Esquivó a la muerte seis veces y se convirtió en una figura del deporte: la increíble historia del “hombre más afortunado del mundo”

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Jack Lohrke, jugador de béisbol de los Philadelphia Phillies, posa con su uniforme y guante, mirando hacia arriba desde lo que parece ser un dugout. (Grosby)

“¡Ay, de la Muerte no sé de qué color va vestida y no sé si lo sabré!“. Así reza uno de los fragmentos de la obra del poeta cubano Nicolás Guillén. Y tiene sentido. Nadie sabe a ciencia cierta qué pasa una vez que se cruza el umbral de la vida. Pero existió alguien que la miró de cerca, la escuchó, la entendió y le dijo que no en seis ocasiones. La historia de Jack Wayne Lohrke no encaja con facilidad en ningún molde narrativo.

El 24 de junio de 1946, Jack Lohrke se despidió de sus compañeros del Spokane Indians, histórico equipo de las Ligas Menores de béisbol de Estados Unidos, en un restaurante de Ellensburg, Washington, y se alejó a dedo hacia Spokane. Minutos después, el autobús que transportaba al resto del equipo cayó por un precipicio de entre 90 y 150 metros en las montañas Cascade. Nueve jugadores murieron. Lohrke, que acababa de ser llamado por los San Diego Padres, había sobrevivido a su sexto encuentro con la muerte antes de cumplir 23 años.

Nacido el 25 de febrero de 1924 en Los Ángeles, fue el segundo de tres hijos de John y Marguerite Lohrke. Su padre trabajaba para la Fluor Corporation, una empresa global de construcción e ingeniería. Lohrke se graduó en la South Gate High School en 1942 y, antes de terminar el bachillerato, ya era jugador semiprofesional de béisbol. A los 18 años firmó con los Padres de la Liga de la Costa del Pacífico, aunque apenas disputó siete partidos antes de ser enviado a los Twin Falls de Idaho, en la Clase C Pioneer League, donde bateó .271 (es decir, 27 veces cada 100 intentos) en 105 encuentros como tercera base y ganó el premio al jugador más valioso del equipo. Sus promedios ya rozaban la élite.

Jack Lohrke evitó la muerte en seis ocasiones (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Segunda Guerra Mundial interrumpió su carrera casi antes de que empezara. Pero la guerra no esperó a que Lohrke llegara al frente para intentar cobrárselo. En 1943, mientras viajaba en un tren de transporte militar, el convoy descarriló. Tres soldados murieron y decenas más sufrieron quemaduras. Lohrke salió sin un rasguño, según documentó la Society for American Baseball Research (SABR). Fue la primera de una serie de escapadas que desafiarían cualquier cálculo de probabilidades.

Incorporado al Ejército de los Estados Unidos en la 35.ª División de Infantería, combatió en la campaña de Normandía -a la que su división se incorporó tras el desembarco inicial del 6 de junio de 1944- y en la Batalla de las Ardenas a finales de ese mismo año. En al menos cuatro ocasiones, el soldado que tenía a su lado murió en combate. Lohrke salió ileso de ambas campañas. Su hijo John recordó haberle preguntado por esos meses en Europa: “Nos dijo: ‘Sabíamos que íbamos al infierno. Pero solo queríamos bajarnos del maldito barco’”, según recogió MLB.com.

La quinta escapada llegó en 1945, ya de regreso en suelo estadounidense. Lohrke tenía asignado un puesto en un avión militar de transporte que partiría del Camp Kilmer, en Nueva Jersey, con destino a Los Ángeles. Era su primera vez en un avión. Poco antes del despegue, un oficial de mayor rango lo desplazó del vuelo. El aparato llegó sin contratiempos a Kansas City, donde reabastecieron combustible, pero se estrelló segundos después del segundo despegue, con 20 personas a bordo, la mayoría soldados. No hubo sobrevivientes.

De regreso al béisbol profesional en 1946 con los Spokane Indians, Lohrke bateaba .345 con 18 dobles en 57 partidos cuando el equipo abordó el autobús hacia Bremerton para una serie contra los Bluejackets. El dueño del club, Sam W. Collins, se había enterado de que los Padres reclamaban al jugador y, sin teléfonos móviles, recurrió a la Patrulla del Estado de Washington para rastrear el autobús. El mensaje llegó durante una parada para comer en Ellensburg. Lohrke tenía dos opciones: continuar con el equipo hasta Bremerton y bajar a San Diego desde allí, o volver a dedo hasta Spokane. Eligió la segunda.

Esa noche, las carreteras estaban mojadas y el recorrido atravesaba las sinuosas montañas Cascade, a unos 95 kilómetros (60 millas) al este de Seattle. El conductor esquivó un vehículo que invadió el carril contrario, perdió el control y el micro cayó unos 105 metros (350 pies) hasta un barranco, donde ardió. Nueve de los 15 jugadores a bordo murieron, entre ellos el mánager y jugador Mel Cole.

Ocho de los fallecidos habían sobrevivido a la guerra en Europa. Lohrke se enteró al llegar a Spokane de que sus dos compañeros de habitación estaban entre los muertos. Hasta 2013, el accidente seguía siendo el más letal de la historia del béisbol profesional estadounidense, según la SABR.

El apodo “Lucky” le llegó de forma espontánea desde que se incorporó a los Padres. Lohrke nunca lo quiso, pero tampoco pudo rechazarlo. Ese mismo año bateó .303 con ocho jonrones en 92 partidos. Al término de la temporada, los New York Giants lo seleccionaron en el draft de la Regla 5.

Su debut en las Grandes Ligas se produjo en el tercer juego de la temporada de 1947. Esa temporada fue, en términos estadísticos, la cumbre de su carrera en las mayores. Para el resto de su paso por las Grandes Ligas, Lohrke se convirtió en una pieza que repartía tiempo entre segunda base, tercera y campocorto. Su mejor promedio llegó en 1949: .267 con un OPS de .789 en 202 turnos al bate, aunque gran parte de ese año lo pasó con los Jersey City Giants. Después de esa temporada, nunca volvió a superar los 100 turnos al bate en una temporada en las mayores.

En diciembre de 1951 fue canjeado a los Philadelphia Phillies por el prospecto Jake Schmitt. Con Philadelphia bateó apenas .190 en acción limitada durante 1952 y 1953. Su último partido en las Grandes Ligas fue el 10 de junio de 1953, a los 29 años. Los Phillies lo canjearon después a los Pittsburgh Pirates junto al lanzador Andy Hansen y 70.000 dólares a cambio de Murry Dickson. Pittsburgh nunca lo usó en las mayores.

Lohrke jugó seis temporadas más en ligas menores, con Hollywood, Seattle y Portland de la Liga de la Costa del Pacífico (PCL), y en 1959 asumió como jugador-mánager de los Tri-Cities en la Clase B Northwest League. Allí amplió su repertorio: además de infielder, atajó en algunas ocasiones y realizó 25 apariciones como lanzador -24 en relevo- con una efectividad de 2.35 en los registros disponibles, según la SABR. Se retiró del béisbol a los 35 años.

Al dejar el deporte, trabajó en seguridad para AeroJet General, Lawrence Livermore y la Lockheed Corporation, de donde se jubiló en 1986. Vivió los últimos 40 años de su vida en San José. “Habiendo estado en combate, ¿qué te puede sorprender?”, indicó en 1990, según MLB.com. “Soy fatalista. Creo en esa vieja canción: lo que tenga que ser, será“.

Murió el 29 de abril de 2009 en un hospital de San José, California, dos días después de sufrir un derrame cerebral en su casa. Tenía 85 años. Los diarios lo habían llamado “el hombre más afortunado del mundo”. Él los corregía cada vez que podía. “Puede que haya tenido suerte, pero mi nombre es Jack. Jack Lohrke”, sostuvo a Sports Illustrated en 1994.