A 40 años del inédito torneo que no tuvo campeón, condenó a Huracán al descenso y llevó a Sportivo Italiano a Primera

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La formación de Sportivo Italiano en cancha de Vélez, la noche del ascenso, el martes 24 de junio de 1986

La tantas veces prometida reestructuración del fútbol argentino había llegado. Y con muchos cambios: les dijimos adiós a los queridos nacionales, los torneos de todas las categorías pasaban a disputarse de junio a junio y la histórica Primera B se transformaba en la tercera división. Pero entre el fin de una era y el comienzo de otra, existió un certamen. Poco recordado, con muchas figuras, un ascenso inesperado y con la insólita particularidad de no consagrar a un campeón.

El ascenso de Sportivo Italiano. Conmocionante por la manera y el rival del partido decisivo, pero también merecido para una institución que luchaba hacía muchos años en busca de ese sueño. Con un grupo de futbolistas que venían actuando juntos desde varios torneos atrás y se encontraron ante la gran posibilidad de sus carreras. Y no la desaprovecharon.

Un año antes, al iniciarse 1985, las cosas se mantenían como siempre. Cuatro categorías y el desarrollo desde febrero/marzo hasta diciembre. Muchos proyectos siempre estaban circulando en cercanías de Julio Grondona para aplicar diversos cambios. Finalmente llegaron. Se disputó el último nacional de la historia, con inédito formato de ruedas de ganadores y perdedores, en el semestre inicial. En julio levantó el telón el primer torneo por temporadas. En paralelo, el ascenso continuaba con los certámenes pautados, para culminar con el cierre del año. En el caso de la Primera B, fue una competencia muy recordada, por la aplastante superioridad de Rosario Central, campeón con amplia ventaja, y el sufrido ascenso de Racing, luego de dos años de penurias, con el gol de Néstor Sicher frente a Atlanta en cancha de River.

El registro de Solo Fútbol con los dos hechos inéditos en una misma noche

Con ambos se dio un caso particular, ya que debían estar seis meses sin competencia oficial. Tomaron caminos distintos. El cuadro rosarino dio a préstamo sin opción a todos los jugadores (repartidos entre Boca, Platense, Colón y Los Andes), mientras que la Academia vivió el insólito episodio de alquilar su plantel a Argentino de Mendoza, que luchaba por obtener una plaza en el Nacional B, hecho que no se consumó

La AFA anunció la creación del Nacional B, que a partir de julio del ‘86, post Mundial de México, pasaría a ser la segunda categoría, quedando la tradicional B, como la tercera. En el medio quedaban seis meses, que iban a servir para disputar el Apertura que determinaría qué equipos pasarían a formar parte de la innovadora competencia, con un pequeño detalle: no habría campeón.

La hinchada de Sportivo Italiano copando la popular de Vélez la noche soñada

Tomaron parte los 18 cuadros que estaban en el ‘85, excluidos los dos ascendidos mencionados y Sarmiento y Talleres de Remedios de Escalada, que perdieron la categoría. Y se sumaron Defensa y Justicia y Deportivo Armenio, ganadores de la C. Los 20 equipos se dividieron en dos zonas de 10. Los cuatros primeros de cada una, se clasificaban al novel Nacional B, mientras que los restantes se quedaban en la categoría, que era un descenso de hecho. Si bien no había campeón, si existía el premio de jugar en primera. Los siete mejores de este torneo Apertura, más el segundo peor promedio de primera, disputarían una liguilla para determinar el equipo que se mantenía (si era este último) o ascendía a la máxima categoría.

El primer sábado de febrero arrancó una competencia poblada de futbolistas que ya habían tenido un paso importante por la primera división. En Atlanta: Roberto Mouzo, Pablo Comelles, Carlos Fren y Miguel Ángel Converti. Banfield: Félix Orte, Guillermo Trama, Esteban Pogany y Luis Andreuchi (goleador del Metro ‘78 donde fue campeón con Quilmes). Nueva Chicago: Héctor Scotta. Tigre: Raúl de la Cruz Chaparro. Colón: Miguel Ángel Bordón, Daniel Carnevali, Gabriel Puentedura y dos que fueron cedidos por Rosario Central: José di Leo y Omar Palma, mientras que otros cuatro fueron a Los Andes: Hernán Díaz, Ariel Cuffaro Russo, Hugo Galloni y Fernando Lanzidei.

En Lanús ocurrió un caso inverso. Tres integrantes de ese plantel tendrían luego destacadas actuaciones en primera, como Leo Rodríguez, Sergio Saturno y José Tiburcio Serrizuela, al tiempo que en Villa Dálmine despuntaba un volante con gran movilidad y capacidad para adaptarse en distintas posiciones: Pepe Basualdo.

El penal con el que Ramón Albariño venció a Carlos Gay, dándole el ascenso a Sportivo Italiano

Desde el comienzo se pudo apreciar un torneo con enorme paridad. Al terminar la primera rueda, los dos ascendidos (Defensa y Justicia y Deportivo Armenio) eran las revelaciones, mientras que Quilmes, con solo 4 puntos en 9 partidos, llamaba la atención en el último puesto. Las posiciones en la zona A: Defensa y Atlanta 12, Deportivo Morón 11, Los Andes y Sportivo Italiano 10. En la B: El Porvenir y Tigre 12, Deportivo Armenio, Banfield y Colón 10.

En las revanchas se mantuvo el nivel parejo, pero lo que más llamó la atención fue la irregularidad de Atlanta, que era uno de los grandes candidatos. Llegó a la última jornada, disputada el domingo 1 de junio en horas de la mañana, porque el día anterior por la tarde había comenzado el Mundial de México, teniendo que ganarle a Defensa y Justicia en Villa Crespo para no quedar eliminado. El resultado final de 1-1 lo condenó a tener que jugar en la tercera categoría, al tiempo que el cuadro de Florencio Varela obtuvo su segundo ascenso en seis meses.

El torneo de primera había concluido a fines de abril. Chacarita descendió al ser el último de los promedios y Huracán lo precedió, teniendo que disputar la liguilla junto a los siete clasificados del Apertura. En los cuartos de final, el Globo dejó en el camino a Lanús, Banfield a Defensa, Los Andes a Armenio en tiempo suplementario y, en silencio y perfil bajo, Italiano a Tigre.

En paralelo, Argentina iba avanzando en México, derribando los agoreros pronósticos de muchos, jugando cada partido mejor, con un Maradona extraordinario. En la ida de las semifinales, Huracán venció 1-0 a Los Andes en cancha de River al tiempo que empataron en un tanto Banfield e Italiano en el estadio de Ferro. Alejandro Lanari, una de las figuras del Sportivo, se lució al atajarle un penal a Molina. En la tarde del sábado 14, mientras nos enterábamos del fallecimiento de Jorge Luis Borges, el cuadro Patricios se impuso por 3-1 en campo de Independiente y fue finalista. El otro fue el sorprendente Italiano, que por penales eliminó al Taladro, otro candidato. Fue por penales, donde Lanari volvió a ser clave, deteniendo los remates de Horacio García y Abel Alves.

Otra formación de Italiano durante el torneo en cancha de Atlanta, donde hizo de local

Habían llegado a la final dos buenos equipos, pero con caminos y ánimos distintos. Para Huracán fue un suplicio todo el torneo 1985/86 de primera división, luchando contra un promedio bajo, que parecía condenarlo de antemano. Realizó una aceptable campaña, pero no le alcanzó. Para la parte final, con la apertura del libro de pases y para acoplarse a los dos Claudios que eran las figuras del equipo, el Turco García y el Chacho Cabrera, llegó el Toti Iglesias, que así nos lo recordó: “Ir a Huracán me dio varios dolores de cabeza, porque la gente de San Lorenzo lo tomó como una traición, sin pensar que era mi trabajo. Me mandaban cartas a mi casa. Por suerte no había redes sociales para las puteadas (risas). El inicio no fue fácil, ya que cuando llegué, estábamos cerca del descenso. En uno de los primeros entrenamientos en el estadio, un hincha me gritó: ‘A ver si hacés un gol, cuervo, porque te vamos a matar’. Yo pensaba: mamita querida, donde me metí. Por suerte la historia se revirtió, hice muchos y la hinchada hasta me inventó un cantito”.

Italiano, por su parte, comenzó el torneo sin grandes expectativas, en sintonía con las temporadas anteriores donde había estado lejos de la pelea por el ascenso. Alejandro Lanari ocupaba la valla desde hacía un lustro y en diálogo con Infobae, evocó ese momento de incertidumbre: “Mi relación con el presidente estaba desgastada y agotada. A principios de año, llegó Ramón Cabrero como técnico y me dijo que tenía pensado traer un arquero que él había tenido en Lanús y, como conocía mi situación, me propuso un enroque. Nos pusimos de acuerdo, pero me pidió que atajase en un amistoso programado contra San Miguel. Me salieron todas y Ramón me dijo que me quedase. No podía pensar todo lo bueno que me esperaba en los meses siguientes”

La primera final se disputó en cancha de Ferro el miércoles 18 de junio, dos días después de la victoria contra Uruguay por los octavos del Mundial. Italiano se impuso 1-0 con gol de Alfredo Gómez, quedando en excelente situación para la revancha. Ésta tuvo lugar en el estadio José Amalfitani, el sábado 21, en la víspera del inolvidable Argentina vs Inglaterra, al mismo tiempo que Francia y Brasil daban una exhibición por los cuartos de final. El Globo triunfó por 2-1 con goles de Papa de cabeza y el Toti Iglesias, descontando Lucero.

Todo se iba a resolver en el tercer partido, nuevamente con el estadio de Vélez como escenario. Apenas comenzado el segundo tiempo, Eduardo Papa de cabeza abrió el marcador, empatando por la misma vía Daniel Díaz, tres minutos más tarde. El 1-1 no se modificó y fueron al alargue, donde el Turco García colocó el 2-1. Parecía que el Globo, después de tanto sufrir, se mantenía en primera. Pero a tres minutos del final, Víctor Lucero, selló el 2-2 definitivo. En el último instante, el árbitro Patricio Sinnot lo expulsó al Toti Iglesias.

Más paridad no se podía pedir. Iban a definir por penales en el tercer partido. Los primeros cuatro fueron goles, hasta que Corrado de Huracán remató desviado. Gioffré puso el 3-2 y Alejandro Lanari, confirmando su gran momento, atajó el de Bottari. En los pies de Ramón Albariño estaba la posibilidad de hacer realidad el ascenso. Con un potente remate superó a Carlos Gay y el viejo sueño de Sportivo Italiano era una hermosa realidad.

El fútbol tiene esas cosas maravillosas. Lanari estuvo a un paso de irse en enero y cinco meses después, era el héroe. Sus destacadas actuaciones le permitieron la transferencia a Rosario Central, donde se iba a consagrar campeón de Primera División menos de un año más tarde. Pero aquellos partidos, son un hermoso momento que así nos los recordó: “Jugamos ese inolvidable torneo, clasificamos al octogonal, donde tuve la suerte de atajar penales en la semifinal ante Banfield y en la final con Huracán, donde ascendimos, en la definición por penales tras el suplementario del tercer partido. Algo que siento como heroico. Nosotros teníamos un equipazo que jugaba muy bien. Como me había formado en el club, poder darle esa alegría a la gente fue maravilloso”.

En la otra cara de la moneda, se acomodan los recuerdos del Toti Iglesias: “Esa final forma parte de los peores momentos de mi carrera. Me la había jugado yendo a Huracán, con la convicción que nos íbamos a salvar. Nadé, nadé y me quedé a pocos metros de la orilla. Es justo reconocer que Italiano tenía un gran equipo. Creí que me moría. Estaba tan triste que casi no festejé el título de la Selección en México, porque el descenso había sido cinco días antes. Igualmente, para mí fue como el dicho: no hay mal que por bien no venga. Me quedé en el club, fui el goleador del Nacional B y eso me permitió luego pasar a Racing”.

El mundo miraba hacia México. Con los ojos bien abiertos admirando a ese Maradona inigualable. Pero para la gente de Italiano, la fiesta era otra. Tanto había luchado, que se merecían esa alegría. La que le dieron los muchachos que orientó con sabiduría Ramón Cabrero, con las atajadas de Lanari, la fortaleza de la línea de fondo de Álvarez, Bianculli, Díaz y Gioffré. La capacidad de estar en todos lados de Marcos Capocetti en la mitad de la cancha, para que se lucieran Alfredo Gómez, pero, sobre todo, el talentoso Chulo Rivoira. Y la delantera que los dejó disfónicos con Salas, Lucero y Godoy.

El paso por la primera fue efímero, porque le costó mucho la adaptación. Apenas un año, pero a Italiano nadie jamás le quitará aquella alegría. La que cumple, ya, 40 años.