El paquete de medidas que enfrentaron a Perón con la Iglesia: legalización de la prostitución, las zonas rojas y la ley de divorcio

0
8

Manifestantes peronistas marchan, algunos con ropas de sacerdotes, burlándose de la iglesia (Fotografía Revista Esto es, noviembre de 1955)

Cuando los militantes peronistas incluyeron las consignas en sus cánticos y las paredes aparecieron con las pintadas de “Haga patria, mate a un cura”; “Perón sí, curas no”, reveló que la relación entre el gobierno y la jerarquía eclesiástica había llegado a un punto difícil de recomponer.

¿Qué fue lo que hizo estallar todos por los aires, más aún cuando hasta comienzos de 1954 no existían roces sino relaciones cordiales? Tal vez un pastor norteamericano haya tenido que ver en la cuestión.

Durante mayo y junio de ese año, tanto en el estadio de Atlanta como ocurriría en el de Huracán concurrieron, a millares, enfermos y lisiados para ser curados milagrosamente con oraciones por el pastor evangelista de origen norteamericano Theodore Hicks. Esos encuentros los llamó “Grandes Conferencias Evangélicas de Salvación para el alma y de Sanidad para el cuerpo”. Lo conflictivo era que lo hacía con el visto bueno del presidente, con quien el llamado “hermano Tommy” se había entrevistado el 17 de marzo de ese año, y al parecer lo había curado de una enfermedad de la piel en un abrir y cerrar de ojos.

Perón en una reunión con el cardenal primado de Argentina, Santiago Copello

Es que el pastor era furor. Iban a verlo de todos los sectores sociales, incluso los funcionarios quienes, por pudor, pedían ser recibidos en el hotel donde el hombre se hospedaba. Gracias al éxito obtenido, seguiría sus celebraciones de supuestas curaciones en el interior del país, como ocurrió en Mercedes, en San Luis. Para los diarios era “el mago de Atlanta”.

En su biografía oficial, sostuvo que había tenido una visión, que debía ir en ayuda de personas que vivían en grandes campos sembrados con trigo, y que debía encontrar a una persona de apellido Perón. Cuando le dijeron que ese era el presidente de Argentina, le advirtieron que había ayudado a jerarcas nazis prófugos, que manejaba el país con mano dura y que podría sufrir represalias. Pero Hicks no se amilanó, y junto a un intérprete fue al ministerio de relaciones exteriores. De casualidad, curó de palabra al secretario del canciller, enfermo de una pierna y eso le abrió la puerta del despacho presidencial. El primer mandatario le allanó el camino para que pudiera desarrollar su espectáculo de milagros y curaciones a cielo abierto.

La jerarquía católica no soportó tamaño desafío pagano y denunció “competencia desleal con la religión del Estado”. En una pastoral, el obispo de San Luis destacó que el artículo 77 de la Constitución Nacional disponía para ser presidente había que pertenecer a la religión católica, apostólica y romana, y además recordó el sostenimiento de esa religión por parte del Estado. Sin decirlo, llamaba al gobierno a defender a la iglesia.

Cuando todo estaba en orden: Perón y dignatarios eclesiásticos participando de una ceremonia oficial

El gobierno, entonces, no dijo nada, pero recogió el guante, y se desencadenaría un violento proceso que terminaría con la aprobación de un voluminoso paquete de medidas, a contramano de la iglesia. Entre ellas, la legalización de la prostitución.

A mediados de enero de 1935 un decreto municipal había dispuesto la clausura y desocupación de casas que funcionasen como prostíbulos, aplicando una ordenanza votada en junio de 1919. Si bien los prostíbulos comenzaron a desaparecer en la ciudad de Buenos Aires, funcionaban en la provincia de Buenos Aires para atraer a esa clientela que había quedado huérfana. Muchos de ellos eran regenteados por punteros políticos. Algunos las mencionaban como “casas de tolerancia y tabernas innobles”.

El cierre de los prostíbulos trajo aparejado un resurgimiento de la sífilis al cortarse los controles sanitarios. Los casos de esta enfermedad disminuirían cuando se la comenzó a tratar con penicilina. Otra de las consecuencias del ejercicio de la prostitución fue la tuberculosis, relacionada a la higiene, alimentación y antibióticos.

Un punto culminante fue el incendio de algunas iglesias, en 1955. En la imagen, interior de la Iglesia de San Francisco

El 17 de diciembre de 1936 se sancionó la ley 12.331 de profilaxis de enfermedades venéreas. Prohibía las casas y locales para el ejercicio de la prostitución y disponía el análisis prenupcial.

La desaparición de los prostíbulos hizo que las mujeres circulasen por las calles en busca de clientes, y tenían acuerdos con algunos hoteles.

Por la década del 50, los lugares de prostitución tradicional se concentraban en las calles Leandro N. Alem, Paseo Colón y 25 de mayo. También a lo largo de la ribera hasta llegar a las cantinas y salones del barrio de La Boca.

Carretero señala que había muchos establecimientos en la ciudad donde “distraerse”, como los cabarets Chantecler, Marabú, Tibidabo, Casanova, Maipú Pigall, Tabarís y Ocean, además de muchos otros lugares como confiterías bailables, y que había algunos lugares claves de conquista ocasional, como Palermo, Parque Japonés, el Palacio de las Flores, Monumental, Salón Lavalle y la Enramada, sobre la avenida Santa Fe, pegado a la Sociedad Rural.

Perón observa la bandera argentina que terminó quemada la noche del 11 de junio de 1955 (Los Panfletos. Su aporte a la Revolución Libertadora, editorial Itinerarium)

En un discurso pronunciado el 10 de noviembre de 1954, Perón acusó a algunos sacerdotes y laicos católicos de participar en actividades antiperonistas. En el acto del 17 de octubre había denunciado la existencia de “emboscados” y de “disfrazados de peronistas”, hacía referencia a los católicos que militaban en sindicatos y a los afiliados del Partido Demócrata Cristiano, fundado en junio de ese año.

En septiembre, el fiasco en Córdoba de la Unión de Estudiantes Secundarios, que en un acto por el día del maestro no juntaron más de mil personas, contrastó con las cien mil personas que se dieron cita al desfile de carrozas organizado por la Acción Católica, en el día de la primavera. El gobierno lo tomó como un desafío.

Perón -que denunciaba la existencia de “malos sacerdotes”– fue pidiendo muestras de fidelidad y compromiso al gobierno que no eran correspondidos por las autoridades eclesiásticas.

El duro embate oficial incluyó un paro general de tres horas, sumado al ataque de la prensa oficialista. Para el 25 de noviembre armaron un acto en el Luna Park para denunciar infiltrados clericales en los sindicatos.

Lo que vino fue peor. Detuvieron a muchos religiosos y dejaron de ser feriados las festividades del Corpus Christi, la Asunción de la Virgen, la Concepción Inmaculada, el Día de todos los Santos y el Día de Reyes. Se salvaron la Navidad y el Viernes Santo.

En 1963 el Papa Juan XXIII levantó la excomunión que pesaba sobre Perón

El 30 de septiembre, los legisladores oficialistas propusieron equiparar los derechos de los hijos legítimos y los ilegítimos. Los diputados opositores no entendían nada: ellos habían sido los abanderados de reformas laicas que hasta el día anterior habían sido resistidas por sus colegas peronistas. El oficialismo argumentó que la iglesia se había aprovechado de las ventajas obtenidas del gobierno para hacer antiperonismo.

Por 121 votos contra 12 diputados aprobó un proyecto de reforma constitucional de separación de la Iglesia del Estado, que al día siguiente fue votado por unanimidad en el Senado. Perón aseguró que ese era un “clamor del pueblo” y que él hacía lo que el pueblo indicaba.

En el mismo sentido, se derogaron las exenciones de impuestos que gozaban las instituciones religiosas.

El gobierno derogó la ley 12.978 de enseñanza religiosa, se cerraron establecimientos y muchos docentes se quedaron en la calle. Además, el 14 de diciembre de 1954 el Congreso votó la ley de divorcio.

La oposición se hizo sentir: hubo una multitud el día 8 de diciembre, día de la Virgen, que el gobierno intentó minimizar organizando una recepción al boxeador Pascual Pérez, el primer campeón mundial que tuvo nuestro país, corona obtenida en Japón. Iba a llegar el 7 pero lo obligaron a hacer tiempo en Montevideo para que hiciera su entrada triunfal a Buenos Aires el 8. No juntaron más de 500 personas frente a la Confederación de Deportes.

En la noche del 30 de diciembre de 1954 se dispuso la apertura de prostíbulos a través del decreto 22.532. Dicha norma, que contenía tres artículos, se basaba en el decreto ley de 1944 que reglamentaba las casas de tolerancia, bajo supervisión del Estado. Esta norma había sido refrendada por Perón en 1946.

Perón indicó a los ministros de Justicia y del Interior que instruyesen a los gobiernos provinciales, a los territorios y a la municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires a permitir la instalación en zonas adecuadas de los establecimientos a los que se refiere la ley de profilaxis social. Nacían las “zonas rojas”.

El Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública daría a conocer las normas sanitarias de carácter federal, que tendrían carácter de obligatorio. Por su parte, el Estado se reservaba el derecho de clausura “si el interés público así lo requiere”.

En el mismo sentido, junto a la sanción de esa ley, se creó el Sindicato de Meretrices.

La medida fue publicada en el Boletín Oficial en enero de 1955. “Aludiendo a una imperiosa necesidad pública”, se sostenía. Hubo una campaña oficial para justificar su sanción.

El conflicto con la Iglesia recrudeció. El 25 de mayo de 1955 fue la primera vez que un presidente ni sus ministros no asistieron al Te Deum. El Corpus Christi, que se celebra sesenta días después de Pascua, se transformó en una gigantesca marcha opositora. Curiosamente, el gobierno sacó a los policías de las calles, la gente clamaba en la Catedral por libertad y en el Congreso alguien quemó una bandera argentina. Tiempo después se descubrió que el hecho fue una provocación urdida en los despachos oficiales.

El gobierno deportó al vicario general Manuel Tato y al diácono Ramón Novoa, pusieron al tanto al Sumo Pontífice y dos días después el Vaticano anunció la excomunión de Perón.

El 16 de septiembre de 1955 el presidente fue derrocado por un golpe militar. Ese gobierno de facto derogó la norma que había establecido nuevamente los prostíbulos en el país.

Perón, que había partido al exilio, una vez establecido en España, solicitó al Vaticano recomponer su situación. “Temiendo haber incurrido en la excomunión, speciali modi, reservada conforme a la declaración de la Santa Congregación Consistorial del 16 de junio de 1955, sinceramente arrepentido, pide, por lo menos ad cuatelam, la absolución”. Así le escribía en 1963 al Papa Juan XXIII, quien accedió. El obispo de Madrid tuvo el encargo de otorgarle la absolución. Por las dudas, la Iglesia recomendó entonces mantener la mayor reserva, “a fin de evitar que dicha gracia pueda tener indeseadas repercusiones”. Y rezar para que no cruzase en el camino otro pastor.

Fuentes: Andrés Carretero – Prostitución en Buenos Aires; Lila Caimari – Perón y la Iglesia Católica; Hugo Gambini – El peronismo y la Iglesia; Diario La Opinión – Texto de los documentos secretos en los que el Papa Juan XXIII levanta la excomunión a Juan D. Perón – 13 de agosto de 1971.