La increíble historia del Teatro Coliseo: el único auditorio del mundo que pertenece a Italia, pero está en Buenos Aires

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El Teatro Coliseo, el único del mundo que pertenece a un país y está en otro

Cada 2 de junio, Italia celebra la Fiesta de la República Italiana. Este año no es una fiesta más: se cumplen 80 años del referéndum de 1946 que definió el nacimiento de la Italia moderna. Italia dejó atrás la monarquía, eligiendo constituirse como república después de la Segunda Guerra Mundial.

Pero hay una manera singular de conectar esta historia italiana con la Argentina y se halla en Buenos Aires. Uno de sus más importantes teatros, el Coliseo, ubicado en la calle Marcelo T. de Alvear, a una cuadra de la avenida 9 de Julio, es propiedad del gobierno italiano. No hay otro caso igual en el mundo.

Historia

El Teatro Coliseo Argentino se construyó en 1905 como un gran circo ecuestre. Su original y extraordinaria estructura fue apreciada y elogiada en las mayores publicaciones de arquitectura de la época. Desde 1907 se afirmó como uno de los teatros de ópera más importantes de la ciudad de Buenos Aires y de toda América Latina, donde se exhibían los mejores intérpretes y las compañías más importantes de su género.

En el Teatro Coliseo nació la radio argentina

En 1920 ocurrió algo extraordinario. Desde la terraza del Teatro Coliseo, un grupo de jóvenes estudiantes de medicina, conocidos históricamente como “Los locos de la azotea” (Enrique Susini, César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mujica), realizó una de las primeras transmisiones radiales del mundo. La ópera Parsifal, de Wagner, fue emitida al aire desde el Coliseo. Ese día nació la radio argentina.

Construido en 1905, se consolidó como uno de los lugares de referencia en el ámbito teatral (Crédito: Joaquín Divito)

El inmigrante que se convirtió en conde

Para entender cómo Italia terminó siendo dueña de un teatro en Argentina, hay que volver a una figura que parece salida de una novela: Felice Lora.

Lora nació en Italia en 1863. Llegó a la Argentina desde Piamonte en 1886, con una simple valija de cartón cargada de sueños. Inició su vida aquí haciendo trabajos humildes hasta lograr convertirse en un exitoso empresario inmobiliario y filántropo, que nunca olvidó sus raíces ni sus luchas iniciales. Por sus obras filantrópicas, el rey de Italia nombró a Felice Lora conde y Grande Ufficiale.

Antes de partir de este mundo, Lora donó más que dinero. En 1925, destinó su herencia para que se construyera la Casa d’Italia, un gran palacio para la comunidad italiana en Buenos Aires. En 1937, el Estado italiano adquirió formalmente el edificio del teatro gracias a la importante donación de Lora, consolidando lo que hoy sigue siendo una anomalía fascinante: un teatro italiano en territorio argentino.

Actualmente, sigue siendo un punto de encuentro donde Italia se expresa en Buenos Aires

La Casa d’Italia se instaló en el histórico edificio del Teatro Coliseo, donde el mismo Lora había aplaudido a Caruso. A lo largo de los años, el edificio vivió transformaciones hasta convertirse en el actual Palazzo Italia, sede del Teatro Coliseo, el Instituto Italiano de Cultura, la Cámara de Comercio Italiana y la Universidad de Bologna. El Consulado italiano también tuvo allí su hogar durante más de 60 años.

En 1942 se inició la demolición del edificio preexistente y comenzó la construcción de un nuevo y ambicioso edificio de cinco pisos, donde se estableció el Consulado en 1944. En 1961 se inauguró el Teatro Coliseo, en presencia del presidente Arturo Frondizi y del presidente de Italia, Giovanni Gronchi. En 1971 se creó la Fundación Cultural Coliseum, que lo administra actualmente. Desde su nueva apertura, el Teatro Coliseo se afirmó como uno de los más importantes teatros de Buenos Aires. En 2012, por voluntad de la Embajada de Italia, la Fundación lanzó un importante proceso de restauración integral del teatro para adecuarlo a las normas actuales de seguridad y mejorar su estética y funcionalidad, respetando las estructuras originales.

Hoy el Coliseo sigue siendo un punto de encuentro donde Italia se expresa en Buenos Aires: conciertos, ópera, teatro, cine, debates y encuentros académicos. Un puente vivo entre dos identidades que, en realidad, nunca estuvieron separadas.

Las historias detrás de las butacas

Hay, sin embargo, un proyecto reciente que resume mejor que nada el alma del Teatro Coliseo.

Se llama Dedica. La propuesta es simple y poderosa: adoptar una butaca y dedicarla a un antepasado inmigrante. Detrás del asiento, un código QR permite acceder a su historia.

Ubicado en el corazón de la ciudad de Buenos Aires ya lleva más de 100 años en la historia porteña (Nicolas Stulberg)

Cada butaca se convierte en una biografía: un nombre, un viaje, una vida reconstruida. Un albañil que llegó de Calabria, una costurera piamontesa, un comerciante genovés, una familia que cruzó el océano sin saber si volvería.

Sentarse en el Coliseo es, literalmente, sentarse sobre la memoria de la inmigración italiana.

Una república hecha de historias

Se podría definir al Teatro Coliseo como un símbolo de la identificación cultural entre Italia y Argentina, desde el arte hasta la gastronomía, desde la arquitectura hasta las costumbres de la vida cotidiana.

Pero nadie pudo definir la italianidad como Jorge Luis Borges, quien afirmó en un reportaje no sentirse completamente argentino porque no tenía una gota de sangre italiana en las venas. Un ejemplo opuesto sería el del otro argentino más universalmente conocido fuera del ámbito del deporte, Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, quien afirmaba sentirse completamente argentino pese a tener el cien por ciento de sangre italiana.

Hoy celebramos los 80 años de la República Italiana, de la italianidad. Una identidad que ya vibraba en Argentina desde mucho antes.