El relato a corazón abierto del Lobo Cordone sobre su caso de doping: “Hubo compañeros que fumaron conmigo, pero no les saltó

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Daniel Cordone fue un explosivo extremo surgido en la cantera de Vélez que luego pasó por Racing antes de dar el salto al fútbol europeo para jugar en Newcastle de Inglaterra y volver a Argentinos Juniors y San Lorenzo, donde fue noticia por un caso de doping de marihuana que lo dejó en el foco de la escena en el año 2003. Recibió una suspensión de dos años antes de reinsertarse en el ascenso. En una extensa entrevista, repasó los mejores capítulos de su trayectoria y habló por primera vez en profundidad del consumo de drogas.

“Fue duro, yo sabía que no iba a volver a jugar más en Primera División y eso era lo que más me dolía. Tenía claro que iba a terminar en el ascneso, pero disfrutaba mucho de la Primera y podía haber jugado dos o tres años más. Saber que no tendría más trabajo ahí me bajoneó mucho. Fueron cuatro o cinco años de que todos me vieran como un bicho raro, hasta mi familia, mi mamá, porque el tema no estaba tan incluido en la sociedad. La gente te lo hacía saber, balbuceaba, decía ‘este es el del doping’. Me parecía algo normal, fue un tema muy conocido», rememoró el Lobo, en una nota en el canal de YouTube de Joaco Santos.

Para Cordone hubo un quiebre entre el fútbol de elite debido a su consumo de estupefacientes: “Comprobé que las puertas de Primera estaban cerradas. Vi normal que fuera así porque no hay que cometer esos errores, no están permitidos en Primera. Si los cometés, estás un escalón debajo de los que no lo cometen, no vas de la mano. Jugué al fútbol diez años más, pero nunca me llamaron de Primera. Sentí que era un estúpido, que me había cagado la carrera. Me costó salir y levantarme, pero no era tan viejo y tuve la fuerza de seguir entrenando. Antes del doping había hecho 48 goles y, después del doping, hice 48 más en el ascenso, que fueron igual de importantes que los primeros”.

El Lobo Cordone en un entrenamiento con San Lorenzo en 2002

En una de sus frases más crudas, el hoy entrenador de 51 años reveló: “Yo sabía bien el reglamento y lo que estaba haciendo. Sabía que el día que me agarraran, iba a pasar eso. Hasta jugué con eso. Fue una ruleta y, el día que pasó, pasó. No puedo decir que me fallaron porque hasta había leído el reglamento y, sin embargo, lo hacía. Si existe una pena, hay que bancársela, no es solo pedir disculpas. Hay que pagarla. El reglamento decía que se pagaba con dos años y nunca estuve enojado con eso. Después sí hubo compañeros que lo hicieron y no les saltó, pero ahí no me voy a meter”. Sobre ese tema, se limitó: “He fumado con un par de compañeros que no les ha pasado, siempre me callé y me voy a seguir callando. Acá se corta. Al jugador libre, que no es de nadie, le tiran dos años (de suspensión) por la cabeza. Si sos de un equipo, te avisan ‘che, vendelo que este ya está’. Eso pasó un par de veces, pero bueno, es mi palabra nomás”.

Después de afrontar esa pena cuando jugaba en San Lorenzo, rescindió su vínculo y estuvo dos años sin cobrar hasta que firmó en Argentino de Merlo en 2006: “Separé plata para vivir un par de meses hasta que saliera algo. No llegó a durar 24 meses, pero tuve plata para estar tranquilo. La gente decía que me iba a morir de hambre, pero yo tenía esa tranquilidad”. Además, Cordone contó que le perdonó una deuda al Ciclón por su caso de doping y también “donó” dinero a Argentinos Juniors por el descenso: “No me daba la cara para ir a cobrarla”.

La herida cicatrizó con el correr de los años. “Todos pensaban que era algo muy malo, pero con el paso del tiempo, fue un tema que se habló en todos lados y se hizo más común. La gente dejó de decir que el que fumaba era un super drogadicto, un chorro y asesino. Hoy en día camino tranquilo, la misma señora que antes me miraba como un falopero, hoy me dice ‘Lobito’. Antes me veían así y no reniego, era normal. Hoy pude revertir esa imagen que tenían de mí. Y mi carrera en el ascenso fue buenísima, jugué en el pasto y en el potrero. A pesar de la cagada que me mandé, terminé súper contento”, concluyó.

SU ANÉCDOTA CON DIEGO ARMANDO MARADONA

“Lo conocí en la inauguración de una canchita a la que me invitaron. Éramos muchos, pero se tomó sus 30 segundos para charlar conmigo. Yo me estaba bañando y le dejé mi ducha, mirá si lo iba a hacer esperar a Diego. Le regalé la camiseta de Merlo. Me dijo que si yo hubiera estado diez años antes en el fútbol, hubiera peleado con él, Cantoná y Stoichkov. No estaba nervioso porque parecía que me lo estaba diciendo un amigo. Aunque no lo era, te hacía sentir así. Cuando me iba, me preguntó si me quedaba, pero yo ya estaba cumplido. Me había firmado un tatuaje en la pierna y ya lo había conocido, no quería más. No quise seguirla porque ya sabía que iba a seguir ese tercer tiempo. Al otro día me tenía que presentar a entrenar en Merlo y yo venía del doping, quería hacer las cosas bien. Después me mostraron fotos y la siguieron como dos días, ja. Menos mal que no fui”.