Por qué el VAR es una especialidad más allá del arbitraje y la evolución estructural que se viene en el fútbol

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El VAR se implemento con la premisa de “mínima interferencia, máximo beneficio”

La implementación del VAR (Video Assistant Referee) representó el cambio de paradigma más significativo en la historia moderna del fútbol. Hoy, su permanencia es indiscutible; sin embargo, el ecosistema del fútbol profesional se enfrenta a un desafío pendiente: la maduración operativa.

El problema no radica en la tecnología per se, sino en el modelo de integración, comprensión y gestión dentro de la dinámica del juego.

El VAR fue concebido bajo un principio rector de la FIFA que mantiene su vigencia: “Mínima interferencia, máximo beneficio”. La consigna es clara: intervenir únicamente ante errores claros, obvios y manifiestos. El objetivo no es la búsqueda de una perfección clínica inalcanzable, sino la preservación de la justicia deportiva sin alterar la fluidez que define a este deporte.

El cambio de paradigma, del “Árbitro de Campo” al “Especialista VAR”

El proceso de consolidación tecnológica nos exige revisar un error de concepto estructural: considerar que la función del VAR es una tarea rotativa o circunstancial para un árbitro de campo.

Es imperativo reconocer que el arbitraje de video es una especialidad autónoma. Así como el arbitraje asistente requiere una formación específica, el rol en la cabina (VOR) demanda:

• Un perfil cognitivo diferenciado: Capacidad de análisis bajo presión sin la fatiga física del campo.

• Gestión del tiempo de decisión: Equilibrio entre la precisión técnica y la celeridad que el espectáculo requiere.

• Formación técnica especializada: Dominio de herramientas tecnológicas y protocolos de comunicación específicos.

Debemos ser contundentes: no todos los árbitros de élite en el campo poseen las competencias necesarias para la cabina. Admitir esta distinción no debilita al cuerpo arbitral; por el contrario, lo jerarquiza y profesionaliza.

El sistema funciona, pero faltan mejoras (Foto EFE/Andrés Cristaldo)

Tendencias globales y la frontera tecnológica

El estándar internacional ya ha trazado la hoja de ruta. La FIFA 2026, Ligas europeas de vanguardia y modelos regionales como el de Brasil para 2026 están migrando hacia el VAR Avanzado. Este modelo trasciende la simple revisión de imágenes, incorporando:

1. Tecnología de Goal-Line y chips en el balón.

2. Fuera de juego semiautomatizado (SAOT) con análisis tridimensional.

3. Cuerpos estables de especialistas, dedicados exclusivamente a la interpretación y asistencia de video.

Hacia una reforma normativa y conceptual

La evolución del sistema también debe alcanzar el plano reglamentario. Existen debates ineludibles que el fútbol moderno debe afrontar para recuperar el sentido común:

• Revisión de la Segunda Amonestación: actualmente fuera de protocolo, una doble amarilla errónea altera la integridad de un partido tanto como una roja directa. La omisión de este punto representa una laguna en el control global del juego.

• Reforma de la Regla 11 (Fuera de Juego): apoyamos la transición hacia criterios donde se requiera una ventaja manifiesta (considerando el cuerpo completo del atacante). Esto eliminaría las sanciones milimétricas que, aunque técnicamente correctas bajo el reglamento actual, se alejan del espíritu del juego y de la comprensión del espectador.

La tecnología asiste. El criterio decide. Los Instructores conducen, pero la tecnología por sí sola, no resuelve nada. Y el criterio, sin especialistas, pierde eficacia.

De esta manera, el futuro del VAR no depende de más pantallas, sino de mejores decisiones estructurales. En esa línea, es clave:

• Definir roles

• Formar Instructores docentes en Var.

• Profesionalizar funciones

• Formar especialistas

• Proteger el juego

• Porque la tecnología puede ayudar, pero no puede liderar.

• El fútbol sigue necesitando personas con criterio, convicción y responsabilidad.

Podemos considerar que el control del juego sigue siendo humano, por lo que ahí la decisión ya no es arbitral, sino de los que instruyen. La tecnología sin criterio es estéril, y el criterio sin especialistas carece de la eficacia necesaria. El futuro del arbitraje no depende exclusivamente de sumar más cámaras, sino de ordenar roles y profesionalizar funciones.

La tecnología debe ser una herramienta de soporte, pero nunca el actor principal. El control del juego es, y debe seguir siendo, un acto profundamente humano, basado en la personalidad, la convicción y, sobre todo, en el conocimiento especializado de quienes tienen la responsabilidad de impartir justicia.