El inventor del auto que funciona con basura busca copiloto para recorrer Brasil: quince ciudades, trueques y la meta de hacerse ver

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Edmundo Ramos, el inventor del auto que funciona con basura, está buscando hacer match. No para formar pareja (tiene casi 70 y está casado hace 24), sino para armar equipo: necesita un copiloto y también conductores que lo acompañen en caravana para encarar su próximo desafío, el primero fuera de Argentina.

El 1° de marzo piensa cruzar la frontera y recorrer durante 45 a 60 días el sur de Brasil. “No es un viaje de playa, sol y mar: es un trabajo de difusión”, aclara de entrada. El plan incluye 15 ciudades y unos 7.000 kilómetros, con un objetivo claro: llegar a Brasilia con el “ruido” suficiente como para abrirse paso en radios, canales de televisión y universidades; y hacer “prender” un proyecto que —según dice— todavía no termina de despegar en el país carioca.

Desde hace cinco años, su camioneta a gasura —un neologismo de su autoría que mezcla las palabras gas y basura— se volvió conocida en España, México y distintos países de América Latina. Brasil, sin embargo, sigue siendo una cuenta pendiente. “Hace un año armé redes, un sitio web y un canal de YouTube en portugués, pero no hubo repercusión. Por eso decidí viajar con el auto: para que la gente lo vea, lo toque y me haga entrevistas”, cuenta desde la localidad cordobesa de Anisacate, donde vive junto a su pareja, Fabiola.

La convocatoria para ser copiloto no es para cualquiera. Ramos pide registro vigente, experiencia en ruta y disponibilidad real de tiempo. “Podría viajar solo, pero es durísimo. Me imagino una persona con espíritu aventurero, que no tenga trabajo o pueda pedirse dos meses de vacaciones, y con ganas de sentirse útil haciendo un servicio a la humanidad. Ojalá a través de esta nota alguien se contacte”, le dice a Infobae.

A cambio, Ramos ofrece una travesía casi de ciencia ficción: un vehículo que funciona con residuos secos y una red de contactos que le prometen “combustible” gratis ciudad por ciudad. “Tengo esperanza de que este viaje sirva de algo”, resume. “Que pueda irme de este mundo habiendo dejado una semillita”.

A fines de 2025, Edmundo y su esposa Fabiola recorrieron el sur de Brasil para conocer el estado de las rutas y buscar aliados que les regalaran basura para hacer funcionar su coche (Foto/Facebook Autoabasura)

La previa

Edmundo Ramos es un ingeniero que logró lo que durante años parecía un delirio: hacer funcionar un automóvil con basura. Tras una experiencia que él mismo define como mística, empezó a experimentar con residuos secos hasta crear un sistema propio capaz de transformar desechos en energía. El invento, al que bautizó gasura, lo llevó a recorrer la Argentina de punta a punta sin usar nafta ni GNC y a convertirse en un personaje que despierta curiosidad.

Antes de decidirse a recorrer Brasil, Ramos pasó por algo parecido a un bautismo de fuego cuando recorrió la Ruta 40 a bordo de su Ford Ranchera modelo ‘83. “Fue como tirarme a la pileta sin saber si había agua”, cuenta. “Cada vez que llegaba a una ciudad tocaba puertas y preguntaba qué residuos generaban, cuántos había, si me los regalaban o me los cobraban y si estaban secos, porque yo los prendo fuego y utilizo el humo”, recuerda.

En ese ir y venir, a veces perdía hasta cinco días en conseguir el combustible necesario para seguir viaje. “Probé con de todo: pan duro, pastas, cáscara de maní, pedazos de alfombra…”, enumera. Finalmente identificó el residuo que más le servía: la carbonilla. “Es el polvo que generan las carboneras y que se acumula en las montañas. Por lo general contratan palas mecánicas o camiones para tirarlo”, detalla.

La Ford Ranchera modelo '83 y el trailer con los tres tambores de 200 litros que usó para recorrer la ruta 40 (Foto/Facebook Autoabasura)

Esta vez, Ramos decidió no improvisar. El año pasado hizo un previaje por el sur de Brasil, pero con un vehículo particular. “Fui recorriendo ciudades donde sabía que había producción de carbón y pregunté si me regalaban la carbonilla”, cuenta. La negociación tuvo un costado un poco absurdo. “Imaginate: un argentino en Brasil, con un portugués rudimentario, hablando de un auto que anda con basura… y sin el auto. Al principio me miraban con un poquito de desconfianza”, dice y se ríe.

A varios les propuso un trueque: usar la carbonilla como combustible y, a cambio, darle visibilidad a sus productos durante el recorrido. “Si vos me la regalás, yo pego tu marca en la puerta del auto y la promociono en el camino”, les decía. Funcionó. Hoy, todos los contactos que lo esperan son carboneros dispuestos a darle ese residuo sin costo, lo que le permitiría completar unos 7.000 kilómetros sin gastar un peso en combustible. “Ahora sé que la pileta tiene agua”, resume.

“Fui recorriendo ciudades del sur de Brasil donde sabía que había producción de carbón y pregunté si me regalaban la carbonilla”, cuenta Edmundo (Foto/Facebook Autoabasura)

Un aliado en cada ciudad

El viaje está planificado al detalle. Ramos calcula un día de manejo entre ciudad y ciudad y dos días de parada para tareas básicas: mantenimiento del vehículo, limpieza, descarga de cenizas y carga de carbonilla. En total, son 15 ciudades y un cronograma estimado de 45 días, aunque admite que puede estirarse hasta los 60 si surgen entrevistas o invitaciones a dar charlas.

La meta principal es difundir el proyecto: su sitio web, los manuales gratuitos para replicar el auto a basura y la posibilidad de generar vínculos con personas interesadas en copiar el invento, como sucedió en otras partes de Argentina y del mundo. “La idea es que quien quiera replicarlo me contacte y yo lo asesoro gratis”, asegura.

En un video que publicó en Instagram, enumera —uno por uno— las personas que lo esperan en el camino. Entre todas las paradas, Goiânia ocupa un lugar especial. Allí está Cirilo, un carbonero que, luego de la desconfianza inicial, terminó entusiasmado al entender el potencial del proyecto. “Ellos hoy pagan para que se lleven la carbonilla. Si esto prende, ese residuo puede empezar a tener valor. Un kilo de carbonilla produce la misma potencia en un auto que un litro de nafta o de gasolina: lo ven como un futuro promisorio”, dice.

—Buscás copiloto o personas que quieran sumarse en caravana con otro auto. ¿Todavía no apareció nadie?

—Lancé la convocatoria en diciembre y el entusiasmo inicial fue muy grande: en total aparecieron unas 50 personas. Pero poco a poco se fueron bajando. Muchos pensaban que yo iba a pagar todos los gastos; otros creían que iba a ser un viaje de playa, mar y sol. A algunos después se les complicó. Ganas no faltan, el tema es que no todos cumplen con las condiciones mínimas: tener registro vigente, experiencia de manejo y, sobre todo, tiempo disponible.

—¿Cómo te imaginás esa convivencia de 45 o 60 días con alguien?

—Si cada uno va en su auto, después cada cual verá si alquila un hotel o va en carpa. Ahora estoy más enfocado en la caravana, porque mi señora todavía no sabe si va a poder acompañarme y siempre conviene tener otro vehículo por si surge algún inconveniente. A partir del 15 de febrero voy a empezar a definir el tema del copiloto. Quiero tener entrevistas por zoom o personales, para ver cómo convivimos, porque hay muchos tipos de personalidades: algunas son más fáciles de llevar y otras más complicadas. Ya hay un par de candidatos que tienen drone, cámaras, saben editar, y eso a mí me ayudaría muchísimo para la difusión en mis redes, tanto en español como en portugués. Capaz se puede hacer un documental y publicar en YouTube.

—Si no aparece un copiloto, ¿viajás igual?

—Sí. Salgo el 1° de marzo. La travesía tiene que ser entre marzo y abril, que es la época seca en Brasil. En temporada de lluvias, no podría hacerlo porque los residuos están tirados al aire libre y, si están mojados, no me sirven.

Edmundo es ingeniero, tiene casi 70 años y sueña con dejar legado.

—¿El auto es el mismo con el que recorriste la Ruta 40 o le hiciste alguna modificación para este viaje?

—No, está igual. Lo único que le estoy haciendo es mantenimiento: cambio de aceite, bujías, tren delantero, frenos, todo lo que corresponde para circular en regla. Va a ser la primera vez que salga del país. El otro día alguien me lo dijo y recién ahí tomé conciencia. Cuando recorrí la Ruta 40 lo hice con muy bajo perfil. Era un desafío personal: 5.000 kilómetros sin un solo litro de nafta. Después eso explotó en redes y fue un boom que no tenía planeado. Ahora levanté el perfil: voy a Brasil con cartelería pegada en el coche. “Este auto funciona con basura”, dice uno de los letreros que mandé a imprimir.

—Si por algún motivo no conseguís residuos o están mojados, ¿qué margen de autonomía tenés para seguir viaje?

—Tengo margen. Este vehículo es único en el mundo: puede funcionar con nafta, GNC o con residuos. Con nafta tengo una autonomía de unos 200 kilómetros, con GNC otros 200 y con el remolque gasificador alrededor de 500 kilómetros. Además, en la caja del vehículo llevo tres tambores de 200 litros llenos de residuos, como almacenamiento, por si no llegara a conseguir en el camino. Con el gasificador lleno y los tambores cargados, tengo cerca de 1.000 kilómetros de autonomía. Las ciudades que voy a visitar ya están programadas y todas quedan a menos de 500 kilómetros, así que tranquilamente podría hacer todo el viaje solo con residuos. Ya sé por qué rutas ir y por cuáles no. Y después, bueno, también confío mucho en Dios. Siento que si él quiere que lo haga, me va a facilitar las cosas.

Edmundo y su mujer, Fabiola, en un alto en la ruta 40 (Foto/Facebook Autoabasura)

—¿Qué te gustaría generar entre los brasileros cuando vean tu auto a basura?

—Lo que más me interesa es hacer visible mi proyecto. La primera reacción suele ser curiosidad o desconfianza, y eso es natural. Lo que espero es que los que desconfían no critiquen sin investigar un poco. Me gustaría que se metan en las redes, en el sitio web, que lean los manuales y vean que esto es real, viable. Tengo esperanza de que el viaje sirva de algo, que se difunda. Como digo siempre: “Tenemos que irnos de este mundo dejando una huella, para que la humanidad no termine dejando una huella de basura.