Las nuevas vidas que Gordo, Florencia y Flora iniciaron en santuarios europeos tras el rescate del ex zoológico de Luján

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El aire fresco, el aroma de la tierra húmeda y la luz filtrándose entre los árboles marcaron un instante inédito para Gordo, Florencia y Flora. Tras años de encierro en el ex zoológico de Luján, donde vivieron en condiciones deplorables, los dos osos pardos y la tigresa de Bengala experimentaron la libertad con sus propios sentidos: percibieron la textura desconocida del pasto y la amplitud de recintos que, por primera vez, no tenían rejas sobre sus cabezas. La larga espera, iniciada en 2020, terminó con la llegada a los que serán sus hogares definitivos en Europa, donde un equipo internacional los aguardaba para dar inicio a una nueva etapa.

Esa escena se volvió realidad después de una larga travesía iniciada en Buenos Aires. Four Paws, una organización internacional de bienestar animal, concretó los traslados de los primeros animales rescatados del predio bonaerense. Con la llegada de los osos al Bear Sanctuary Belitsa en Bulgaria y de Flora al Felida Big Cat Sanctuary en los Países Bajos, se escribió el capítulo final de una historia marcada por la negligencia, maltratos, privaciones y una larga espera.

El desembarco en los santuarios europeos no solo representó el cierre de una etapa, sino también el comienzo de una recuperación física y emocional. “Los tres animales llegaron sanos y salvos”, informó la ONG, que le dijo a Infobae que “de inmediato comenzaron un proceso de adaptación supervisado por expertos en fauna silvestre”.

Las primeras imágenes de Flora, Gordo y Florencia en los santuarios de Europa donde pasarán el resto de sus vidas

La llegada de Florencia y Gordo

La temperatura gélida hizo que, por primera vez, Florencia y Gordo sintieran lo que era estar en casa. El pasado 24 de febrero, ingresaron al Bear Sanctuary Belitsa, en el oeste de Bulgaria. El recinto que fue gestionado por la ONG Four Paws y la Fundación Brigitte Bardot les ofrece doce hectáreas de paisaje natural y la compañía (si lo desean) de otros 19 osos pardos rescatados de diferentes contextos de cautiverio.

Hasta que eso pueda suceder, los osos llegados del zoológico de Luján habitan un espacio pensado y diseñado para que logren recuperar los comportamientos naturales de la especie, además de recibir cuidados veterinarios de manera permanente.

Emocionada y al borde de las lágrimas, quien estuvo casi a los pies del avión para darles la bienvenida fue Luciana D’Abramo, directora de Programas de Four Paws. “Estoy llena de alegría por recibir a Gordo y Florencia en su nuevo hogar y por poder presenciar sus primeros pasos hacia una nueva vida en un entorno adecuado a su especie”, dijo emocionada.

Gordo reconociendo su nuevo lugar y dejando atrás una vida de abandono y explotación (Four Paws)

Pensando en sus necesidades individuales, el equipo del santuario preparó un plan para cada oso, adaptado a su historia y condición específica, con el objetivo de ofrecerles la mejor oportunidad de sanar y recobrar hábitos desconocidos o perdidos durante los casi 18 años de encierro y soledad, porque no compartieron espacio. Cada uno vivió en una celda pequeña.

Los osos exploraron, caminaron tranquilos, sintiendo bajo sus patas, por primera vez, el césped y la nieve. Eso sucede porque el ambiente del santuario contrasta de manera radical con los antiguos recintos del ex zoológico de Luján, donde Gordo y Florencia permanecieron cautivos desde que eran cachorros. En Belitsa, encontraron un suelo blando, acceso a estanques y áreas boscosas, y la posibilidad de interactuar con otros de su especie y que también fueron rescatados de situaciones adversas.

Ambos fueron recibidos con gran expectativa por el personal del lugar, acostumbrado a trabajar con animales que necesitan una adaptación progresiva. Desde el primer día, los expertos observaron signos de curiosidad y exploración en ellos. “Ahora, Gordo y Florencia pueden instalarse en sus nuevos hogares y comenzar a redescubrir los comportamientos naturales que antes les fueron negados”, señaló D’Abramo.

Apenas llegaron, la rutina inicial incluyó chequeos veterinarios, alimentación especial y el acompañamiento cercano de cuidadores que buscan minimizar el estrés y estimular la confianza. El objetivo es que Gordo y Florencia aprendan a reconocer el entorno y se integren gradualmente al ritmo de vida del santuario.

Florencia pisa por primera vez la nieve. Atrás quedó la celda estrecha y el maltrato (Four Paws)

La llegada de Flora

Mientras los osos comenzaban a explorar su nuevo hogar en Bulgaria, la tigresa Flora emprendía el último tramo de un viaje que transformaría su destino. Su llegada al Felida Big Cat Sanctuary, en los Países Bajos, puso fin a años de encierro y abrió la puerta a una vida que hasta entonces parecía imposible. Gestionado por la organización internacional Four Paws, el santuario está especializado en rescatar y rehabilitar grandes felinos de contextos traumáticos, ofreciendo un entorno seguro, amplio y diseñado para su bienestar.

Antes de partir, Flora, de diez años, enfrentaba un estado crítico. Tenía las uñas encarnadas que le causaban dolor constante y un colmillo fracturado con riesgo de infección comprometía su movilidad y salud. Durante la misión veterinaria recibió una cirugía de urgencia para tratar sus patas y extraer la pieza dañada. La mejoría fue rápida y evidente: comenzó a apoyarse con firmeza, a moverse con mayor soltura y a mostrarse más tranquila en su entorno inmediato.

El traslado —el primero de un felino desde el cuestionado zoo de Luján— respondió a esa urgencia. En Felida la esperaba un plan de rehabilitación individualizado, con cuidados intensivos, seguimiento clínico constante y espacios amplios donde pudiera recuperar fuerza, confianza y comportamientos propios de su especie, lejos del contacto humano forzado que marcó su pasado.

Tras años de encierro y dolor, Flora pisa por primera vez el santuario Felida en los Países Bajos (Four Paws)

Hoy, Flora explora recintos enriquecidos, comenzó a posarse en plataformas elevadas, a disfrutar de zonas de sombra y recibe una alimentación adaptada a sus necesidades. Cada avance es cuidadosamente observado por el equipo veterinario, consciente de que la adaptación será gradual tras años de privaciones.

Su llegada fue recibida con emoción por el personal del santuario, que celebró cada movimiento de la tigresa en un espacio libre de rejas y estímulos estresantes. “Nuestros expertos dedicados en ambos santuarios ahora brindarán a cada animal el cuidado que necesita”, destacó D’Abramo, subrayando la importancia de planes personalizados que tengan en cuenta la historia y las heridas de cada individuo.

Felida forma parte de una red internacional de refugios impulsada por Four Paws, que ya acoge a grandes felinos rescatados en distintas partes del mundo. Para Flora, este nuevo hogar representa algo más que un refugio: es la oportunidad real de recuperarse, fortalecer su cuerpo y, quizás por primera vez, vivir sin miedo.

Flora, al momento de salir del infierno en que vivió; la reducida jaula en la que la dejaron perjudicó su salud (REUTERS/Irina Dambrauskas)

La importancia de estos traslados

El operativo de traslado comenzó a gestarse luego de la evaluación veterinaria que tuvo lugar en noviembre de 2025 en el ex zoológico de Luján. La urgencia médica de tres animales aceleró los preparativos, que se extendieron durante varias semanas. El 23 de febrero, Gordo, Florencia y Flora partieron en dos aviones desde Argentina rumbo a Europa, acompañados por equipos de veterinarios y especialistas.

El viaje fue largo y exigió estrictos protocolos de bienestar animal. El personal de la ONG a cargo de los traslados supervisó cada etapa, desde la preparación de las cajas de transporte hasta el control de la temperatura, la hidratación y la alimentación durante el trayecto. El objetivo principal fue minimizar el estrés y asegurar que los animales llegaran en condiciones óptimas.

Una vez arribados a sus destinos, los equipos de los santuarios activaron rutinas de estabilización, con chequeos sanitarios y observación constante. “Todos llegaron sanos y salvos a sus destinos tras un largo viaje”, le informó la organización internacional a Infobae.

El operativo fue parte de la misión de emergencia de Four Paws en el ex zoológico de Luján, que permanece cerrado desde 2020 y alberga aún a más de 60 grandes felinos, de los 120 que un día habitaban allí. En menos de un mes, un equipo internacional examinó a todos los animales en el predio, en lo que se considera la operación de este tipo más grande de América Latina en ese periodo.

El traslado de los primeros animales marcó un hito y abrió la puerta a nuevas etapas en el proceso de rescate. “Esta reubicación es más que una intervención puntual para tres animales: marca el inicio de un cambio estructural en la manera en que se protegen los grandes felinos y otros animales silvestres en Argentina”, afirmó Josef Pfabigan, presidente y CEO de Four Paws.

Uno de las cámaras de las cajas de traslados chequea el estado de Florencia (Four Paws)

La situación en el ex zoológico y qué falta

Estos tres traslados representan solo el primer paso de una estrategia más amplia impulsada por la ONG, que llegó a un acuerdo con el Gobierno argentino. El Memorando de Entendimiento firmado entre ambas partes busca poner fin a la tenencia privada y al comercio de grandes felinos en el país.

Actualmente, el ex zoológico de Luján sigue albergando a más de 60 grandes felinos, en su mayoría tigres y leones, que esperan soluciones definitivas para ellos. El proceso de traslado requiere considerar los grupos de pertenencia y la disponibilidad de santuarios que puedan recibirlos. “No nos ocuparemos de animal por animal, sino que estamos empezando a discutir y a buscar opciones con diferentes autoridades, países y espacios. Algunos casos avanzan más rápido según la cantidad de animales y los permisos que se obtienen. Cada especie necesita autorizaciones diferentes según el país receptor”, detalló Luciana D’Abramo.

La prioridad es mantener los vínculos formados en cautiverio y evitar separaciones traumáticas. “Tenemos grupos muy grandes de cuatro, cinco, seis o siete animales, y eso se vuelve más difícil, pero no es imposible. Hay que mantener esas composiciones y ver cuáles están en mejores condiciones para el traslado”, explicó. Además, la ONG acompaña procesos para otros animales que no están bajo su tutela directa, como guacamayos, cebras, camellos y el chimpancé Johnny, buscando soluciones junto a distintas organizaciones y autoridades. Todos los animales trasladados son castrados antes de salir, lo que garantiza que esta sea la última generación nacida en cautiverio.

Actualmente, Four Paws gestiona trece santuarios y proyectos asociados para osos, grandes felinos y otras especies en Europa, Jordania, Vietnam y Sudáfrica. Cada santuario se rige por estándares de calidad basados en evidencia científica y experiencia de campo, lo que permite ofrecer a los animales un entorno adecuado a su especie y cuidados especializados.

La experiencia de Gordo, Florencia y Flora es el primer paso concreto de un desafío mayor: “Estos primeros traslados son un golpe de esperanza, no solo para nuestro equipo, sino para quienes acompañan esta causa desde hace años. Saber que estos animales estrella están en camino a un futuro mejor, real y tangible, es increíble”, resumió D’Abramo.