En el programa “Sería Increíble”, Lizy Tagliani compartió los motivos que la llevaron a inscribirse en la carrera de Derecho, resaltando el papel fundamental del abogado Fernando Burlando y el recuerdo de su madre. Sus palabras abordaron desafíos para acceder a la universidad, aspiraciones de infancia y la importancia de la educación para adultos como espacio de transformación.
Desde pequeña, la conductora recordó haber sentido curiosidad por la universidad, aun en medio de limitaciones económicas. En un fragmento del programa “Sería Increíble”, de OLGA, junto a relató: “Era muy chiquita. Yo iba con mi vieja, mi vieja era mucama, entonces tomábamos un colectivo… los sábados me llevaba con ella a las casas de las patronas. Entonces los pibes estaban atrás con carpeta y yo los miraba, yo tendría cinco años y decía: ¿A dónde va esa gente, ma? Me dice: ‘A la facultad’”.
Ese sueño de “ir a la facultad”, reforzado por su madre, marcó su vínculo con la educación. “¿Voy a ir a la facultad? ‘Obvio, todos van a la facultad’, decía mi vieja, que ni sabía leer ni escribir”, agregó durante la transmisión.

El impulso de Fernando Burlando en su camino hacia Derecho
Lizy Tagliani también relató que en una cena que compartió con el abogado Fernando Burlando, le contó la anécdota de su infancia y su deseo postergado de llegar a la universidad. Según señaló en el programa, el abogado la desafió: “¿Por qué no estudiás?”. Ante la duda por la edad, Burlando insistió: “‘Pero tenés que ir, aunque sea ir’, ¿entendés? Y por eso me anoté”.
Así, Tagliani inició sus estudios en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, donde asiste de forma presencial. “Mi objetivo es aprender, no es como sacar materias para ejercer”, expresó en “Sería Increíble”. Reconoció que avanza “de a uno, de a dos” materias por cuatrimestre, adaptando el ritmo a sus posibilidades.
La falta de recursos condicionó su proceso de aprendizaje: “Parece una boludez lo de la pobreza, pero la falta de recursos… no tenés herramientas para estudiar, como mis primeros años, que fue muy difícil, por ejemplo, no tener colores, cosas para subrayar”, relató. Por ello, desarrolló modos alternativos para incorporar contenidos, como asistir y escuchar atentamente las clases.
El valor de estudiar en la adultez y la historia de la carta emotiva
A finales de febrero de este año, cuando aún estaba en La Pop, Tagliani recordó su paso por el CEN 101 de Adrogué, donde completó la secundaria nocturna junto a otros adultos que, por razones laborales o familiares, dejaron los estudios y retornaron años después. “Es una oportunidad para gente como yo y como tantos de mis compañeros, que por trabajo, vergüenza o necesidades familiares tuvimos que dejar la escuela”, afirmó en el programa.
El clima de apoyo y solidaridad entre compañeros fue decisivo. “El ambiente era de apoyo y esfuerzo colectivo, todos nos alentábamos”. Tagliani subrayó que, a pesar de los obstáculos, el deseo de aprender es más relevante que la edad: “Si tenés ganas de estudiar, no importa cuántos años tengas, con las ganas se va a cualquier lado”, sostuvo en radio.
Una carta que inspiró y conmovió al aire
En el transcurso del programa Tagliani leyó a viva voz una carta enviada por Claudia, docente de Lengua y Literatura del CENS N.460 de Laferrere. En el mensaje, la profesora expresaba preocupación por el descenso de alumnos adultos en el secundario nocturno, pero también esperanza de que el aprendizaje continúe: “Lizy de mi corazón, esta carta tiene un tinte de tristeza, pero mis ganas de seguir adelante me invita a escribirte… Hace diez años tenía cincuenta y cinco estudiantes, hoy la matrícula no completa el cupo necesario para sostener el curso”, escribió.
Al leer la carta, Lizy Tagliani evocó su propia experiencia y la de su madre, quien logró aprender a escribir con ayuda familiar. Reflexionó en la radio: “No teniendo vergüenza de no tener conocimiento, porque por algo se empieza y la duda es una gran puerta a las posibilidades”.
La lectura de la carta motivó una ola de mensajes de solidaridad de oyentes y seguidores en redes sociales, resaltando la sinceridad de la conductora. Tagliani también recordó las palabras de su madre: “Cada uno tiene un reloj interno que le dice cuándo terminar”.
En sus redes, Lizy Tagliani agradeció a su familia, a docentes y a quienes se animan a reescribir su historia a través de la educación. Su relato, que combinó emoción y honestidad, sirvió de inspiración para quienes buscan oportunidades de aprendizaje.
Al compartir sus vivencias y desafíos, Tagliani sostiene que el estudio y la educación ofrecen herramientas para construir con libertad el propio destino y mantener viva la esperanza, sin límites de edad.



