
El hombre que ahora camina tranquilo por el parque de una quinta de Villa Rosa en Pilar y posa para la foto frente a un viejo arado, en los años 80 y 90 era más que temido cuando estaba al frente de la llamada “Superbanda”. Este grupo de ladrones asaltó 23 bancos y 18 camiones blindados. Además, tuvo a maltraer a la Policía Bonaerense. “Me querían bajar a toda costa, pero no pudieron”, se jacta Luis “El Gordo” Valor mientras conversa con Infobae y agrega: “Igual reconozco que me salvé de milagro porque me la tenían jurada. Además, me pasé casi la mitad de mi vida preso. Ahora me arrepiento, pero es tarde. Podría haber estudiado y mi compañera también. Hace cuarenta años que estoy con ella, que me aguanta y yo la aguanto”, bromea Valor, respecto a Nancy Colazo, su segunda mujer.
Su amor por “El Gordo” le costó a Nancy “visitar” varios calabozos. En 1987, estuvo presa tres meses en la cárcel de Ezeiza bajo la carátula de “tenencia de armas de guerra”, cuando allanaron la casa que compartía con Luis. Luego fueron sobreseídos porque se comprobó que el procedimiento policial estaba “mal hecho”. En 1990, la mujer permaneció casi dos días detenida, cuando ambos pasaron por Gualeguaychú.
“El Gordo” y Nancy, una historia de amor
Y en 1992, Nancy regresó a la prisión de Ezeiza por quince días. Siempre “caía” para presionar las confesiones de su marido. Y Colazo aporta: “Recuerdo que un juez de apellido Rodríguez me secuestró hasta una lamparita de mi casa”.
Valor ya lleva siete años y medio en libertad después de salir el 5 de julio de 2018 del último presidio donde estuvo alojado, la cárcel de máxima seguridad de Urdampilleta. Durante su vida fue condenado varias veces por asaltos a camiones blindados y por la espectacular fuga del Penal de Devoto en 1994. Su última sentencia fue a cuatro años por escapar de un control policial en Bella Vista, en una Renault Kangoo de la que se secuestraron tres armas largas.

Valor cuenta que recorrió más de treinta penales entre los que se encuentran algunos emblemáticos como los de Caseros, Sierra Chica, Olmos, La Plata, Florencio Varela, Melchor Romero, Campana, Junín, Urdampilleta y Devoto. De esta última cárcel, el hombre se escapó disfrazado de médico. “Yo venía de montones de motines y huelgas, se me acercaba el juicio oral y era consciente de que me la iban a dar por la cabeza con una condena fuerte. Estaba obligado a fugarme o fugarme, no me quedaba otra. Sabía que querían vengarse por cuestiones políticas, por mi pasado como montonero. Es que desde mis 19 años que empecé a robar, militaba en la JP Montoneros. Antes andaba en partidos de izquierda. Así, permanecí un año, clandestino y tuve llegada a casi todos los de arriba: Firmenich, Vaca Narvaja, Perdía, Galimberti, Dardo Cabo, Dante Gullo. Afanaba coches para sobrevivir, para comer, porque me buscaban más por temas políticos que por ladrón. Y la orden que tenían era bajarme por montonero. Robaba para poder morfar. Es cierto que me habían invitado a fugarme. La fuga fue brava. Tomamos el hospital. Algunos nos pusimos guardapolvo de médico y otro el uniforme penitenciario. Subimos y nos descolgamos con sábanas desde el séptimo piso. Salté una pared de casi ocho metros esquivando algunos tiros y otros me dieron. Ya en la calle alguno que otro se rajó primero y otros quedamos en banda, pero esa es otra cuestión. A mí era al que más buscaron, pero yo a las horas ya estaba en Córdoba, Villa María, en Carlos Paz, saltaba de un lugar a otro. Hasta que volví a caer”.
La interna de la fuga de Devoto
Cuando Valor dice que alguno se fue primero una vez que lograron llegar a la calle en libertad se refiere a Hugo “La Garza” Sosa, de quien prefiere no hablar demasiado. “Los otros tuvimos que correr para esquivar los tiros de los guardiacárceles. Hasta que a las dos cuadras le ganamos de mano a una mujer que iba a subir a un remise y desaparecimos cruzando la avenida General Paz hacia la provincia de Buenos Aires”.
Y una vez que llegaron al partido de Tres de Febrero intercambiaron disparos con un patrullero que no pudo alcanzarlos. El escape fue inmortalizado en un video casero que filmaron los vecinos de Villa Devoto que advirtieron la maniobra.
Valor hace una pausa en la charla porque suena su teléfono. Del otro lado de la línea está su flamante asesor y abogado, Miguel Ángel Pierri. “Me va a ayudar desde lo legal porque tengo que resolver algunos temas para poder filmar mi película y un documental. Quiero avanzar para no perder más tiempo ya que algunos que se comprometieron a hacer este trabajo, no están cumpliendo, y eso no nos permite avanzar y terminar el laburo de una vez por todas. Vamos a ponernos firmes con eso”.

Los “códigos” de Valor
El diálogo avanza mientras Valor se empeña en contar que él nunca mató a nadie: “Me importa dejarlo bien aclarado porque la policía siempre me quería enganchar con eso para justificar bajarme a tiros. Me acusaron varias veces, insistían con ese tiroteo de la localidad de La Reja en Moreno. Yo no estuve ese día en ese robo, pero como cayó uno de ellos me involucraron para darme más condena”.
“¿Por qué nos dedicábamos a robar bancos y camiones blindados? Porque nos dimos cuenta después de haber observado mucho que en las garitas había un solo policía. Y en los blindados también custodiaba poco personal, apenas un chofer y un custodio. Entonces nosotros íbamos de a varios y nos llevábamos todo sin disparar un solo tiro. La guita me sirvió para pagar abogados nada más. Ahora vivimos tranquilos, disfruto de tomar un mate con Nancy y saludar a mis vecinos del barrio”.
Valor vuelve sobre el tema y afirma que le hubiese gustado seguir alguna carrera universitaria. “Podría haber estudiado medicina. La vida me fue llevando hacia el robo de muy pibe. Ahí estuvo el problema. Por eso les aconsejo a los muchachos que estudien, porque el delito o te lleva a la cárcel o a que te maten. En mi época, lo nuestro no era la plata del laburante. Era la de los blindados, los bancos y las financieras. Igual estaba mal, pero no nos metíamos con la gente común. Eso estaba bien clarito”.



