
La audiencia empezó a las 10 de la mañana y terminó cerca de las 17.30. Fueron más de siete horas de declaraciones, preguntas, repreguntas y un episodio inesperado: uno de los testigos, amigo de Cristian Graf, intentó grabar su propia testimonial ante la fiscalía que investiga el crimen de Diego Fernández Lima, el adolescente de 16 años que desapareció en 1984 y cuyos restos fueron encontrados, casi cuatro décadas después, enterrados en el jardín de una casa de Coghlan.
Según pudo saber Infobae de fuentes judiciales, los dos testigos que declararon este martes son Miguel Riños y Carlos Elizari, ambos vinculados a Graf por su paso por los boy scouts. Sus nombres habían sido aportados a la causa por Daniela Barreiro, ex esposa del sospechoso y madre de sus hijos mayores, cuando declaró como testigo a fines de febrero.
La fiscalía, a cargo de Martín López Perrando, buscaba reconstruir el círculo de amistades de Graf, pero sobre todo saber qué habían hablado con él después del hallazgo de los restos de Fernández Lima en la vivienda de la avenida Congreso al 3700, donde vivía la familia Graf.
En ese marco, ambos testigos aportaron sus teléfonos celulares para que se descargaran las conversaciones de WhatsApp vinculadas al grupo de amigos. “Por ahora, y hasta que no revisemos los chats, que son muchos, es poco lo que se puede decir”, explicó una fuente judicial consultada por este medio.
Ese material quedó incorporado a la investigación y ahora será analizado por la fiscalía. La revisión de los mensajes podría derivar en una nueva convocatoria de los testigos o en la orden de nuevas medidas de prueba, según precisó otra fuente del caso.

¿Qué dijeron los amigos de Graf?
El primero en declarar fue Riños. Dijo que conoció a Graf en 1985, es decir, después de la desaparición de Diego Fernández Lima, ocurrida el 26 de julio de 1984. Explicó cómo llegó al grupo scout, cómo conoció al sospechoso y cuál era la dinámica de las actividades que realizaban.
Ese tramo, según fuentes del expediente, no aportó datos directos para avanzar sobre el homicidio. El punto central llegó después, cuando le preguntaron si había hablado con Graf sobre el caso tras el hallazgo de los restos.
Inicialmente, Riños sostuvo que no había hablado “bajo ningún aspecto” con Graf sobre el tema. Sin embargo, a medida que la testimonial avanzó, reconoció que se había encontrado personalmente con él en, al menos, tres oportunidades después del hallazgo.
Según las fuentes consultadas, el testigo explicó que durante los primeros meses, en el pico de la cobertura mediática, no tuvo contacto con Graf, pero que sí lo vio en los últimos meses. Aun así, aseguró que no tocaron concretamente el tema del crimen.
En ese contexto, Riños dejó una frase que no pasó inadvertida para los investigadores: “A partir de esta historia no sé quién es Cristian ahora”.

El segundo testigo fue Elizari. Su declaración tuvo un episodio particular: mientras se desarrollaba la audiencia, se detectó que estaba grabando la testimonial. Según explicaron fuentes del caso, la situación se advirtió cuando se le solicitó el teléfono celular para bajar los chats vinculados al grupo.
Elizari explicó que tenía dificultades de memoria y que por eso quería conservar un registro para un “control interno posterior”. En la audiencia se dejó constancia de lo ocurrido.
De acuerdo con las fuentes consultadas, Elizari mantuvo una postura más contundente en defensa de Graf. Dijo que se acercó a él apenas ocurrió todo para preguntarle cómo se sentía y acompañarlo. En esas conversaciones, según se reconstruyó, sobrevoló la idea de que Graf decía: “No entiendo qué pasó”.
Los dos testigos afirmaron que les resulta imposible imaginar a Graf involucrado en un hecho de esas características. “Es imposible que Cristian haya hecho algo por el estilo” y “No nos entra en la cabeza”, fueron algunas de las expresiones que dejaron durante la audiencia, según fuentes del caso.

La causa investiga un crimen ocurrido hace casi 40 años. Por eso, los investigadores reconocen que el estándar probatorio actual convive con una reconstrucción compleja: no hay cámaras de seguridad de la época ni registros audiovisuales como los que suelen existir en investigaciones recientes. Cada dato, por mínimo que parezca, puede servir para completar el mapa de vínculos, rutinas y movimientos de aquel momento.
En ese sentido, las declaraciones también permitieron confirmar algunos aspectos del entorno familiar de Graf. Por ejemplo, los testigos ratificaron datos sobre la actividad laboral de su padre, a quien la ex esposa de Graf había mencionado como techista.
Por el momento, no hay nuevas audiencias previstas. La fiscalía espera, además, los resultados del análisis del georradar realizado en el jardín de la casa de la familia Graf y un escrito en el que se instan nuevas medidas de prueba. Los investigadores no descartan que, después de analizar los chats, alguno de los testigos vuelva a ser convocado.



