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A 49 años de la muerte de Blackie: la mujer que derrotó al machismo en los medios de comunicación

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Blackie

Pasaron ya 49 años desde aquel 3 de septiembre de 1977 en el que Blackie murió. Sin embargo, no existe medio de comunicación en el que periodistas, productores y técnicos de la vieja guardia no la recuerden. Porque marcó un antes y un después. Apasionada por su trabajo y dueña de una personalidad imponente, logró que todos se olvidaran de que era una mujer en un mundo dominado por los hombres. Y se convirtió en una de las máximas referentes de la Argentina en todas las áreas donde se desarrolló.

Su nombre real era Paloma Efron, pero desde muy chica adoptó el apodo que hacía alusión al color oscuro de su cabello y con el que fue conocida, y reconocida, en todo el mundo artístico. Para algún inadvertido, basta con decir que fue la descubridora de grandes talentos como la vedette Nélida Lobato, el humorista político Tato Bores, la directora María Herminia Avellaneda, el periodista Bernardo Neustadt, el grupo folclórico Los Huanca Huá y las cantantes Marikena Monti y Susana Rinaldi, entre muchos otros.

Sin embargo, su camino no fue nada fácil, especialmente, teniendo en cuenta la época en la que le tocó vivir. Había nacido el 6 de diciembre de 1912 (fecha declarada como el Día del productor de Radio y Televisión en la Argentina en su honor) en Basavilbaso, una de las colonias de inmigrantes judíos de Entre Ríos, como fruto del matrimonio del maestro de escuela Yedidio Efron y Sara Steinberg. Pero, siendo una niña, se mudó con su familia al barrio porteño de Villa Crespo, donde terminó sus estudios primarios. Sin embargo, apenas se recibió tuvo que ocuparse de cuidar a su madre enferma. No podía pensar en un título universitario. Pero comenzó a trabajar como bibliotecaria en el Instituto Cultural argentino-estadounidense. Y esto le permitió empezar a desplegar su pasión por el canto.

Era la época de oro de la radio. Y, por supuesto, al descubrir su capacidad vocal la empezaron a llamar de distintas emisoras, en las que comenzó a relacionarse con intelectuales que despertaron su interés. Aunque sabía hablar perfectamente inglés, francés, italiano, portugués y alemán, además por supuesto del castellano, sus primeras interpretaciones fueron en idish. Pero luego sumó temas de gospel y de jazz, que era el género que la deslumbraba. Así fue como, en 1934, ganó un concurso en Radio Stentor patrocinado por Jabón Federal, donde cantó “Stormy Weather”, de Harold Arlen y Ted Koehler. Y luego se sumó a la popular orquesta Los dados negros, lo que le dio una gran visibilidad.

Paloma Efron fue una gran descubridora de talentos e inventó varios formatos televisivos

Era osada. Mucho. Y lo demostró cuando rechazó la propuesta de Jaime Yankelevich, uno de los empresarios de medios más importantes de su tiempo, para empezar a cantar tango. El contrato era muy importante en términos económicos. Pero ella estaba segura de que lo suyo no era el 2 x 4. Soñaba con liderar una big band. Así que, a instancias de su padre que le decía que para poder cantar esa música tenía que conocer su cultura, se fue a estudiar a la cuna del jazz: los Estados Unidos. En Harlem, Nueva York, donde vivió durante seis años, estudió Antropología en la Universidad de Columbia. Y se vinculó con figuras de la talla de Marian Anderson, Louis Armstrong, Duke Ellington, Count Basie y Ella Fitzgerald.

Cuando volvió a la Argentina, ya cargaba consigo el pseudónimo de “Blackie”. Pudo retomar sin problemas su trabajo en la radio, donde impulsó los programas de diálogo. Y también comenzó a coquetear con el cine y el teatro. De hecho, fue en el Maipo, trabajando con Pepe Arias, donde conoció al escritor Carlos Olivari con quien se casó en 1942. El matrimonio también fue una muestra de su espíritu desafiante, ya que su familia esperaba verla unida a alguien que perteneciera a la religión judía y ella eligió a un católico con fama de playboy. Pero enviudó en 1955, apenas 13 años después de haber contraído enlace. Y nunca más se le conoció una pareja públicamente.

Por esos años ya había desembarcado en el país un nuevo medio de comunicación: la televisión. Y Blackie, que se mostró fascinada desde el primer momento, quería pertenecer a él. Así que empezó a trabajar como productora. Hasta que, finalmente, tuvo su primera aparición frente a cámara como cantante de Tropicana Club, uno de los grandes programas musicales de la época. Pero estaba para más. De manera que el director de Canal 7 le pidió que pensara un programa para reemplazar La historia del jazz. Tenía apenas tres horas para imaginar algo. Y terminó creando Cita con las estrellas, un ciclo en el que contaba en primera persona sus encuentros con figuras como Elia Kazan y Arthur Miller e ilustraba las historias con fotos de su álbum privado.

No tardó en empezar a dirigir la emisora junto a Cecilio Madanes. Su capacidad creativa estaba a la vista. Y también su dedicación: era lo que hoy se conocería como una workaholic. Volver a Vivir, un programa en el que cada semana una figura hacía el recorrido de su historia y era agasajada con sorpresas y testimonios logrados a partir de un gran trabajo de producción, y Derecho a réplica, un envío en el que una tribuna de periodistas interpelaba a funcionarios y personalidades del mundo de la política, fueron algunos de los ciclos de su autoría que sirvieron como inspiración para otros similares que vinieron después y se perpetúan hasta la actualidad.

Blackie también fue la maestra de ceremonia del recordado concurso sobre temas de interés general llamado Odol pregunta. Y produjo ciclos tan disímiles como Yo me quiero casar, ¿y usted?, el programa que unía parejas bajo la conducción de Roberto Galán, y Titanes en el ring, la competencia de catch que lideraba Martín Karadagian. Como si todo esto fuera poco, fue la presentadora en las actuaciones de estrellas internacionales como Nat King Cole o Sammy Davis Jr. en el Teatro Gran Rex.

Lo cierto es que no se cuidaba demasiado. Y fumaba mucho. Así que su salud se fue deteriorando. En 1976, quizá a modo de despedida, volvió a ponerse al frente de una pantalla con el ciclo La Mujer, que se emitió por Canal 9. Y también tuvo un regreso fugaz a la radio con dos programas, en Continental y Splendid, en los que, fiel a su espíritu rebelde, se negaba a acatar la prohibición de pasar música de algunos artistas impuesta por el gobierno militar. En 1977 debió ser internada por una úlcera estomacal por la que se sometió a una cirugía. Y, poco después, murió a raíz de un infarto. Tenía 64 años, un gran camino recorrido, y muchas ganas de seguir dando más.