El incendio que devastó más de 14.000 hectáreas en la zona de Puerto Patriada, provincia de Chubut, marcó el inicio de una estrategia inédita en la región: la siembra aérea de forrajes con drones agrícolas para intentar recuperar zonas devastadas por el fuego.
A cuatro meses de la catástrofe forestal, la Municipalidad de El Hoyo y el Ministerio de la Producción de Chubut impulsaron una prueba piloto que abarcó 200 hectáreas, con el doble objetivo de reconstruir la vegetación y proporcionar alimento para el ganado desde la próxima primavera.
En apenas dos días, la siembra aérea logró cubrir 40 hectáreas, una cifra que resalta la rapidez del método frente a las técnicas tradicionales que exigirían mucho más tiempo de intervención humana en campo, destacó Darío González Maldonado, secretario de Desarrollo Económico de El Hoyo, al medio El Cordillerano.
A partir de este punto, el seguimiento técnico evaluará el porcentaje de semillas germinadas por metro cuadrado para determinar la eficiencia del proceso. Este dato refleja el rigor del monitoreo posterior que exige el sistema, donde cada etapa incluye mediciones precisas antes de avanzar con nuevas áreas.
La iniciativa, financiada por el Ministerio de la Producción y ejecutada en cooperación con la empresa Huella Cero de Trevelin, se inició tras un trabajo de mapeo digital que permitió definir la selección de especies.
Flora y paso a paso del procedimiento
Tanto el agropiro (o hierba de trigo, una gramínea forrajera perenne fundamental para la ganadería) como la festuca (una planta formadora de césped adaptada al clima frío) fueron elegidos por sus funciones complementarias: sirven de forraje inmediato y aportan a la estabilización del suelo, mitigando la erosión y preparando el terreno para la restauración ecológica.
González Maldonado explicó al diario Rio Negro que el agropiro, según estudios científicos de Chile, actúa como inhibidor natural de la germinación del pino, una especia no originaria de la Patagonia, facilitando el ingreso futuro de plantas nativas mediante procesos de alelopatía.
El proceso operativo utiliza dos drones: uno pequeño para el mapeo y diagnóstico del terreno, y otro de mayor tamaño, con capacidad para cargar hasta 100 kilos de semillas por vuelo en zonas abiertas. Este despliegue logístico posibilitó la siembra en áreas inaccesibles por métodos mecanizados, una característica que marca una diferencia fundamental en la magnitud y eficiencia de la respuesta post-incendio.

La experiencia adquirida en las hectáreas iniciales de Puerto Patriada, donde conviven unas 30 familias dedicadas a la ganadería (incluyendo varias comunidades mapuches), introdujo una solución temporal ante la carencia de pasto: la asistencia con fardos, medida que no es sostenible por su costo y limitada disponibilidad.
Se espera que, gracias a la siembra con drones, a partir de octubre los productores dispongan de alimento propio para vacunos, ovinos, caprinos, equinos y aves de corral, reduciendo la dependencia de insumos externos y acelerando el retorno a la productividad ganadera local.
Tiempo de siembra
Cada intervención requiere una ventana meteorológica óptima, restringiendo la siembra a días soleados y sin viento, ya que las precipitaciones o la niebla comprometen la precisión y seguridad de la operación, describió González Maldonado a El Cordillerano.
Tras la dispersión de semillas, las gramíneas, al igual que los cereales, no requieren tratamientos adicionales; se autosiembran y retienen la humedad, lo que es crucial para permitir, tras un periodo de descanso, el rebrote de especies nativas y la interceptación eficiente de la lluvia y la nieve.
El proyecto, en etapa piloto y susceptible de replicarse en otras áreas afectadas por incendios forestales en la provincia de Chubut, se plantea como un modelo de recuperación progresiva.

Primero estabiliza el suelo con herbáceas que retienen el agua y previenen escurrimientos; en una segunda etapa, prevé la introducción de especies nativas como cipreses y coihues, a condición de que el terreno ya haya recuperado su estructura básica y capacidad de retención. Según González Maldonado, “no es propicio plantar nativas en un incendio reciente porque el suelo está totalmente inerte, sin capacidad de sostenerlas”.
La efectividad del método, medida mediante un riguroso monitoreo, ya arroja datos concretos. En el primer ciclo se logró comprobar la germinación del 1% de lo sembrado; valor bajo pero representativo para una superficie tan castigada y en una etapa aún experimental, lo que orienta las mejoras para futuras implementaciones.



