Cómo los atletas de élite aprenden a enfrentar la presión de los grandes momentos

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La presión en el fútbol profesional alcanza su punto máximo en escenarios multitudinarios, donde cada decisión puede definir el resultado de un torneo (REUTERS/Abdul Saboor)

El rendimiento bajo presión es uno de los mayores desafíos en el deporte y otras actividades de alta exigencia, explicó Teresa Behrend Fletcher, directora del programa de Deporte y Rendimiento Humano de la Universidad Adler, en un artículo en The Conversation.

La diferencia entre el éxito y el fracaso en situaciones críticas suele depender de algo más que el talento natural o la preparación física, y la ciencia ha comenzado a identificar qué elementos marcan esa diferencia.

Cómo se manifiesta la presión en el deporte

La presión, describió Fletcher, puede presentarse en contextos tan diversos como un tiro libre en los segundos finales de un partido, una final continental o la definición de un torneo mundial.

Los futbolistas enfrentan situaciones límite, como la ejecución de un penal decisivo, donde el control emocional y la concentración resultan determinantes (REUTERS/Kai Pfaffenbach)

En estos escenarios, la ansiedad aumenta y puede afectar la ejecución incluso de habilidades que los atletas dominan desde hace años. La reacción ante la presión no es uniforme. Mientras algunos deportistas experimentan un descenso en su rendimiento —lo que se conoce como bloqueo—, otros logran mantener o incluso mejorar su nivel.

El bloqueo se define como rendir por debajo de lo esperado para la propia capacidad en una situación percibida como crítica.

La percepción de presión y su impacto varían según la personalidad, el contexto y la importancia asignada al evento. El modelo biopsicosocial de desafío y amenaza, citado en The Conversation, explica que interpretar la situación como una amenaza puede hacer que el deportista sienta que no tiene recursos suficientes, lo que propicia respuestas físicas y mentales menos efectivas.

La competencia física como base sólida

El entrenamiento físico y técnico diario proporciona a los jugadores la confianza necesaria para afrontar los momentos más exigentes de la competencia (REUTERS/Paul Childs)

El primer factor que protege frente al bloqueo es la competencia física. El dominio de las destrezas técnicas y la preparación constante refuerzan la confianza.

En palabras de Fletcher, cuando un atleta ejecuta con éxito lo que ha practicado en entrenamientos, su respuesta se vuelve más automática y menos vulnerable a la ansiedad. Esta base física permite enfrentar la presión sin que la exigencia desorganice la respuesta aprendida.

La exposición regular a rutinas exigentes y la consolidación de hábitos sólidos disminuyen la vulnerabilidad ante situaciones de alta presión. El deportista que confía en su preparación física tiende a interpretar los momentos críticos como una extensión de su entrenamiento, lo que reduce el impacto de la ansiedad sobre su desempeño.

El desarrollo de habilidades mentales y de vida

La preparación psicológica permite a los futbolistas gestionar la ansiedad y mantener la claridad en instancias clave del juego (crédito @FCBayernES/X)

El segundo pilar del rendimiento bajo presión reside en las habilidades mentales y de vida. Este grupo incluye la autoeficacia, la iniciativa, la fijación de objetivos, la resolución creativa de problemas, la resiliencia y la toma de decisiones.

Todas estas capacidades contribuyen a crear una base psicológica estable, necesaria para desenvolverse con éxito en contextos de alta exigencia, afirmó Fletcher.

El proceso de incorporación de estas habilidades es gradual y se afianza a través de la experiencia. Los atletas no nacen con ellas, sino que las desarrollan mediante la práctica deliberada, tanto en entrenamientos como en competencias. Una vez automatizadas, liberan recursos mentales que permiten al deportista enfocarse en lo técnico y lo táctico, incluso en los momentos más tensos.

La normalización de la presión en la preparación

Recrear situaciones de máxima exigencia en los entrenamientos ayuda a los jugadores a transformar la presión en parte habitual de su desempeño (Crédito: @afaselección/Instagram)

El tercer factor clave es la exposición repetida a situaciones de alta presión durante la preparación. Entrenar en contextos percibidos como estresantes o decisivos ayuda a que la competencia deje de sentirse como una situación extraordinaria.

Así, el atleta aprende a controlar la ansiedad y a responder de manera más consistente cuando el margen de error es mínimo.

Esta normalización de la presión transforma la percepción de los grandes desafíos, resumió Fletcher. La idea de que “los grandes momentos nacen de grandes oportunidades” se utiliza en el ámbito deportivo para ilustrar cómo, al incorporar la presión como parte habitual del entrenamiento, el deportista se prepara para enfrentar la exigencia con mayor equilibrio y efectividad en el momento decisivo.