
La apuesta de Bogotá por posicionarse como nueva sede de la Selección Colombia alcanzó esta semana un primer respaldo institucional al lograr la aprobación en primer debate de un proyecto en el Concejo que busca otorgar exenciones tributarias a los partidos organizados por la Federación Colombiana de Fútbol en la ciudad.
El objetivo, según la administración distrital, es convertir a la capital en escenario de alto perfil para el fútbol nacional y activar sectores como hoteles, transporte y restaurantes, tradicionalmente beneficiados por estos eventos.
Según estimaciones de la Secretaría de Hacienda, la celebración de un solo partido de estas características podría aportar alrededor de $19.000 millones a la economía local, cifra que subraya el impacto multiplicador del fútbol sobre los sectores de hotelería, gastronomía, comercio y servicios.
Esta previsión financiera se convierte en uno de los principales argumentos económicos que sustenta la viabilidad de la iniciativa, la cual fue presentada oficialmente el 13 de abril por la Alcaldía de Bogotá y defendida en el Concejo por la secretaria de Hacienda, Ana María Cadena, y el secretario de Gobierno, Gustavo Quintero.

El Proyecto de Acuerdo 304 de 2026 plantea la eliminación hasta el 31 de diciembre de 2036 del impuesto de Industria y Comercio (ICA) y de las estampillas distritales para partidos organizados por la Federación Colombiana de Fútbol.
Su propósito es “fortalecer la capacidad competitiva de Bogotá frente a otras ciudades como Barranquilla, actual casa de la Selección, y Cali”, señaló Cadena ante los concejales.
La secretaria de Hacienda enfatizó: “Un encuentro de estas características no solo llena un estadio, también dinamiza la economía de la ciudad”, en referencia al efecto transversal sobre distintos sectores productivos.
La iniciativa avanzó con ocho votos a favor y tres en contra en la Comisión de Hacienda y Crédito Público, y se apresta a enfrentar su segundo y último debate en sesión plenaria. Si es aprobada, Bogotá dispondrá por primera vez de una herramienta fiscal concreta que permitiría competir con otras ciudades para recibir partidos oficiales de la selección Colombia y otros encuentros futbolísticos de alto impacto.
El principal atractivo es el impacto económico que generan estos eventos: el gasto de quienes asisten se derrama en hoteles, restaurantes, transporte y comercios durante varios días, ampliando el beneficio más allá del partido en sí. Este modelo se alinea con una tendencia global, en la que las ciudades utilizan grandes encuentros deportivos para atraer turismo y consolidar su proyección internacional.
El presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, Ramón Jesurún, advirtió ante el Concejo que Bogotá ha perdido competitividad frente a sedes como Barranquilla y Medellín por la capacidad de los estadios y las ventajas tributarias que ofrecen.
Jesurún remarcó que la “ampliación y modernización del estadio El Campín serán determinantes para que la capital recupere atractivo en el mapa del fútbol nacional e internacional”.
Preguntarse por la última vez que la Selección jugó en Bogotá revela la magnitud de la brecha: casi todos los partidos recientes se han celebrado en Barranquilla o Cali, hasta ahora las sedes privilegiadas del equipo nacional.

El debate del proyecto desbordó el fútbol. Mientras los ponentes Rolando González (Cambio Radical) y Samir Abisambra (Partido Liberal) resaltaron el poder dinamizador para la economía de la ciudad, otros concejales presentaron reparos y propuestas alternas.
Julián Triana (Alianza Verde) reclamó mayor claridad sobre el costo fiscal para la ciudad. José del Carmen Cuesta (Pacto Histórico) exigió atar los beneficios a la promoción de escuelas deportivas en las 20 localidades de Bogotá, aunque su propuesta no prosperó en esta etapa. Sandra Forero (Centro Democrático) propuso habilitar zonas públicas de visualización para permitir que más ciudadanos vivan la experiencia de los partidos.
El concejal Leandro Castellanos (Alianza Verde) apoyó la estrategia, pero advirtió que otorgar incentivos exclusivamente al fútbol “podría generar desequilibrios y limitar el desarrollo integral del ecosistema deportivo”.
Planteó que los incentivos deben ampliarse a otras disciplinas como atletismo, ciclismo, natación, baloncesto, voleibol, judo, patinaje, levantamiento de pesas y tenis: “Sin equidad para todo el deporte, no hay juego limpio”, defendió Castellanos. También cuestionó la falta de mecanismos claros para medir el impacto, compensar la reducción de ingresos y asegurar el uso responsable de los recursos públicos.
Entre los retos inmediatos se cuentan la necesidad de controles y evaluaciones técnicas sobre el impacto real de las exenciones, así como la definición de una hoja de ruta para la planificación de eventos deportivos de largo plazo.
De obtener la aprobación final, la capital colombiana podrá ofrecer exenciones hasta diciembre de 2036 sobre el impuesto de Industria y Comercio y estampillas distritales para partidos y eventos de fútbol profesional.
Esto transformaría el posicionamiento competitivo de Bogotá frente a otras ciudades y le permitiría pelear, en condiciones fiscales equiparables, la oportunidad de convertirse en la casa habitual de la selección Colombia.
El secretario de Gobierno, Gustavo Quintero, incidió en que el modelo propuesto no compromete recursos si los eventos no se realizan: “Si no hay partido, no hay beneficio ni recaudo comprometido”.
El debate central de cara a la plenaria se enfocará en sí los beneficios indirectos justifican la reducción de ingresos tributarios, y en cómo hacer extensivas estas ventajas a más disciplinas.
De este modo, la aprobación final del proyecto en el Concejo definirá si Bogotá logra consolidarse como nueva sede de grandes eventos futbolísticos, y si el modelo de incentivos fiscales propuesto alcanza a incluir al resto del deporte profesional de la ciudad.



