. Usó una prenda idéntica en una reunión con otros imputados en Quilmes el día previo a los asesinatos.
La investigación del triple crimen -primero llevada adelante por la UFI de Homicidios de La Matanza y luego por el juez federal Jorge Rodríguez y el secretario Ignacio Calvi- es una de las más exhaustivas de la historia reciente. Sin embargo, la pericia a esas manchas en el pantalón, aseguran fuentes claves del caso, todavía está pendiente.
La ampliación de la indagatoria fue al menos llamativa. Aquí, Valverde cambió el relato sobre su rol. Pasó de ser el llamado autor intelectual al que los medios convirtieron en un nuevo jefe del submundo a un simple mandadero que vivía en una pieza con cama cucheta en la villa Zavaleta, un tercera línea de Miguel Ángel Villanueva, uno de los principales imputados.
Celeste González Guerrero, novia de Villanueva, fue quien complicó a “Pequeño J” y a Matías Ozorio, su compañero de fuga a Bolivia, al delatarlos en su relato. La defensa de “Pequeño J” la criticó fuertemente en su apelación.
Hay tramos que parecen excesivos en su declaración. Aseguró, por ejemplo, que Miguel Villanueva, su pareja, habría matado gratis a las chicas, pero que “Pequeño J” cobró “un millón de dólares” por coordinar la mayor atrocidad del mundo narco en la historia reciente. Antes del triple crimen, “Pequeño J” vivía en una pieza alquilada.
En su relato, insistió con que desconocía el plan para matar a Brenda, Morena y Lara y que estuvo en la casa del crimen en Villa Vaettone, pero no durante los hechos.
El juez federal Rodríguez lo acusa de los delitos de privación ilegal de la libertad coactiva agravada y homicidio criminis causa agravado por violencia de género, premeditación, alevosía, ensañamiento. Si es condenado, es prisión perpetua. No hay otra para “Pequeño J”. Esto, sin contar una posible imputación por narcotráfico. Mientras tanto, una apelación para lograr su excarcelación se encuentra en curso.



