Lucas Otero recuerda con emoción aquel momento en que le comunicó a su padre que contaba con los clientes suficientes para dejar atrás el negocio familiar y dedicarse de lleno a su verdadera pasión: los perros. “Me quiero dedicar de lleno a esto. Ya tengo una buena cartera de clientes. No voy a ir a trabajar más con vos”, le dijo. Actualmente, se dedica de lleno a los perros, ocupa la mayor parte de su tiempo y es su principal fuente económica. “Gano aproximadamente entre cuatro y seis millones por mes”, revela.
Otero cuenta que le costó mucho dejar atrás su trabajo de electricista porque al principio le costaba conseguir clientes. Fue gracias a las redes sociales y al “boca en boca” que pudo darle forma a su Escuela de Educación Canina “Duan”. Todo empezó con su primer perro y la razón por la cual se cuestionó ser educador canino. Ese cachorro de raza Boyero de Berna, algo travieso, hizo que comenzara clases de educación canina y finalmente se decidiera por aprender la profesión que ejerce hace catorce años. El requisito más importante para realizar el curso -aconseja- es tener devoción por los perros. Dice que es un trabajo que requiere responsabilidad, paciencia y sobre todo ganas de enseñarle a las mascotas.
Si bien hoy cuenta con más de 60 alumnos por semana, no olvida su primera experiencia enseñando: “Me acuerdo de mi primer alumno. Era un mestizo ovejero”. La familia del perro lo contactó para trabajar sobre cuestiones de obediencia para que el perro haga caso, escuche y no destroce la casa. Hoy recuerda cómo se sentía aquel día: “Fui un poquito inseguro. Sobre lo que me podía llegar a encontrar y cómo manejar la situación. Por suerte, todo fluyó bien”. El temor no era principalmente por el cachorro, sino por cómo relacionarse con sus tutores, pero estaba seguro de los conocimientos que había aprendido para trabajar con animales.
“El éxito de adiestrar un perro depende en un 70% de los tutores y un 30% de la voluntad del perro”, explica Lucas. Muchos de los comportamientos que las personas intentan inculcar en sus mascotas son necesidades humanas, entonces es fundamental que aprendan cómo comunicarle y enseñarle a los animales qué comportamientos buscan que predominen y cuáles no. No se le puede echar la culpa en su totalidad a ninguna de las dos partes, es un trabajo en conjunto. “Así, hay muchas personas que dejan de traer a sus perros a la escuela, porque no les pueden dedicar el tiempo que necesitan”.

“Lo que más me gusta de mi trabajo son los perros y lo que menos me gusta es lidiar con las personas”, afirma entre risas. Lucas es un apasionado de los animales. Le gusta observar cómo se comunican entre ellos y con los humanos y cómo resuelven de forma autónoma distintos obstáculos que se les presentan. Otero destaca la importancia de darles libertad en determinados momentos para observar cómo aprenden a resolver por sí solos.
Lucas afirma que en su trabajo se enfrentó por momentos a situaciones de riesgo, al trabajar con perros que tienen comportamientos agresivos con sus tutores, pero reconoce que es parte de su trabajo y que si se hacen las cosas bien desde ambos lados y con consciencia, es muy poco probable que ocurra un accidente. Recuerda una vez que estaba con un alumno y por un descuido involuntario de su tutor, recibió una leve mordida que no generó heridas graves. Sin embargo, a pesar de enfrentarse a situaciones incómodas afirma que nunca pensó en abandonar su actividad y nunca lo hará.

Las consultas más comunes que reciben en la escuela son por reactividad hacia otros perros y casos de ansiedad por separación, que son aquellas mascotas que no se pueden quedar solas en casa. Otero resalta que esta última problemática se intensificó después de la pandemia de COVID-19, ya que los perros se acostumbraron a estar acompañados durante todo el día: “Cuando el perro se queda solo en casa no sabe qué va a pasar. No sabe que el tutor se va de casa pero va a volver”. Hace hincapié en lo importante que es para los perros estar acompañados. “El quedarse solos para los perros es lo más antinatural del mundo”, afirma.
En una de sus clases, Lucas trabaja con Sami, una perra que necesita aprender a regular la intensidad de su interacción con otros canes. Para eso recibe ayuda de su amiga Cuma, un ovejero de Berna. “Lo que estamos trabajando con Sami es que empiece a respetar los límites de otros perros cuando le piden espacio”, describe. El proceso requiere paciencia y observación constante: “Cuma se le acerca cuando ve que ella bajó un poco la intensidad. Entonces ahí Sami empieza a entender que tiene atención de la otra perra cuando está más tranquila”.
Considera que, al momento de educar, es importante la raza. “Puede haber diferencias de comportamiento entre perros de raza y mestizos”. Es fundamental la rutina de cada uno cuando se busca incorporar a la familia a un animal doméstico. “Hay perros de raza que se los seleccionó para diferentes tareas o trabajos. Por ejemplo, un border collie cuya actividad de origen era el pastoreo y vos lo ves paseando por la ciudad pese a que tiene mucha sensibilidad auditiva”. Otero comenta que estas situaciones podrían llegar a manifestarse en perros mestizos, pero que son más notorias en determinadas razas.
En cuanto al porqué algunos perros necesitan más educación que otros, Lucas cuenta que la genética del animal influye en su comportamiento. Pero el principal motivo es la educación que recibe en su casa desde el momento en que llegó, ya sea un pequeño cachorro o un adulto. “Si no le enseñamos nuestras normas de convivencia pueden aparecer problemas”.

Aunque Lucas es feliz haciendo lo que ama y viviendo todos los días junto a sus alumnos y tutores, no niega que siente el cansancio mental y físico después de hacer su trabajo. Las redes sociales fueron un gran apoyo para viralizar su trabajo y conseguir más clientes. Otero admite que esa es la parte de su trabajo a la que dedica mucho tiempo y que nadie ve. Sin embargo, el joven revela que la mayor recompensa es ver cómo los perros se van de su escuela con los problemas resueltos.



