
El divorcio silencioso está adquiriendo relevancia entre las parejas mayores que, si bien permanecen unidas legalmente, atraviesan un distanciamiento emocional y conviven como simples compañeros.
Este fenómeno, descrito por especialistas y recogido por The Week, se manifiesta con frecuencia en matrimonios a partir de los 40 años, transformando la relación en mera convivencia y afectando profundamente tanto a la pareja como al entorno familiar.
A diferencia del divorcio legal, el divorcio silencioso implica una desconexión afectiva que se da en la intimidad, sin episodios conflictivos públicos ni acuerdos formales.
Según el análisis de The Week, una señal clara es que “la pareja se siente más como compañeros de piso que como pareja”, y pasan a centrarse más en su rol de madres y padres que como pareja en sí.
Este tipo de separación silenciosa ocurre especialmente entre adultos a partir de los 40 años y, en muchos casos, suele estar motivada por mujeres que durante años han sido la “organización” y el eje familiar.
Con el tiempo, la acumulación de responsabilidades y el agotamiento emocional provocan una ruptura interna apenas perceptible. “Después de los 40, algo cambia y el cansancio ya no se puede superar”, apunta el informe de The Week.
Expertos citados por The Week, como Emily Impett, profesora de psicología, coinciden en que las mujeres suelen detectar antes el distanciamiento afectivo y buscan conversar sobre la relación, mientras que los hombres tienden a evitar el conflicto emocional.

Si la comunicación falla y los problemas no se afrontan, la distancia crece y la conexión se debilita. Impett subraya que, cuando se desvanece la pasión, muchas personas interpretan esto “como un fracaso, no como parte natural de la relación”.
Además, factores como las comparaciones en redes sociales y las demostraciones públicas de afecto intensifican el sentimiento de alejamiento.
El desgaste emocional, la ausencia de comunicación efectiva y el aburrimiento son factores centrales de este fenómeno.
Según The Week, la dinámica afecta el ambiente familiar, en especial la convivencia con los hijos, quienes pueden experimentar una atmósfera tensa y falta de apoyo emocional.
Según la psicóloga clínica Mehezabin Dordi, citada por el medio, el divorcio silencioso “raramente resuelve los problemas de fondo” porque falta una comunicación real, la oportunidad de reparar y una comprensión compartida.

El contexto estadounidense revela que, a pesar de que la tasa general de divorcios ha caído en las últimas décadas (de 22,6 divorcios por cada 1.000 mujeres casadas en 1980 a 14,4 en 2023), el índice entre mayores de 50 años —conocido como divorcio gris— ha aumentado.
En 1990, este grupo tenía 3,9 divorcios por cada 1.000 mujeres casadas, cifra que subió a 10,3 en 2023, según datos citados por The Week.
Muchas de estas rupturas formales comienzan antes como divorcios silenciosos. Pese a este distanciamiento, muchas parejas optan por permanecer juntas debido a razones económicas.
El análisis del Dellino Family Law Group citado por The Week revela que cerca del 60% de las parejas en situación de divorcio silencioso “no pueden permitirse separarse” y quedan atrapadas por los altos costes de la vivienda, la dependencia del ingreso doble y el miedo a dividir los bienes.
La ausencia de un reconocimiento legal agrava la complejidad. No existe una figura jurídica para quienes permanecen casados pero separados emocionalmente, lo que deja a estas personas sin respaldo ni protección específica.
Esta falta de reconocimiento formal sitúa a las parejas en una zona indefinida, con las obligaciones del matrimonio pero sin los beneficios emocionales ni materiales de una relación sana.
El desafío del divorcio silencioso reside en que miles de adultos mayores permanecen en un limbo relacional para el que no hay soluciones claras.
Mientras la legislación no contemple esta realidad, quienes la viven se enfrentan sin certezas a las dificultades de una relación quebrada que no se resuelve.



