“El pibe se borró”: las llamadas al soldado antes de su muerte en la Quinta de Olivos y las escuchas a la banda

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Iara Cosentino, Mauricio Duarte Areco y Karen Cufré, tres detenidos del caso

El teléfono celular de Rodrigo Andrés Gómez, el soldado voluntario formoseño que se quitó la vida el 16 de diciembre pasado en la Quinta de Olivos, fue la zona cero para descubrir a la banda de estafadores detrás de su muerte.

La investigación, a cargo de la jueza Sandra Arroyo Salgado y la División Homicidios de la PFA, terminó este lunes con el arresto de siete sospechosos, acusados de estafar a Gómez con un elaborado engaño tras atraerlo con un falso perfil en la app de citas Evermatch.

Según la causa, los estafadores lo convencieron de que intentaba entablar una relación con una menor de edad. Poco después, fue contactado por la falsa madre de la chica, así como por un ficticio policía de la Ciudad. Poco después, comenzaron las extorsiones.

El análisis del celular de Gómez llevó a los sospechosos, encabezados por Tomás Francavilla y Mauricio Duarte Areco, ambos condenados por robo y compañeros de celda en la Unidad N°36 de Magdalena, con una red de cómplices en la zona oeste del conurbano.

La pericia al teléfono también sacó a la luz una serie de llamados y mensajes de WhatsApp entre Gómez y la banda, que comenzaron, al menos, el 15 de diciembre a las 12 y terminaron ese mismo día a las 18:38. Luego, ese análisis derivó en 55 días de escuchas telefónicas, enfocadas en ocho líneas diferentes.

Rodrigo Gómez, la víctima

Las llamadas y los pagos antes de la muerte

Un llamado realizado el 15 de diciembre a las 17:24 duró poco más de 10 minutos. De inmediato, el soldado pagó $213 mil a una cuenta ligada a la familia de Iara Cosentino, pareja de Francavilla y detenida en las últimas horas, acusada de ser una de las recaudadoras junto con Karen Cufré, novia de Mauricio Areco Duarte.

El soldado realizó otros tres pagos en la hora siguiente. Cada vez que pagaba, enviaba el comprobante. Hubo otro contacto, una comunicación de cuatro minutos, realizada a las 18:25.

El soldado se quitó la vida en su puesto en la Quinta de Olivos a las 5 AM del 16 de diciembre, con un disparo de su propio fusil, según determinó el informe de autopsia. “No veo el comprobante”, le escribió uno de los delincuentes a las 5:25. Lo llamaron otras tres veces a las 9AM.

El soldado Gómez, exprimido hasta la muerte por ladrones presos y sus cómplices, pagó $1,4 millones en poco más de una hora.

Tomás Francavilla, jefe de la banda

“El pibe se borró”

La banda del penal de Magdalena funcionaba con un doble comando. Francavilla y Duarte Areco, según la investigación, operaban con sus propios brazos, con sus novias como principales operadoras en la zona oeste del conurbano.

La banda, según descubrieron los detectives de la División Homicidios de la PFA, habría engañado a varias víctimas; Gómez fue un blanco operado por el sector de Francavilla.

El delincuente, oriundo de San Justo, le habría enviado el audio al soldado con la amenaza de la falsa madre de la falsa menor, en donde la mujer le aseveraba a Gómez que realizaría una denuncia en su contra. En paralelo, el subteniente de la policía de la Ciudad ficticio le proponía, mediante una coima, la chance de salvarse.

Las escuchas del caso incluyeron a Francavilla mismo. El delincuente, desde su celda, se comunicaba con una mujer que no era su novia. Afirmaba que le había quitado casi un millón y medio a una víctima de Formosa y que, luego, esta víctima “se borró”.

El resto de las escuchas completó el panorama y los roles de cada sospechoso. Cufré, por ejemplo, era una pieza vital en la compra de chips y la contratación de líneas para las comunicaciones de la banda, una suerte de oficial de logística.