“Lo mandaron a casa con ibuprofeno”: los últimos días del adolescente de 14 años que murió por hantavirus en San Andrés de Giles

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Rodrigo tenía 14 años. Falleció el 2 de enero pasado, en la Unidad de Terapia Intensiva en Pergamino

“Por más que mi hijo no esté, seguimos siendo siete”, le dice a Infobae David, padre de Rodrigo Morinigo, el adolescente de 14 años que murió por hantavirus en San Andrés de Giles, provincia de Buenos Aires.

Del otro lado del teléfono, la voz del hombre se quiebra. “Me cuesta arrancar. Me cuesta volver a tocar el tema. Todos los días voy al cementerio, me siento un rato en frente de él y le pido fuerza para sacar adelante a la familia”, dice.

El caso no es aislado. Según el último Boletín Epidemiológico Nacional, entre julio de 2025 y la primera semana de enero de 2026 se registraron 58 casos de hantavirosis y 20 muertes en el país. La letalidad en ese período fue del 34,5 %, la más alta en comparación con temporadas previas. El informe advierte, además, que el escenario está en umbral de brote, con especial impacto en la región Centro —que comprende Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos— donde los casos se concentran.

Más allá de los números, la familia Morinigo sostiene que en el hospital de San Andrés de Giles Rodrigo no recibió una atención adecuada. Hablan de decisiones médicas tardías, demoras y falta de estudios que —aseguran— le quitaron tiempo vital. “Lo mandaron a casa con ibuprofeno”, dice su padre. “Ahora no me quieren dar la historia clínica”, agrega.

Rodrigo (atrás a la izquierda) junto a sus padres, David y María Deisy, y su hermana menor, Ámbar

Del primer síntoma a la terapia intensiva

Rodrigo Morinigo nació el 25 de enero de 2011 y era el cuarto de cinco hermanos: Brian (22), Leonardo (19), Benjamín (16) y Ámbar (8). Vivía con su familia en el campo, a unos 15 kilómetros de San Andrés de Giles, y viajaba todos los días al pueblo para ir a la escuela. Su papá, albañil, lo acompañaba en colectivo. “Era un chico muy respetuoso y educado. Había pasado a tercer año del secundario. Sus compañeros del colegio lo adoraban”, cuenta.

El malestar arrancó el jueves 25 de diciembre de 2025. Rodrigo empezó a levantar temperatura hasta que, el lunes 29, decidieron llevarlo al hospital municipal. Según el relato de su padre, fue atendido “así no más” y enviado de regreso a su casa. “Le dieron ibuprofeno y, aunque no le bajaba la fiebre, no fueron capaces de mandarle a hacer una placa o un análisis de sangre. El médico que lo revisó le dijo que era un cuadro viral”, plantea.

El 31 de diciembre, al ver que su hijo empeoraba, David volvió a llevarlo al hospital. “Tenía 40° de fiebre y lo único que hacía era tomar agua. ‘Tengo sed, tengo sed’, decía”, cuenta. Esta vez lo atendió una médica que conocía a la familia y ordenó placas y análisis. Los primeros resultados abrieron varias hipótesis —entre ellas, dengue hemorrágico— y optaron por dejarlo en observación con suero.

Pero el cuadro siguió empeorando. De acuerdo con David, su hijo fue llevado a una sala común, sin aire acondicionado, en medio de una jornada de calor agobiante. “Mi señora pidió un ventilador porque Rodrigo se estaba sofocando y le dijeron que no. Le sugirieron que lo refrescara con una ducha. Mientras lo bañaba, se desmayó”, relata. Recién en ese momento lo trasladaron a terapia intensiva y, tras repetir los análisis varias veces, apareció la sospecha de que podía tener hantavirus. “Jamás se nos cruzó por la cabeza. Mi nene era un chico sano y fuerte”, dice.

Rodrigo junto a su hermana menor, Ámbar, en su egreso del primario

La última noche de Rodrigo

El 1° de enero, Rodrigo fue derivado al Hospital Interzonal General de Agudos “San José” de Pergamino, a unos 140 kilómetros de San Andrés de Giles. En el trayecto volvió a descompensarse. “Yo estaba desesperado, no sabía qué hacer”, resume David. Antes de salir, dice, su hijo le alcanzó a decir a su mamá que le dolía el pecho y que no podía respirar. “Le pedía que le pusieran algo para calmar el dolor”, recuerda.

Horas después, mientras intentaba contener a sus otros hijos en su casa, el hombre recibió un llamado: tenía que viajar a Pergamino a donar sangre para Rodrigo. “Me fui creidísimo y, en realidad, me mandaron a llamar para que fuera a despedirlo”, cuenta. Cuando llegó, ya estaba entubado. “Me dijeron: ‘Pasá a hablarle, a ver si le das ánimo’. Verlo ahí, todo lleno de cables, me dejó una amargura. No hay consuelo”, dice entre lágrimas.

La confirmación del diagnóstico llegó al día siguiente, pero ya era tarde. Rodrigo murió ese 2 de enero, horas más tarde, en terapia intensiva. David asegura que en Pergamino “hicieron hasta lo imposible” para salvarlo. “Yo les agradezco. Así tendría que haber sido desde el principio en Giles”, insiste. Y cierra con la frase que repite desde entonces: “No puede haber otro Rodrigo”.

Parte de la familia Morinigo en el último cumpleaños de David

Un caso “solapado”

La muerte del adolescente sacudió a la comunidad gilense. Según informaron las autoridades, si bien el caso fue verificado por laboratorio, todavía no se pudo determinar el sitio exacto de contagio. San Andrés de Giles había registrado casos en 2019 y 2020 —siempre vinculados a áreas rurales—, pero hasta ahora no se habían reportado víctimas fatales.

Infobae intentó contactar a la Secretaría de Salud local, Yamila Maccari, pero al cierre de esta nota no obtuvo respuesta.

El pasado 5 de enero, en una entrevista con FM Mundo, la funcionaria se refirió al caso y sostuvo que al inicio fue “muy solapado”. También defendió el procedimiento del hospital municipal. “No es una enfermedad que se sospeche en las primeras 24 horas de fiebre. Si el médico lo revisó y notó bien las ruedas aéreas, en principio quizás no le dio la sospecha. Entró con síndrome febril y a las pocas horas, con ya shock tópico, tenía afectación cardiopulmonar”, dijo.

En esa misma entrevista radial, consultada sobre el trabajo posterior con la familia, Maccari señaló que, aunque la probabilidad de contagio de persona a persona es baja, se estaba realizando un seguimiento epidemiológico y clínico “según los protocolos”. “Por supuesto que, como seguimos al grupo familiar, también lo acompañamos en todo lo que tenga que ver con apoyo en salud mental”, dijo.

Rodrigo de pequeño junto a su hermana menor, Ámbar. “Desde chicos siempre fueron inseparables”, cuenta el papá

David, sin embargo, cuestiona la respuesta del municipio una vez que Rodrigo murió. “Lo único que hizo Bromatología fue dejarme un listado con instrucciones para limpiar mi casa. Tuve que conseguir veneno para ratas y desinfectante. No recibí nada por parte del Municipio. El pasto lo cortó un vecino y los productos me los regaló un amigo”, reclama. También asegura que advirtió sobre un galpón cercano a su domicilio con presencia de roedores, pero no hubo respuesta. “Nosotros no podemos hacer nada porque nos mandaron acá”, le contestaron.

Mientras continúa desinfectando su casa, él y su familia se fueron a vivir a otro lugar: “Estamos en lo de otro amigo, a unos quinientos metros. Si no era por él, capaz que terminábamos durmiendo en una plaza o en la terminal”.

El duelo por la muerte de Rodrigo atraviesa a toda la familia, pero en especial a su hermana menor, Ámbar. “De día está todo bien, pero cuando llega la noche se levanta llorando por su hermano. Y a mí me destroza verla así”, dice David, con la voz quebrada. Y cierra: “Esto se tiene que saber. No puede haber otro Rodrigo. Yo no voy a parar hasta que el médico que lo mandó a casa con ibuprofeno no pueda ejercer más. Y ahora dicen que arreglaron el aire en el hospital. ¿Te parece? Una familia tuvo que quedar destruida para que alguien haga algo”.

El hantavirus provoca síntomas iniciales similares a los de la gripe, que pueden evolucionar a un síndrome cardiopulmonar grave (Infografía realizada con IA)

Sobre el hantavirus y cómo prevenirlo

El hantavirus es una enfermedad viral grave que se transmite al ser humano por roedores —principalmente por el ratón colilargo— y por el contacto con su saliva, orina o heces, ya sea en el ambiente o de forma directa. En menor medida, puede contagiarse por mordeduras. No tiene vacuna.

Los primeros síntomas suelen parecerse a una gripe fuerte. Fiebre, dolor muscular, dolor de cabeza y escalofríos son las señales más frecuentes. También pueden aparecer náuseas, vómitos, dolor abdominal o diarrea. En los casos más graves, la enfermedad puede evolucionar rápido hacia un compromiso cardiopulmonar.

De acuerdo con el Ministerio de Salud, la letalidad más elevada se registró en el grupo de 50 a 59 años, con un 75%. En lo que va de esta temporada, Rodrigo fue uno de los dos menores fallecidos: también murió una niña de 10 años en General Belgrano, provincia de Buenos Aires. El último caso público fue el de una joven de 35 años que falleció en Arrecifes: es la quinta víctima de hantavirus en territorio bonaerense.

Para prevenir el contagio, las autoridades recomiendan evitar el contacto con roedores, sellar viviendas para impedir su ingreso y limpiar pisos, paredes y muebles con soluciones desinfectantes. Además, se aconseja ubicar huertas y leña a más de treinta metros de la vivienda, mantener el pasto corto y ventilar los ambientes cerrados, al menos 30 minutos antes de la limpieza.