La familia del secretario estudiantil de la Universidad de La Plata pidió que el caso sea juzgado como un crimen de odio

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Pedro Pablo Mieres, la víctima del crimen

La familia de Pablo Mieres (37), el secretario estudiantil de la Universidad Nacional de La Plata que fue hallado asesinado en su casa de la capital provincial en junio del año pasado, pidió que el caso sea juzgado como un crimen de odio.

La causa tiene dos acusados: Nicolás Damián Arévalos (41) y Jonatan David Perunetti (35), a quienes el fiscal Gonzalo Petit Bosnic imputó por homicidio doblemente agravado por haberse cometido con el concurso premeditado de dos o más personas y por haberse concretado criminis causa, en concurso ideal con robo.

En un escrito presentado ante el Juzgado de Garantías y al que accedió Infobae, los abogados Cristian Ariel González, Gastón Leandro Jesser y Sebastián Iturria —representantes de la querella— adhirieron al requerimiento de elevación a juicio por parte de la fiscalía, pero solicitaron ampliar la calificación legal, al considerar que el ataque también estuvo motivado por odio a la orientación sexual.

Según la acusación, Arévalos y Perunetti actuaron en forma coordinada durante la madrugada del 17 de junio de 2025, cuando ingresaron al domicilio de Mieres con el objetivo de apoderarse de bienes de valor, entre ellos una guitarra, una notebook, una billetera, teléfono celular, tarjetas bancarias y un televisor.

En ese contexto, lo golpearon, lo desnudaron, lo ataron de pies y manos, y taparon su boca con un trapo. La víctima permaneció con vida durante parte del ataque y pidió ayuda, de acuerdo al testimonio de una vecina que escuchó gritos y movimientos en la escalera.

Nicolás Arévalos cayó tres semanas después del asesinato

La muerte se produjo por asfixia mecánica mediante estrangulación con una remera con la inscripción “DECENTE”, algo que los letrados creen que no fue casual.

“La convergencia de estos elementos revela una dimensión adicional de sometimiento, humillación y censura, cuya significación debe ser examinada en relación con la orientación sexual de la víctima, su pertenencia pública y militante a la comunidad LGBTIQ+ y el conocimiento que de esa circunstancia tenían los imputados”, argumentaron los querellantes.

Y continuaron su fundamentación: “La particular forma de ejecución no aparece como un dato accidental ni plenamente explicable por el propósito de robo. La desnudez forzada, las ataduras, el amordazamiento, la prolongación del sufrimiento y la utilización de una prenda con aquella inscripción conforman una escena que transmite un mensaje de degradación y castigo dirigido a la identidad de la víctima”.

“Por ello, entendemos que el homicidio no sólo fue ejecutado para consumar el desapoderamiento o procurar la impunidad, sino que concurrió un componente de odio hacia la orientación sexual de Pablo Mieres”, concluyeron.

El expediente judicial detalla que la madrugada del crimen los asesinos ingresaron al departamento de Mieres en el marco de una reunión consentida.

Los registros de cámaras de seguridad mostraron primero a la víctima caminando hacia la terminal de trenes, donde mantuvo una breve conversación con Arévalos. El secretario estudiantil regresó solo a su casa y, poco más tarde, Arévalos fue captado yendo hacia el lugar junto a Perunetti. A la 1:50 del 17 de junio, se escuchó un grito, y luego los dos sujetos se retiraron, uno de ellos cargando objetos envueltos que ocultó momentáneamente en el paso a nivel de calles 44, 1 y 115.

“Los involucrados tenían conciencia de las acciones que iban a desarrollar cuando consintieron en dirigirse en plena madrugada a la casa de la víctima, con la que al menos uno de ellos acababa de tener un encuentro […] La agresión se cometió apenas minutos después del ingreso al departamento, lo que permite inferir que ambos sabían de antemano y conforme lo previamente planeado lo que iban a hacer en su interior”, describió el fiscal Petit Bosnic, quien consideró que Arévalos y Perunetti mataron a la víctima para ocultar el robo.

Perunetti fue detenido a mediados de agosto

La mirada de la querella es en parte diferente: “El móvil patrimonial explica la sustracción de los bienes y la conexión ideológica entre el robo y el homicidio. Sin embargo, no explica íntegramente la desnudez, la humillación, la prolongación del padecimiento ni la utilización de una prenda con la palabra ‘DECENTE’ como instrumento de estrangulación”.

“Ese excedente de violencia y su dimensión simbólica permiten sostener que la finalidad patrimonial coexistió con una motivación discriminatoria. Los imputados mataron para concretar el desapoderamiento o asegurar su impunidad, pero la forma elegida para hacerlo expresó, además, un mensaje de censura y castigo hacia la orientación sexual de Pablo”, ampliaron en su escrito.

E insistieron: “Los imputados conocían previamente a Pablo, habían tenido contacto con él y sabían de su orientación sexual. No se trató de una característica desconocida o descubierta casualmente durante el hecho”.

Quién era la víctima

El secretario estudiantil había llegado desde la provincia de Neuquén para estudiar la carrera de Biotecnología en la UNLP.

Desde sus primeros años en la universidad se involucró en diversas actividades y se destacó como integrante de las Brigadas Ramona Medina, colaborando en acciones solidarias durante la pandemia.

En el plano institucional, Mieres había asumido con responsabilidad la gestión en la Secretaría de Asuntos Estudiantiles, “donde trabajó con dedicación, empatía y compromiso para atender las necesidades del claustro estudiantil, con sensibilidad y escucha activa”, afirmó la UNLP en un comunicado.

Desde la facultad resaltaron que su paso por la institución dejó una huella notable “por su sonrisa generosa, su presencia cálida y su compromiso con un proyecto colectivo de universidad pública, inclusiva y solidaria”.