El desesperado pedido de ayuda por un joven mendocino que se descompensó en Punta Cana y permanece internado en terapia intensiva

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Loe lucha por su vida y necesita ayuda para recuperarse

“Su hijo tiene una mano con Dios y otra con nosotros”. Esa fue la frase que escuchó María Esther Cobos al llegar a una clínica de Punta Cana y asomarse, por primera vez, al cuarto donde Leonardo Sáez luchaba por su vida. Desde este miércoles, su hijo despierto y muestra una leve mejoría, pero el camino hasta ese punto fue un infierno. Desde República Dominicana, la madre de Leonardo relata a Infobae cómo una molestia aparentemente común se transformó en una pesadilla que aún no termina.

En diciembre, Leonardo sintió un ardor en la garganta mientras bailaba sobre un escenario en República Dominicana. Había viajado hasta allí desde San Rafael, Mendoza, impulsado por el sueño de vivir del baile. Lo que comenzó como una simple faringitis derivó, en cuestión de semanas, en un cuadro gravísimo. Medicado sin un diagnóstico certero, dejó de comer, dejó de tragar y su cuerpo comenzó a debilitarse de manera alarmante. El lunes más angustiante de su vida, ingresó de urgencia a una clínica de Punta Cana tras sufrir un shock respiratorio que casi le cuesta la vida.

La noticia cruzó el continente y desató una carrera desesperada. Desde Argentina, sus padres hicieron lo imposible para llegar a su lado. Ya en República Dominicana —a donde pudieron viajar gracias a la ayuda solidaria de familiares, amigos y vecinos— recibieron el parte médico: una infección severa en la garganta había avanzado y comprometía otras zonas de la vía respiratoria. Leonardo fue inducido a un coma farmacológico y sometido a una intervención quirúrgica. Después de la operación, sufrió un paro cardiorrespiratorio.

Sin cobertura médica, la familia enfrenta ahora no solo la angustia por la salud de Leonardo, sino también el enorme desafío económico que implica sostener su tratamiento y la internación en una clínica privada, de la cual no pueden trasladarlo debido a su estado. Por eso, iniciaron una campaña solidaria: “Con lo poco que nos puedan ayudar, es mucho. Y les pedimos que oren por él”, pidió María Esther, con la voz quebrada, mientras acompaña a su hijo, hoy consciente, dando pequeños pero vitales pasos en su recuperación.

El sueño de Leo

Leonardo Sáez se fue de San Rafael, Mendoza, persiguiendo un sueño que había cultivado desde chico: vivir del baile. En Argentina se formó académicamente mientras trabajaba en un local gastronómico, donde empezó a ahorrar en silencio. Nunca habló demasiado de sus planes. Hasta que un día, simplemente dijo: “Mami, me voy a vivir a otro lado”. María Esther pensó que se mudaría a Buenos Aires o alguna ciudad cercana. Pero Leonardo tenía otro destino en mente: República Dominicana.

A fines de agosto de 2021, viajó a Punta Cana. Allí logró lo que había ido a buscar: fue contratado por una empresa y comenzó a trabajar como bailarín profesional. Se instaló, armó su rutina y, durante casi cuatro años, llevó una vida activa y saludable. “Nunca tuvo problemas de salud. A lo sumo un resfrío o las picaduras de mosquitos”, cuenta su mamá. Hablaban todos los días. Nada hacía prever lo que estaba por venir.

Leo en una de sus presentaciones en la Fiesta de la Vendimia, Mendoza

Todo cambió en diciembre de 2025. Leonardo empezó a sentir una molestia en la garganta. Al principio, creyó que se trataba de una faringitis. El dolor y la inflamación fueron en aumento. Acudió varias veces a la guardia de una policlínica local, donde lo medicaban, pero sin un diagnóstico certero. Los medicamentos aliviaban los síntomas por poco tiempo y luego el cuadro empeoraba. “Cada vez sentía que la garganta se le cerraba más”, relata la madre.

En los días siguientes, la situación se volvió crítica. Leonardo dejó de comer porque no podía tragar y, a los días, tampoco podía pasar agua. Angustiada, María le imploraba desde Mendoza para que volviera a la guardia. “El domingo previo a la internación, pasó la noche tosiendo sin parar supo por un amiga de Leo—. El lunes por la mañana decidió ir solo al médico, en su moto. Antes de entrar a la guardia, me mandó un mensaje y me temblaron las piernas: ‘¡Te amo, mamá! No me siento bien’, escribió”.

Ya en la clínica, mientras era revisado, sufrió una descompensación respiratoria. Su garganta se cerró por completo y comenzó a asfixiarse. Los médicos actuaron de urgencia: lo intubaron y lo trasladaron a terapia intensiva. Para el mediodía de ese mismo día, Leonardo ya estaba en la Unidad de Cuidados Intensivos. La familia todavía no lo sabía.

Leo se recupera lentamente

La carrera desesperada de la familia y el pedido de ayuda

La noticia llegó horas más tarde, a través de una amiga que vive en Punta Cana y se animó a llamar a la familia. “Fue una desesperación tremenda. No sabía qué le había pasado a mi hijo”, revive María Esther y se le eriza la piel. “Le pedí a mi marido que me llevara. Necesitaba estar con mi hijo”, cuenta su desesperación.

Sin tiempo para pensar, junto a su esposo, Javier Sáez, comenzaron una carrera contrarreloj para viajar a Punta Cana. Familiares, amigos y vecinos se movilizaron de inmediato para reunir el dinero necesario para que pudiera comprar los pasajes. Cada aporte, hasta el más mínimo, ayudó a acortar la distancia.

En cuestión de horas, lograron llegar de San Rafael a Mendoza para tramitar los pasaportes de urgencia. Con ayuda de conocidos y gestiones aceleradas, en la madrugada del miércoles de esa misma semana emprendieron el viaje rumbo a República Dominicana, con escala en Panamá. Llegaron a Punta Cana ese mismo día, cerca del mediodía, envueltos en una mezcla de angustia y esperanza.

Javier Sáez y María Esther Cobos, padre y madre de Leo, piden ayuda para costear un gasto diario de 3 millones de pesos para la internación de su hijo Leonardo (@leosaez.ayudemos)

Al llegar a la clínica, el panorama fue devastador. Leonardo estaba internado en estado crítico, sedado y conectado a un respirador. “El médico me dijo que tenía una mano con Dios y otra con nosotros”, relata envuelta en lágrimas —María Esther se disculpa porque prometió que ya no iba a llorar, pero el recuerdo la supera—. Pudieron verlos solamente por unos segundos. La gravedad del cuadro no dejaba margen para falsas expectativas.

La situación empeoró al día siguiente, cuando Leonardo sufrió un paro cardiorrespiratorio. Los médicos lograron reanimarlo, pero su estado continuó siendo extremadamente delicado. Fue entonces, cuando los estudios revelaron una infección severa en la garganta que se había extendido y comprometía seriamente su respiración. En un primer momento, se habló de un hongo agresivo, difícil de identificar y tratar. Mientras avanzaban con antibióticos y antifúngicos, el joven permaneció sedado durante siete días.

Los días siguientes fueron de extrema tensión. Leonardo mostraba pequeñas mejorías seguidas de retrocesos. “Era un paso adelante y dos atrás”, resume la madre. Recién hacia el fin de semana pasado los médicos comenzaron a notar una evolución favorable. Decidieron retirarle el tubo de respiración para evitar nuevas infecciones. Fue un momento crítico: si no lograba respirar por sus propios medios, habría que realizar una traqueotomía.

Finalmente, Leonardo pudo respirar con asistencia de oxígeno. Con dificultad, tos y un gran esfuerzo empezó a despertar lentamente. Hoy está consciente, reconoce a sus padres y permanece bajo estricta observación médica. Aún no sabe todo lo que ocurrió. El equipo médico decidió que el proceso será acompañado por un equipo de salud mental para evitar un impacto traumático en él.

El pronóstico sigue siendo reservado. Leonardo deberá permanecer varios días más en terapia intensiva y luego pasar a una sala común. No hay fecha de alta. A esta situación se suma un problema enorme: la falta de cobertura médica. Leo tenía un seguro médico que solo cubrió la primera atención en la guardia. La clínica es privada y los costos diarios son altísimos.

Hasta el momento, la familia ya afrontó gastos cercanos a los 18 millones, gracias a la solidaridad de la gente que desde que supo del caso de Leo no deja de aportar. Cada día de internación suma nuevos costos y el tratamiento puede ser largo. Por ese motivo, la familia lanzó una campaña solidaria y continúan pidiendo ayuda. “Nos queda mucho por delante y no queremos moverlo de esta clínica porque su salud no lo permite”, explica su madre.

Emocionada —y apurada para volver con su hijo— María agradece el apoyo recibido desde Argentina y desde República Dominicana: vecinos, bailarines, colegas y personas que no conocen a Leonardo se acercaron con donaciones, mensajes y oraciones. “Mi hijo dio un pasito muy chiquito, pero inmensamente grande. Confío en que podremos volver a Argentina con él”, finaliza.

Mientras la recuperación continúa, la familia apela a la solidaridad para poder sostener el tratamiento y darle a Leonardo la oportunidad de volver a bailar, esta vez, después de haberle ganado una pelea a la muerte.

*Para colaborar con Leo, puede donar al alias de Tarjeta Naranja a nombre de la hermana de Leonardo Sofia Sol Saez: sofiasol.saez