Incendios en Epuyén: una familia acorralada por las llamas, la huida desesperada y la casa que sobrevivió contra todo pronóstico

0
12

El fuego devoró cuatro casas, dos galpones y un invernadero, pero dejó en pie —de manera inexplicable— la casa de Rocío

El lunes 5 de enero, cerca de las 15, en la zona de Puerto Patriada, al oeste del lago Epuyén, en Chubut, una columna de humo se alzó detrás de un cerro y marcó el inicio de una pesadilla que ya lleva doce días. En cuestión de horas, empujado por el viento y por una vegetación seca por falta de lluvias, el fuego empezó a avanzar sin freno. Al cierre de esta nota había consumido más de 14 mil hectáreas de bosques y obligado a evacuar a miles de pobladores y turistas. Uno de los incendios más extensos de las últimas dos décadas en la región cordillerana. A esto se le suman las enormes pérdidas materiales, con casas arrasadas y animales calcinados. Un verdadero infierno.

“Nos fuimos con el fuego lloviendo sobre nuestras cabezas. No sé cómo salimos vivos”, cuenta Rocío Chiappe, de 38 años y madre de un niño de cuatro. En la chacra donde vive su familia, al pie del cerro Pirque, las llamas destruyeron cuatro casas, dos galpones y un invernadero, pero dejaron en pie —de manera inexplicable— la suya. “No entendemos cómo sucedió, pero la casa donde vivo no se quemó. Es bastante milagroso: pasó el fuego todo por alrededor, con una fuerza y una velocidad que nunca había visto, y aun así no se quemó”, le cuenta a Infobae.

Según informó el gobernador de Chubut, Ignacio Torres, el incendio en Puerto Patriada está contenido en un 100% y ya no representaría un riesgo para las localidades vecinas. Sin embargo, para quienes lo vivieron en primera persona, la sensación de amenaza está latente. “Hasta ayer estábamos en situación de casi evacuación”, dice Rocío. Y agrega: “De noche se ven las llamas muy cerca. Yo tengo un bolso armado por si tengo que volver a evacuar. Mis viejos, Lucas y Jillian, están en la misma”.

“Nos fuimos con el fuego lloviendo sobre nuestras cabezas”, cuenta Rocío

“Crecimos en el bosque, protegiéndolo”

La familia Chiappe llegó a Epuyén a mediados de la década del 70. “Vinieron escapando de la dictadura, con mi hermana recién nacida, buscando un lugar para conectar con la naturaleza”, cuenta Rocío. Por entonces, recuerda, el pueblo era mínimo, con caminos de tierra y sin tendido eléctrico. Con la ayuda de Cathy, la hermana de Jillian y tía de Rocío, compraron una chacra de 24 hectáreas a la que bautizaron “El Nagual”. Allí, al pie de la montaña, empezaron a armar su vida.

“Crecimos en ese bosque, protegiéndolo. Conocíamos cada árbol, cada florcita. Íbamos a buscar hongos…”, relata Rocío. Con el paso de los años, su padre se convirtió en un referente local de la defensa del bosque nativo: impulsó iniciativas comunitarias para frenar proyectos que amenazaban a Epuyén y promovió la creación de Proyecto Lemu, dedicado a revalorizar los bosques nativos andinopatagónicos.

Ese vínculo con el entorno los fue acostumbrando a convivir con otro paisaje: el de los incendios. “Mi viejo fue el primero en comprar una motobomba acá, hace más de dos décadas. Siempre estuvo al tanto de este tipo de situaciones y accionando”, cuenta Rocío. Y agrega: “Con el papá de mi hijo tenemos, desde hace cinco años, una brigada. Se llama Brigada Andina y está integrada por vecinos autoconvocados”.

El fotógrafo y ambientalista Lucas Chiappe y su esposa, Jillian Webb, se instalaron en Epuyén en 1976La chacra de los Chiappe antes de los incendios

“No sé cómo salimos vivos”

Cuando el incendio empezó a acercarse a la chacra, lo primero que hizo Rocío fue poner a salvo a su hijo. Lo llevó a la casa de su cuñada y regresó a “El Nagual” junto a la brigada. “Estábamos súper preparados para esperarlo desde arriba hacia abajo y, al final, vino por un costado, por un cañadón, con una fuerza descomunal”, dice. Según cuenta, eran un grupo de veinte personas y resistieron hasta el límite: “Nos fuimos con el fuego lloviendo sobre nuestras cabezas”.

El escape fue contrarreloj por un puente colgante que atraviesa el río Epuyén. “Íbamos corriendo y se iba prendiendo fuego el camino”, recuerda. “Obvio que quedarse ahí da muchísimo miedo, pero antes de dejar todo lo que construiste con tanto amor y tanto trabajo, elegís dar batalla hasta el final”. De acuerdo con su relato, los aviones hidrantes empezaron a operar tarde, cuando el incendio ya estaba “muy descontrolado”. “Quedamos bastante solos”, resume.

No fue la primera vez que les tocó enfrentar una situación así. El año pasado, durante otro incendio que arrasó con gran parte de la zona, las llamas llegaron a la casa de su hermano. “Mis viejos dijeron: ‘No nos vamos nada’. Armaron todo el equipo y se quedaron a defender las casas”, cuenta.

Esa noche, mientras cruzaba el puente y se alejaba de la chacra, Rocío se fue con la certeza de que el fuego se lo llevaba todo. “Me fui pensando: ‘Es imposible que quede algo en pie’”, dice. Pero horas después, un grupo de amigos tomó una decisión arriesgada: volver en plena madrugada. “Decidieron regresar a las tres de la mañana y encontraron mi casa llena de focos alrededor. Hicieron un trabajo espectacular, al punto de que todavía no entendemos cómo fue que sobrevivió”.

La casa de Rocío intacta. Fue la única de las cinco que había en la chacra que no se quemóParte de la brigada andina

Lo que el fuego se llevó

El incendio arrasó con casi todo. “Se quemaron cuatro casas: dos de mi familia y dos de mis primos. Dos galpones nuestros y el invernadero de mi mamá”, enumera Rocío. La única excepción fue su vivienda. “Es increíble”, dice. Esa casa había sido, durante años, de su tía, la hermana de su madre. “Ella falleció hace muy poquito y siento que, de alguna manera, fue la que protegió ese espacio”, confiesa.

A pesar de eso no se imagina volviendo a vivir allí. “Todo alrededor es cenizas. No se puede respirar, están todos los árboles quemados y, con los vientos, están empezando a caerse. Es una situación bastante peligrosa”, detalla. A eso se suma que el fuego no terminó de apagarse. “Todavía no llovió lo suficiente como para decir: ‘Está controlado’. Hay muchos puntos calientes. Todos los días seguimos yendo a apagar raíces”, explica.

Además de lo material, dice Rocío, hay una pérdida emocional. “Mi papá es fotógrafo. Cuando llegó a Epuyén, llevaba una cámara analógica e hizo un registro increíble de las personas de acá y de toda nuestra vida. Todo eso se quemó”, lamenta.

El padre de Rocío, perdió su archivo fotográficoLucas Chiappe

En medio del desastre, lo que los sostiene es la comunidad. “Gente que nos escribe, vecinos que llegan con algo lindo o con un abrazo. Hay una comunidad muy hermosa que nos está acompañando”, cuenta. Pero la sensación de impotencia no se va: “Estoy muy triste. Es como que no termino de caer. Y encima el incendio todavía no termina. Hasta ayer estábamos con situación de casi evacuación. Nadie está pudiendo seguir con su vida”, dice.

Mientras sigue en alerta, se suma otra preocupación: el Centro Cultural Antu Quillen, donde Rocío trabaja, también está en riesgo. “Ese espacio se nos quemó hace ocho años. Logramos reconstruirlo y volvimos a abrirlo hace muy poco. Yo estoy a cargo de la programación cultural, tenía todo el verano armado con eventos y músicos alucinantes y ahora se está cayendo todo…”, cuenta.

“Se quemaron cuatro casas: dos de mi familia y dos de mis primos. Dos galpones nuestros y el invernadero de mi mamá”, enumera RocíoRestos de las casas de la chacra

Una reflexión y un pedido de ayuda

Para Rocío, lo que pasó en Epuyén no fue solo una catástrofe natural: también expuso el límite de un sistema que llega tarde o no llega. “No estamos muy acompañados. Y no le echo la culpa al brigadista, porque está en una situación súper precaria, sino a la provincia y a la nación. Recortaron 70% del presupuesto anual para el manejo del fuego, en una situación donde es claro que necesita aumentarse”, plantea.

“Hay un abandono y una desidia muy grandes y no damos abasto. Se nos está quemando todo y corren peligro nuestras vidas”, dice. “Se compraron cincuenta aviones de guerra. Ni uno hidrante. Te da bronca y tristeza. Estamos perdiendo los bosques puros que sostienen el aire. Van a tardar miles de años en recuperarse. Por otro lado, los bosques no son solo árboles: hay miles de seres que viven ahí, que hacen que el suelo esté nutrido y sea sano… Estamos a un nivel de colapso mundial muy grande y cada vez va a ser peor”.

El pedido de ayuda de los bomberos voluntarios de Epuyén

*Los bomberos voluntarios de Epuyén necesitan ayuda. Alias: BOMBEROSEPUYEN.

* Si querés colaborar con la familia Chiappe para que pueda comprar mangas para volver a equiparse o pueda reconstruir sus casas: Alias: GRADO.BAUL.BRISA – Lucas Chiappe.