
“¡Golpeá que te van a abrir!”, ironizaba la gente a los legisladores que no podían ingresar el palacio legislativo en la tarde del lunes 27 de enero de 1908. Insólitamente, había sido clausurado por el presidente José Figueroa Alcorta, con el auxilio de la policía y del cuerpo de bomberos.
Ese cordobés que usaba anteojos sin patillas ajustados al puente de la nariz y con un bigote en punta que con los años se recortó. Figueroa Alcorta, además, vestía en forma austera, lo que hacía que algunos de su clase lo mirasen de reojo. Este dirigente había nacido en Córdoba el 20 de noviembre de 1860. Comenzó ganándose la vida como abogado para la Municipalidad de Córdoba y para el Ferrocarril Central Norte. En 1887, con 25 años, fue electo senador provincial del Partido Autonomista Nacional. Luego, fue ministro de Gobierno en la gestión de Marcos Juárez y de Hacienda en la de Eleazar Garzón.

En su fulgurante carrera política, Figueroa Alcorta apoyó a Miguel Juárez Celman y entre 1893 y 1898 fue gobernador en su provincia. Era senador nacional cuando aceptó acompañar a Manuel Quintana en la fórmula presidencial. En las elecciones del 10 de abril de 1904, con el voto de todos los electores menos los de Entre Ríos y Tucumán, el binomio fue consagrado.
En la revolución radical de 1905 fue tomado prisionero por los revolucionarios mientras veraneaba en Capilla de Monte. Estos habían urdido una maniobra para confundir al presidente Quintana, que no dio resultados, pero que provocó la desconfianza del presidente, quien sospechó que lo había traicionado.

Alcorta encabezaría un récord que sería la envidia de más de un político: fue el primer argentino que presidió los tres poderes: presidente del Senado, del país y de la Corte Suprema de Justicia.
Cuando Manuel Quintana enfermó, le delegó el mando y finalmente asumió la presidencia el 12 de marzo de 1906, tras la muerte del primer mandatario. Desde el primer momento dio señales de independencia del aparato político al que pertenecía. Era una persona difícil de convencer y se sabía apoyado por la Coalición Nacional que se había impuesto en los comicios del 11 de marzo de 1906, realizados un día antes de la muerte de Quintana.
Tenía su talón de Aquiles en el Congreso. El 15 de noviembre de 1907 había convocado a sesiones extraordinarias para debatir el presupuesto, que había enviado en julio, y para cerrar los nombramientos del intendente municipal y del presidente del Consejo Nacional de Educación. Pero tres meses después el parlamento no le había dado entrada.

Los legisladores no actuaban por puro capricho, sino que reaccionaban así debido a la interna que jugaban viejos seguidores de Roca y los partidarios del senador Marcelino Ugarte. El partido gobernante, que había sido manejado con mano firme por Roca, estaba mutilado en pequeñas agrupaciones en el interior del país y disputaba sus propios espacios de poder. En 1906 Roca volvió de Europa, se había alejado cuando dejó la presidencia, y se puso al frente del partido con la intención de ordenarlo. Sin embargo, este dirigente tenía la íntima convicción que poco sería lo que lograría, al punto que regresaría a Europa para no estar presente en los festejos del Centenario, en 1910. Además, con Alcorta lo separaba una marcada antipatía.
El año 1906 estuvo signado por la muerte de varias personalidades políticas que modificarían el mapa político: en enero murió Bartolomé Mitre, en marzo Manuel Quintana, en julio Carlos Pellegrini y en diciembre Bernardo de Irigoyen.
La oposición estaba disgregada: Emilio Mitre, hijo del general, quedó al frente del Partido Republicano, fuerte en la capital y en algunas provincias. Por su parte los autonomistas porteños y bonaerenses se reunieron en el partido Unidos, y el radicalismo, bajo la dirección de Hipólito Yrigoyen, seguía debatiendo si debía participar de las elecciones o esperar reglas democráticas limpias. En 1908 hubo un encuentro entre Yrigoyen y Alcorta en el que no se resolvió nada.

Los socialistas venían creciendo y en 1904 habían triunfado en las elecciones a diputados, consagrando a su candidato Alfredo Palacios.
Ante el callejón sin salida que le presentaban los legisladores, Figueroa Alcorta cortó por lo sano: decretó la vigencia del presupuesto de 1907 -tratado en 1906-, retiró los otros proyectos, clausuró el Congreso, adelantó que gobernaría por decreto y amenazó con intervenciones provinciales cuando el senado se le plantó.
Aseguran que esta medida escondía otra motivación: frenaba la presentación de un proyecto de juicio político que preparaba el ex gobernador y entonces senador Ugarte. Este dirigente tenía pretensiones presidenciales, que en parte se esfumarían por la muerte de Quintana y por los resultados adversos en las elecciones de marzo de 1906.
Al mediodía del sábado 25 de enero de 1908, el presidente firmó el decreto de cierre del Congreso, un espléndido palacio que había sido inaugurado el 12 de mayo de 1906 al inicio de su gestión. Aclaró que no existían intereses partidistas ni personales, y que lo hacía en salvaguarda de la Nación. La mayoría de los diarios se refirió al hecho como un “golpe de Estado”.
Un centenar de bomberos impedían el ingreso de diputados y senadores, “por orden superior”. El operativo estaba coordinado por el coronel Ramón Lorenzo Falcón, jefe de la policía, quien decía responder directamente al presidente.
Ese lunes los legisladores se sorprendieron al no poder entrar al edificio. Hubo roces entre la treintena de representantes con el inflexible Falcón y con José María Calaza, jefe de los bomberos. La gente, curiosa, se amontonó en los alrededores, disfrutando de la situación, y aprovecharon para criticar a los políticos. Hasta hubo quienes fueron a Plaza de Mayo a demostrarle su apoyo al presidente.
Cuando los diputados y senadores comprobaron que sus protestas eran inútiles, algunos fueron a reunirse con el senador Ugarte en su casa. En una cena del Jockey Club celebrada el 28, el presidente recibió felicitaciones por la medida tomada.
El 28 de febrero, Figueroa Alcorta fue objeto de un atentado anarquista realizado en solitario. Francisco Solano Regis, de 21 años, al parecer descontento con la forma de gobernar del presidente, se acercó a su domicilio en Tucumán 848 y cuando éste iba a ingresar, le arrojó una bomba. Alcorta observó el paquete humeante y lo apartó con el pie sin darle importancia y entró a su casa. Regis fue condenado a veinte años de cárcel, pero el 6 de enero de 1911 se escapó y nunca más se supo de él.
El 8 de marzo de 1908 se celebraron elecciones a diputados nacionales y el oficialismo, fraude mediante y porque parte de la oposición no se presentó en protesta, ganó ampliamente. Esto le supuso al presidente una mayoría en la Cámara Baja. Si bien en la sesión del 7 de mayo hubo un amago de complicarle las cosas al gobierno, finalmente aprobaron los diplomas de los diputados electos.

En el mensaje a la asamblea legislativa de mayo de 1908, Figueroa Alcorta se refirió a la clausura del Congreso y lo adjudicó “a los apasionamientos políticos que debo considerar transitorios y a través de los cuales se me juzgó con injusticia en una hora de conmoción intensa.”



