El estreno del documental sobre el secuestro y muerte de Larrabure: testimonios impactantes de un caso que sacudió a la sociedad

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En el transcurso de la proyección, Arturo Larrabure estaba acompañado por su familia, y uno de sus hijos pidió detenerla por la intensidad del contenido y del relato descarnado de esos 372 días de tortura, de un encierro bajo tierra y del asesinato a sangre fría de su abuelo, el entonces mayor Argentino del Valle Larrabure.

Este lunes 2 de marzo a las 18:30 hs en el Círculo Militar, en avenida Santa Fe 750, se estrenará el documental “El Vasco nos mira desde arriba”, en el que en media hora se comprime el calvario sufrido por este militar.

Su autor y director es el periodista Fabián Pérez Battaglini, quien lleva en su haber la realización de diversos documentales sobre temas de actualidad. Luego de haber hecho dos sobre Mamá Antula, la primera mujer argentina en ser declarada beata y luego canonizada por el Papa Francisco, fue el obispo castrense monseñor Santiago Olivera, quien le propuso hacer un trabajo sobre Larrabure, ya que el Vaticano, desde diciembre del año pasado, está enfrascado en el estudio de su caso. Luego de ser declarado Siervo de Dios en 2023, tal vez alcance la categoría de beato y su canonización, lo que lo convertiría en el primer militar argentino en llegar a ese estado.

Larrabure estaba destinado en la fábrica militar de explosivos de Villa María. De ahí fue secuestrado por un comando del ERP

Pérez Battaglini remarcó a Infobae que evitó tocar el lado político del caso, sino que pretendió visibilizarlo, y contar que también hay otra historia que transcurrió durante la década del setenta.

El relato está apoyado en los testimonios de los hijos del militar, María Susana, y Arturo Cirilo, de 17 y 15 años al momento del secuestro de su padre. Conmueve lo que cuenta con la emoción a flor de piel Jorge Fernández, el soldado que estaba de guardia cuando ocurrió el hecho y que un compañero, el soldado Pettigiani, al allanar el camino a los terroristas, le pegó un tiro en su parietal derecho. Entonces, tenía 20 años, estuvo casi un mes en coma, le dieron la extremaunción tres veces y quedó con la mitad del cuerpo paralizado. “No llegué entero a los 21 años”, dice. Se casó y aún se lamenta que cuando se convirtió en papá no pudo alzar a su hijo con los dos brazos. A la cámara de Pérez le confesó que el suyo es el primer milagro de Larrabure.

También da su testimonio María Dolores Rodríguez, esposa de uno de los mejores amigos de Larrabure, quien describe cómo la familia recibió el cuerpo del militar, extremadamente flaco y sin las uñas; el general José Luis Figueroa, también impulsor del documental, quien aseguró que hará lo imposible para que Larrabure fuera canonizado. Brindan además sus opiniones el coronel Pérez Benito, el ex montonero Luis Labraña y el obispo Olivera, quien aboga por una historia que nos una.

El calvario vivido por el militar ahora está contado en un documental

El final cierra con los dos hijos del militar en la iglesia donde su papá se había casado, donde hay una placa de bronce con la leyenda “Siervo de Dios” y donde se estrenó una marcha a su memoria.

El caso

Cerca de la una de la mañana del domingo 11 comenzó el ataque de unos 70 integrantes del ERP cuando el conscripto Pettiggiani permitió el ingreso de los terroristas a la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos de Villa María y donde Fernández quedó hemipléjico.

Como resultado del ataque, fueron apresados el mayor Argentino del Valle Larrabure y el capitán Roberto García, ingeniero químico. García terminó baleado al querer fugarse y fue abandonado, dado por muerto. El combate dejó un saldo de un policía muerto y siete heridos, entre policías y militares.

Luego de haber estado tres meses cautivo en una casa en la ciudad cordobesa de Mendiolaza, Larrabure fue trasladado a Rosario, a una celda de dos metros por uno excavada en una mercería en el barrio Bella Vista, que los terroristas llamaban “Pabellón Silva Tettamanti”, nombre de dos guerrilleros.

Tiempos felices. El casamiento del militar con María Susana de San Martín,

El ERP solo negociaba con la familia ya que se negaba a hacerlo con el Ejército. La comunicación era a través de cartas escritas por Larrabure y solicitadas publicadas por la familia.

La primera carta de Larrabure está fechada en septiembre. Manifestó su preocupación por los ingresos familiares y aventuró que quizá con la venta del auto más los ahorros la familia podría comprar un departamento. “Marianita, todas las noches te hago un huequito y siento tu cabeza sobre mi brazo y hombro”, contó. Dijo que escribió otras cartas que no les llegaron, que recibía un trato caballeresco de prisionero de guerra, que tenía sus remedios para el asma. Pidió que en una solicitada en La Nación le contasen las novedades, la salud de su esposa y recomendaba que los chicos siguiesen estudiando.

La primera solicitada fue el 28 de septiembre, donde su esposa Marisú le informaba que la salud de su mamá Carmen declinaba y reclamaba su presencia. Ya era muy anciana y estaba postrada. Nunca le contaron por lo que estaba pasando su hijo, y le explicaban que no iba a visitarla porque estaba complicado en el trabajo.

Unas de las cartas que Larrabure envió a la familia desde su cautiverio

El 8 de octubre escribió dos cartas, una a la hija por su cumpleaños. En la del 22 de ese mes se quejó de no haber leído nada en el diario, que del asma estaba mejor y que antes de dormir hablaba con cada uno de ellos. Alentaba a su mujer a no bajar la guardia y que, si sucedía lo peor, sus hijos no debían odiar a nadie y que debían poner la otra mejilla.

En la segunda comunicación del 25 de octubre, su hermano Oscar le contó que su mamá estaba peor. Algunas cartas llegaban por correo, alguna a lo de un hermano que vivía en Tucumán y otras las remitían a la casa de María Elena, hermana menor de la esposa de Larrabure, que vivía en Floresta, o a un bar.

La familia le hacía llegar noticias a través de solicitadas publicadas en diarios determinados (Flia Larrabure)

Por una solicitada, su esposa le comunicó que su madre había fallecido. En el diario personal que llevaba, Larrabure dejó consignado que por esos días intuyó que alguien de la familia había ido a despedirse de él.

El 16 de ese mes el personal civil de la fábrica le mandó su afecto y solidaridad, sin odios ni rencores. En diciembre su esposa le anunció su mudanza a Buenos Aires y en enero de 1975 su esposa se quejó que hacía dos meses que no tenía noticias suyas. Que hijos habían terminado la escuela sin problemas y que estaban ansiosos por saber de él.

Su esposo le confesó haber vivido momentos muy inciertos, pero que los estaba superando y les indicó que, a través de una solicitada que debía salir en la sexta de La Razón, le contasen cómo iban las cosas. Presentía su fin: “No tengan mucha esperanza de volverme a ver. Sepan siempre que los quise mucho”.

Una de las tantas anotaciones que el militar hacía en su celda

El 28 de febrero su hermano le hizo saber que esperaban su liberación y que para la subversión, él era un trofeo de guerra. Pidió verlo para verificar que recibía el tratamiento adecuado a un prisionero de guerra, certificar su salud y si, en definitiva, seguía con vida y hasta se ofreció a reemplazarlo en su cautiverio. Eran tan compinches que un año después de la muerte de Larrabure, Narciso murió de tristeza porque no lo había podido salvar.

En marzo, con un “querido vasco”, su esposa le anunció que habían recibido “tus siempre esperadas líneas”, y en junio de 1975 en un bar sobre la avenida Pueyrredón en Once, los terroristas dejaron una foto que impactó: el aspecto de su rostro y su pérdida de peso evidenciaban el brutal encierro que estaba sufriendo.

A cambio de su liberación, exigieron canjearlo por cinco terroristas. La esposa pidió una reunión con la presidente Isabel Perón pero la cancelaron cuando la mujer ya tenía el abrigo puesto.

El Vaticano está abocado al estudio de documentación, guardadas en dos voluminosas cajas, en el proceso de beatificación del militar

La familia estaba sola. La última carta es del 12 de julio. “A pesar de los muchos meses de encierro en condiciones anormales, no estoy mal. Tengan esperanza de reunirnos nuevamente algún día”.

Larrabure no aceptó su libertad a cambio de que trabajase para ellos en el armado de explosivos. Los propios subversivos lo calificaron de patriota. Luego de 372 días de cautiverio, el 19 de agosto de 1975 lo asesinaron ahorcándolo, aunque quisieron hacer pasar la muerte por un suicidio. Tenía 43 años. Lo velaron en el regimiento de Patricios y a la viuda se negó a que la presidente concurriera al velatorio.

Cuando allanaron el lugar donde había estado cautivo, encontraron una poesía escrita por él a la que había titulado “Soledad, desesperanza” en la que reveló todo aquello que había ocultado en sus cartas. “En la soledad del cautiverio, lacerado por el recuerdo y la tristeza…” comienza.

A instancias de la iglesia argentina, se abrió una causa para su beatificación por el martirio que soportó y al abrir el proceso se lo declaró Siervo de Dios el 14 de marzo de 2023.

El 19 de agosto del año pasado se estrenó la marcha militar “Coronel Argentino del Valle Larrabure”, compuesta por Miguel Ángel Milano, hijo de un suboficial de Ejército, y el economista Adolfo Storni, pariente lejano de la poetisa Alfonsina Storni, escribió la letra.

Además de Pérez Battaglini, de Atilia Producciones Cinematográficas, la producción del documental fue responsabilidad de Marina Turletto.

Luego de la proyección de hoy, habrá exhibiciones en las provincias de Tucumán, Córdoba y Mendoza, y se planea hacer lo propio en España. El documental ya fue declarado de interés por las legislaturas tucumana y mendocina.

“¿Cómo vamos a hacer para sobrevivir la vida sin él?” pregunta que recuerda Arturo la familia se hizo en los últimos tiempos del secuestro, cuando ya se habían perdido las esperanzas de recuperar al padre con vida. Tal vez en el documental esté la respuesta, al contar el martirio de un hombre que pasó los últimos 372 días de su vida en las peores condiciones imaginables y que ahora nos mira a todos desde arriba.