La primera entrevista de Yarden Bibas, el padre de la familia argentina asesinada por Hamas: “El cautiverio no fue lo peor, el infierno es vivir sin ellos”

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Tras pasar 484 días secuestrado por Hamas, Yarden Bibas dio su primera entrevista. El israelí relató el dolor de haber perdido a su esposa y a sus dos hijos pequeños, quienes fueron asesinados por el grupo terrorista Hamas el 7 de octubre de 2023

La historia de Yarden Bibas es la de un hombre que sobrevivió al secuestro, a la guerra y al cautiverio, pero que asegura no haber podido escapar del dolor más profundo: la pérdida de su familia. Después de pasar 484 días retenido por terroristas de Hamas en la Franja de Gaza, el israelí volvió a hablar públicamente y dejó una frase que resume el drama que atraviesa desde su liberación. “Lo más terrible no fue el cautiverio. El infierno es vivir ahora sin ellos”, dijo a News 13 de Israel, en la primera entrevista que concedió tras la tragedia.

Hace casi mil días vio por última vez a su esposa Shiri Silberman, hija de un argentino, y a los pequeños Ariel y Kfir. Desde entonces, cada recuerdo quedó congelado en la mañana del 7 de octubre de 2023, cuando terroristas irrumpieron en el kibutz Nir Oz, en el sur de Israel, y destruyeron para siempre la vida de la familia Bibas.

Shiri, una maestra jardinera de 32 años, sostenía a sus hijos cuando los atacantes ingresaron a la vivienda. Ariel tenía apenas cuatro años y Kfir solo ocho meses. Las imágenes de la madre abrazando desesperadamente a sus hijos mientras era secuestrada recorrieron el mundo y se convirtieron en uno de los símbolos más desgarradores del ataque perpetrado por Hamas.

Yarden recordó que, en medio del caos y los disparos, tomó una decisión desesperada: entregarse para intentar salvar a su esposa y a sus hijos. Pensó que, si cooperaba con los terroristas, quizá ellos permitirían que el resto de la familia permaneciera en la casa. No ocurrió así. Antes de ser separado de ellos, sin embargo, pidió algo que hoy recuerda como el último gesto de amor que pudo ofrecerles. “Espere. Necesito darles un beso a mi esposa y mis hijos”, le dijo a uno de los secuestradores.

Ese instante quedó grabado para siempre en su memoria. Años antes le había prometido a Shiri que nunca se iría de su lado enojado ni sin despedirse con un beso. En medio del horror, rodeado de hombres armados y sin saber si volvería a verlos, cumplió aquella promesa.

Después comenzó el infierno del cautiverio.

Durante los 16 meses que pasó secuestrado en Gaza nunca volvió a ver a su familia. Permaneció aislado y sometido a constantes manipulaciones psicológicas. A los dos meses de estar cautivo, sus captores le dijeron que Shiri, Ariel y Kfir habían muerto. Incluso lo obligaron a grabar un video en el que responsabilizaba al gobierno israelí por esas supuestas muertes.

Shiri Bibas y sus dos hijos fueron asesinados por el grupo terrorista Hamas

Pero Yarden se aferró a la esperanza. Necesitaba creer que era mentira. Con el tiempo, comenzó a aprender palabras en árabe para intentar descubrir cuándo los terroristas engañaban y cuándo decían la verdad. Analizaba tonos de voz, conversaciones y gestos mínimos. Cualquier indicio podía convertirse en una posibilidad de esperanza.

“Sentía que mentían y que mi familia seguía viva. Eso fue lo que me mantuvo en pie”, confesó. Esa ilusión se derrumbó definitivamente después de su liberación.

El 1 de febrero del año pasado recuperó la libertad en el marco de un intercambio de rehenes israelíes por prisioneros palestinos durante una tregua temporal. Veinte días más tarde recibió la confirmación más devastadora de su vida: Hamas entregó los restos de Shiri, Ariel y Kfir.

El funeral de la familia Bibas conmocionó a Israel entero. Miles de personas acompañaron el último adiós a la joven madre y a sus hijos pequeños, convertidos ya en símbolos del sufrimiento provocado por la guerra y el terrorismo. Desde entonces, Yarden eligió el silencio. Hasta esta semana.

En una entrevista concedida al News 13, Bibas abrió por primera vez las puertas de su dolor y habló con una crudeza estremecedora sobre cómo es vivir después de haber perdido todo. “Estoy cansado, muy cansado. Todo el tiempo hay una guerra interna en mi cabeza”, expresó.

Yarden Bibas, en el momento en que fue liberado por el grupo terrorista Hamas, el 1 de febrero de 2025

Confesó además que hay una pregunta cotidiana que se volvió insoportable: “¿Cómo estás?”. Dijo que si bien para la mayoría de las personas se trata apenas de una fórmula de cortesía. Para él, en cambio, es un recordatorio constante de que ya no puede responder con honestidad sin incomodar a los demás o quebrarse emocionalmente. “Esa pregunta me obliga a mentir o a poner una sonrisa forzada”, explicó. “Por eso respondo: ‘Como siempre’”.

Pero cuando la periodista le pidió que hablara con sinceridad, la respuesta fue brutal en su honestidad. “Para la mierda”, dijo. “Estoy para la mierda”.

Tras su liberación pasó varios meses internado y en tratamiento en el Hospital Sheba, cerca de Tel Aviv. Más tarde decidió mudarse a las Alturas del Golán, donde vive parte de su familia. Allí pensaba instalarse junto a Shiri y sus hijos antes del ataque. Querían abandonar el kibutz Nir Oz y empezar una nueva vida en un lugar más tranquilo y verde.

La mudanza soñada terminó convirtiéndose en un exilio marcado por la ausencia. Hoy, la casa de Nir Oz permanece prácticamente abandonada, detenida en el tiempo desde aquella mañana. Yarden confesó que uno de los momentos más difíciles fue volver a entrar y observar el cuarto de Ariel. “Es muy duro ver la habitación de mi hijo llena de agujeros de balazos”, relató.

También recordó el impacto que sintió cuando vio por primera vez la famosa fotografía de Shiri abrazando a los niños durante el secuestro. Mientras estuvo cautivo jamás había tenido acceso a esas imágenes. Recién las conoció después de recuperar la libertad. “Se me rompió el corazón”, dijo. “Esa no es la Shiri a la que juré hacer sonreír por el resto de mi vida”.

En una de las partes más duras de la entrevista, reveló el enojo que siente hacia las autoridades israelíes por no haber logrado rescatar con vida a quienes aún permanecían secuestrados. “Mi dolor no es por el cautiverio, porque ellos sobrevivieron al cautiverio”, explicó. “Sobrevivieron al ataque en la casa, sobrevivieron al secuestro, sobrevivieron día tras día en Gaza y el Estado de Israel no los salvó”.

Una mujer sostiene una foto recortada de los rehenes Shiri Bibas, de 32 años, con Kfir Bibas, de 9 meses, que fueron secuestrados en su casa del kibutz Nir Oz durante el mortífero ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y luego asesinados en Gaza, el día de su cortejo fúnebre, en una plaza pública dedicada a los rehenes en Tel Aviv, Israel

Según contó, llegó a expresar personalmente esa frustración frente al entonces jefe del Estado Mayor israelí, Herzi Halevi. Para Yarden, la tragedia de su familia representa también el fracaso de un país que no logró traerlos de regreso a tiempo.

“No solo ellos”, remarcó. “Hay decenas de secuestrados que fueron llevados vivos y murieron en cautiverio. Pudieron haber vuelto con sus familias y no fue prioritario”.

La pérdida convirtió a Yarden en una figura reconocida en Israel y en el mundo. Sin embargo, esa exposición pública también se transformó en otra carga emocional. Explicó que todavía no logra acostumbrarse a la forma en que la gente lo observa cuando lo reconoce en la calle. “Hay personas que me ven y empiezan a llorar”, relató. “Entiendo que viene de un lugar de cariño y apoyo, pero duele”, agregó.

Confesó incluso que muchas veces responde con ironía amarga cuando alguien le pregunta si realmente es él. “Lamentablemente, sí”, suele decir.

La frase resume el lugar en el que siente haber quedado atrapado: el hombre que sobrevivió, pero perdió todo aquello que daba sentido a su vida. “No entro a un lugar y la gente piensa ‘quisiera ser como él’”, explicó. “Entro a un cuarto y en muchos casos soy lo más triste del lugar”.

Desde su liberación intenta reconstruir una rutina. Tras pasar varios meses internado y en tratamiento médico, se instaló en las Alturas del Golán, donde soñaba mudarse junto a Shiri y los niños antes del ataque. Pero admite que todavía vive en una especie de suspensión emocional, como si el tiempo avanzara mientras él permanece detenido en aquel octubre.

Hay una canción del músico estadounidense Zakk Wylde que resume exactamente lo que siente. La frase dice: “Estoy matando el tiempo, pero el tiempo me está matando a mí”.

Yarden Bibas (derecha) con su hermana Ofri en el elogio de su esposa Shiri y sus dos hijos pequeños Kfir y Ariel, en el cementerio regional de Tsoher el 26 de febrero de 2025 (Captura de pantalla/YouTube)

“Así veo mi vida ahora”, confesó. “Cada minuto sin ellos es como si algo dentro mío muriera también”. Aun así, intenta encontrar pequeños espacios para seguir adelante. Dice que los recuerdos funcionan como una mezcla permanente de felicidad y sufrimiento. Pensar en su esposa y sus hijos le provoca sonrisas, pero también un dolor insoportable. “Todo recuerdo feliz también duele”, admitió.

Cuando le preguntaron si alguna vez podrá equilibrar esas emociones, respondió con sinceridad brutal. Explicó que hoy la tristeza ocupa casi todo su mundo interior, aunque cree que algún día quizás llegue a convivir en partes iguales con la felicidad.

“Todavía estoy en un setenta-treinta, o incluso veinte-ochenta”, señaló. “Pero supongo que algún día quedará en cincuenta y cincuenta”.

Sin embargo, en medio de tanto dolor, conserva un pequeño ritual que le permite sentirse cerca de su familia. Todas las noches busca tres estrellas alineadas en el cielo. Entonces les habla. “Les digo que los amo”, contó.

Para él, esas tres estrellas representan a Shiri, Ariel y Kfir. En esos segundos silenciosos encuentra un instante de paz, una breve sensación de compañía en medio de una vida marcada por el vacío. “Cuando me siento perdido durante todo el día, mirar esas estrellas me da calma”, explicó. “Por un segundo siento que todavía están aquí”, concluyó.