
Andrew Giuliani, director ejecutivo del grupo de trabajo de la Casa Blanca para el Mundial de la FIFA 2026, afronta a partir del próximo mes la coordinación del mayor torneo deportivo organizado por Estados Unidos, en medio de una guerra con Irán, dudas sobre visados, tensiones con ciudades anfitrionas demócratas y la exigencia explícita de Donald Trump de que todo salga bien, según The New York Times.
A pocas semanas del primer partido en Estados Unidos, previsto para el 12 de junio en el área de Los Ángeles, el torneo espera más de 5 millones de visitantes internacionales y las ciudades anfitrionas reclamaron una parte de USD 625 millones en fondos federales para seguridad, según The New York Times.
Esa financiación empezó a liberarse en marzo, después de una reunión en la Casa Blanca entre Trump y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, a la que también asistió Giuliani, según el mismo medio.
Giuliani, de 40 años, dirige la estructura federal creada para acompañar la organización del Mundial 2026. Según The New York Times, su tarea incluye responder a amenazas de seguridad, inquietud por la política migratoria, críticas por el precio de las entradas y la coordinación con Canadá y México, los otros dos países sede.
De acuerdo con el calendario oficial publicado por la FIFA, el torneo se jugará entre el 11 de junio y el 19 de julio de 2026.
“Será mejor que lo hagas bien, Andrew”, le dijo Trump en público el año pasado, cuando anunció su nombramiento, según The New York Times. En una entrevista de 85 minutos con ese medio, Giuliani definió su trabajo con una imagen de discreción operativa: “Si yo soy la historia del Mundial, entonces el Mundial no ha salido bien”.
El encargo combina deporte, seguridad y acceso directo a Trump
La designación de Giuliani fue recibida con escepticismo dentro de la FIFA y entre varias contrapartes políticas, según The New York Times. El alcalde de Kansas City Quinton Lucas dijo al diario, con cautela, que al principio “uno no sabía” cuán seriamente se tomaría el cargo.
Con el paso de los meses, varias ciudades anfitrionas valoraron otra cualidad: su capacidad para leer al presidente y llegar hasta él. Alex Lasry, director ejecutivo del comité anfitrión de Nueva York y Nueva Jersey, dijo a The New York Times que en el gobierno a veces importa más manejar la política interna que el conocimiento técnico, y que él prefiere a alguien “que tenga acceso y sepa navegar el edificio”.
Ese papel de intermediario apareció también cuando una publicación de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos prometió una presencia de agentes “equipados y listos” en el Mundial de Clubes, según The New York Times. Lasry transmitió sus reparos a Giuliani y, de acuerdo con el diario, recibió la respuesta de que Seguridad Nacional mantendría solo una presencia rutinaria; después, el mensaje fue eliminado.
El alcalde de Atlanta Andre Dickens describió al funcionario como un interlocutor útil durante la espera por los fondos federales. “Había murmullos entre alcaldes: ‘¿Ya recibiste tu dinero?’”, dijo a The New York Times. Según el mismo medio, cuando los organizadores llamaban a Giuliani, él respondía: “No se preocupen. Va a ocurrir”.

La guerra con Irán y las fricciones con la FIFA elevaron el riesgo político
La situación se volvió más delicada por la guerra con Irán, uno de los 48 países clasificados al torneo, según The New York Times. El diario informó que Giuliani celebró en X la muerte del ayatolá Alí Jamenei con un mensaje que decía: “Nos ocuparemos del fútbol mañana”, una publicación que ya no aparece y que fue observada dentro de la FIFA.
En la federación internacional persisten dudas sobre su experiencia y sobre su dominio del entorno futbolístico, según The New York Times. El propio Giuliani reconoció ante periodistas en diciembre pasado que debía decir “partidos” y no “juegos”, y añadió: “Estoy trabajando en eso”.
Otra fricción se produjo por un video de Instagram junto al secretario de Seguridad Nacional Markwayne Mullin. En esa grabación, citada por The New York Times, Mullin señaló a Giuliani y dijo que estaba “a cargo de asegurarse de que todo salga bien”; más tarde, dentro de la FIFA también molestó que el secretario afirmara que Giuliani estaba “dirigiendo la FIFA”, sin que él lo corrigiera, según dos personas cercanas al organismo citadas por el diario.
Carlos Cordeiro, asesor principal de la FIFA para el grupo de trabajo, respondió en una declaración citada por The New York Times que existe una “gran relación de trabajo” entre todas las partes.
Marco Rubio, secretario de Estado, elogió por escrito a Giuliani por aportar “un sentido claro de dirección” al equipo, y el diario añadió que su oficina colaboró con el Departamento de Estado para crear un sistema acelerado de visados para quienes viajen a Estados Unidos con entradas del torneo.
El ascenso de Giuliani se apoya en una relación larga con Trump
Andrew Giuliani es hijo del exalcalde de Nueva York Rudolph W. Giuliani y figura conocida desde la infancia en la vida pública de su padre, según The New York Times.
El diario recordó que su irrupción cuando era niño en un acto de investidura municipal inspiró una parodia de Saturday Night Live con Chris Farley, y que durante años cargó con esa imagen de hijo travieso de una figura poderosa.
Según The New York Times, su vínculo con Trump se consolidó en la adolescencia, cuando el entonces empresario lo acogió en sus clubes de golf durante la crisis familiar abierta por el divorcio de sus padres. Monica Crowley, amiga de la familia Giuliani y hoy embajadora y jefa de protocolo de Trump, describió esa relación ante el diario como “casi paternal”.

Giuliani intentó primero hacer carrera como golfista profesional y luego se integró a la primera Casa Blanca de Trump, donde trabajó como enlace con ligas deportivas, según The New York Times.
Después de la derrota electoral de 2020 fue comentarista en Newsmax y en 2022 compitió sin éxito por la gobernación de Nueva York; perdió por 20 puntos, de acuerdo con el diario.
Trump tampoco respaldó aquella candidatura, según The New York Times. Aun así, cuando lo presentó el año pasado para el cargo mundialista, lo definió como “un golfista muy competitivo” y bromeó sobre su propio juego; Giuliani respondió del modo que el presidente esperaba, y Trump remató: “Sabía qué decir. Es una persona inteligente. Por eso lo nombré”.

En declaraciones a The New York Times, Giuliani sostuvo que no hay nadie “ciertamente en mi vida, quizá en la historia de Estados Unidos” mejor preparado que Trump para albergar grandes eventos. También dijo que la preparación del Mundial puede servir de base para los Juegos Olímpicos de 2028 y para otros acontecimientos dentro de lo que imagina como un “siglo deportivo” estadounidense.
Steve Bannon lo definió ante The New York Times como “un par de manos seguras”. Davis Ingle, portavoz de la Casa Blanca, aseguró al mismo medio que solo personas “extremadamente talentosas como Andrew Giuliani” podían afrontar este momento.
El margen de error sigue siendo estrecho. Curtis Sliwa, fundador de Guardian Angels y viejo conocido de la familia, resumió el riesgo en una frase citada por The New York Times: “Este es el escaparate de Trump. Yo no querría ser Andrew Giuliani si algo saliera mal”.



