
El MDMA puro, el cristal de éxtasis, es la droga más cara de la Argentina hoy: supera los $50 mil el gramo en los tarifarios de dealers que operan en Telegram, un valor que se ubica por encima de la cocaína peruana o la tusi, que suele contener al MDMA como ingrediente en su mezcla.
Su ruta es completamente distinta a la de la cocaína latinoamericana. Para empezar, no se produce en Latinoamérica. El cristal se trafica por correo o en valijas y estómagos de mulas desde Europa, con países como Bélgica y Holanda, o desde Asia, con Hong Kong como puerto clave.
Es un negocio sangriento, detestable, con una cara podrida por debajo del aparente placer que la droga provoca. El 2 de julio de 2017, Miriam Alencar Da Silva, una bailarina brasileña de 19 años reclutada como mula, fue encontrada muerta en el cordón de una vereda de Villa Devoto. Había tragado 94 cápsulas con MDMA puro. El surinamés Hendrik Dasman y su cómplice argentino, el empresario farmacéutico Ricardo Bruno, fueron condenados por su muerte.
Hoy, 16 sospechosos —la gran mayoría ciudadanos venezolanos y dominicanos, con varios argentinos en la mezcla— esperan procesados con prisión preventiva en cárceles y celdas policiales. Están acusados por el juez Pablo Yadarola y la PROCUNAR —el área de la Procuración dedicada a investigar delitos narco, a cargo del fiscal Diego Iglesias— de conformar la mayor banda de tráfico de éxtasis de la historia argentina.
El caso, investigado por la División Operaciones Especiales de la Superintendencia de Lucha contra el Narcotráfico de la PFA, comenzó, precisamente, con el hallazgo de 13 kilos de cristal. Dos miembros de la banda intentaron ingresar la droga en valijas, en un vuelo de Air France que llegó desde París el 9 de noviembre de 2023.

Quién es quién en la banda
La banda, según la acusación en su contra, operó desde 2016 hasta 2024 en Argentina, Francia, Uruguay, Paraguay, Bélgica y Holanda. Sus alianzas se extienden a otros grupos criminales ya conocidos por la Justicia argentina. Yadarola, al procesarlos, los embargó por hasta $500 millones cada uno. Sus dos líderes están prófugos.
Rafelín del Rosario Ortiz, Luz Marina Pérez Ortiz, Janel Emilio Ortiz, Arturo Reyes Marte, Wilmer Galaviz y Carlos Alfredo Gutiérrez López, todos presos en penales federales, son los principales acusados en el caso. El juez Yadarola pidió al SPF, como medida especial, que sus celdas sean requisadas cada quince días.
Rafelin, de 34 años, encerrado en Ezeiza, es oriundo de Santo Domingo, República Dominicana. Luz Marina Pérez Ortiz, de 43 años, viene de San Antonio, Venezuela, tal como Galaviz. Janel Ortiz, de 26 años, es otro dominicano, así como Reyes Marte. Gutiérrez López, que solía vivir en Lomas del Mirador, es oriundo de Bolivar, Venezuela.
Casi todos fueron arrestados en una redada de varios allanamientos realizada en CABA y territorio bonaerense en octubre de 2025, Reyes Marte cayó en Río Grande, Tierra del Fuego: sus procesamientos fueron confirmados por la Cámara en lo Penal Económico a fines de noviembre pasado.

El sueño del laboratorio propio
Según un documento de la causa, fueron acusados de “la importación de MDMA/éxtasis desde Europa hacia América del Sur (Argentina y Paraguay), así como la fabricación de pastillas con el referido material ilícito, para su posterior distribución y comercialización en este país y la República Oriental del Uruguay”.
El negocio, como en otros casos de traficantes de sintéticos, es de doble vía. La banda se dedicaba a “la obtención de cocaína para exportarla hacia el continente europeo”, donde es una commodity narco. También habrían traficado con polvo en territorio nacional. Reyes Marte fue indagado por la captura de una mula brasileña en Tierra del Fuego que llevaba más de un kilo de cocaína en el estómago.
El grupo, también, fue señalado por supuestamente controlar “un laboratorio montado en una finca rural de 100 hectáreas situada en la localidad de Capitán Miranda, ciudad de Encarnación, República del Paraguay” en el cual “se encontraron maquinarias e insumos de alta capacidad para la manufactura de drogas de diseño, como una máquina profesional para la confección de pastillas, valuada en alrededor de USD 100.000”, un dato que fue descubierto por la PROCUNAR gracias al diálogo con sus pares en Paraguay.
El laboratorio, en el que se encontraron varios bidones con precursores químicos además de la comprimidora de pastillas, habría sido regenteado por uno de los prófugos de la organización. Un testimonio reveló que se realizaban viajes en auto hasta la provincia de Misiones, en donde personas que cruzaban desde el Paraguay entregaban entre 7 y 8 kilos de MDMA que viajaban ocultos en autos acondicionados.
El esquema de la organización se completaba, según la acusación del juez Yadarola, con “una estructura compleja que involucró el uso de considerables recursos económicos y logísticos, testaferros”.
La ruta del éxtasis se intensificaba en Uruguay, donde fueron señalados por intentar ingresar más de 20 kilos de material en encomiendas a mediados de 2016: diez kilos de cristal y 25 mil comprimidos. El principal jefe del grupo fue acusado de montar la maniobra. Ese mismo año, intentó volar de Ezeiza a Medellín, Colombia, con más de 20 mil dólares que no podía explicar, lo que le valió una causa en la Justicia en lo penal económico.

Los amigos del rubro
La investigación complica a los acusados mencionados en esta nota en diversos frentes. Las pericias a los teléfonos, que revelaron chats con entregas de droga y cadeterías dealer varias, son una prueba relevante. Los vínculos de la banda con otras estructuras del hampa son más inquietantes todavía.
La historia de la valija que viajó de Francia a Ezeiza fue reveladora en este sentido. Los dos sospechosos que la custodiaban eran argentinos, oriundos de una pequeña localidad de Santa Fe. Según el expediente, habrían sido supuestamente reclutados por Eric Elián Gualpa, preso en el penal de Devoto aquel entonces, condenado dos años más tarde como partícipe secundario en la banda del narco santafesino Mauro Novelino, un irreductible capo sentenciado a 24 años de prisión.
Sin embargo, otro célebre santafesino, también preso en Devoto, habría estado a cargo de esta maniobra: Ignacio Actis Caporale, alias “Ojito”.

“Ojito” comenzó a figurar en las crónicas policiales en septiembre de 2012, cuando protagonizó su primera huida. De acuerdo a investigadores judiciales, mientras volaba desde Colombia hacia Argentina, se enteró de que parte de su banda estaba siendo allanada y aprovechó la escala en Perú para esfumarse. Volvió a escapar en abril de 2013, cuando se desplazaba en un Audi por Rosario y logró sortear una persecución policial que incluyó un tiroteo entre la Policía de Santa Fe y sus cómplices.
Actis Caporale fue mencionado 42 veces en el procesamiento de Yadarola. Se cree que integró dos subgrupos de la banda. Sus presuntos jefes: los capos prófugos de la banda.
Otros miembros de la organización se vinculaban a otro escurridizo del negocio de las mulas: el misterioso “Dominique”.

“Dominique” fue acusado por la PROCUNAR en 2025 de ser el nuevo rey de las mulas narco en Argentina. La Justicia todavía no sabe cómo se llama este hombre a ciencia cierta. Nosotros lo llamaremos “Dominique Harry Rayngs”, el nombre que empleó, por ejemplo, en su cédula de conductor falsa, con fecha de nacimiento de diciembre de 1975, formato francés, domicilio en París y nacionalidad holandesa. Fue condenado en Perú 20 años atrás con un nombre; luego, en Surinam, con otro, siempre por causas narco. Sería oriundo de Kourou, en la Guyana Francesa, al menos según sus papeles truchos, o de Surinam.
En Argentina fue sentenciado a cuatro años y ocho meses por tentativa de contrabando de estupefacientes el 20 de octubre de 2010, intentó enviar a una mujer africana, de Ezeiza a Vietnam en un vuelo de Qantas, con un kilo y medio de cocaína en el estómago. También fue vinculado por la PROCUNAR al farmacéutico Ricardo Bruno, el socio de Henrik Dasman, condenado por la muerte de la mula en Villa Devoto.
Rafelín del Rosario Ortiz fue vinculado directamente a “Dominique” como organizador de diversas maniobras, con una serie de llamadas relevadas entre junio y octubre de 2024. También, posó con uno de los procesados en varias fotos posteadas en Instagram. Luz Marina Pérez Ortiz, por su parte, es señalada como miembro del círculo interno de Rafelín, ligada a diversos movimientos de dinero, con gestiones de pasajes para otro de los capos procesados.



